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Nuevos activistas

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(18 de febrero, 2014).- El pasado miércoles 12 de febrero tres personas perdieron la vida por impactos de bala en una manifestación estudiantil llevada a cabo en Caracas, Venezuela. Como resultado de estos acontecimientos el país sudamericano ha vivido un clima de violencia creciente que ha puesto en riesgo la estabilidad política de esta nación. Dos versiones han salido a la luz sobre las causas que explicarían lo sucedido aquel 12 de febrero, así como los hechos subsecuentes; sin embargo, sólo una de ellas ha dado la vuelta al mundo en los principales medios de comunicación.

Por un lado, se acusa al gobierno de Nicolás Maduro de ordenar una serie de acciones represivas, las cuales culminarían con los tres decesos mencionados, además se le responsabiliza de violar sistemáticamente la libertad de expresión y el derecho a manifestarse de los jóvenes venezolanos. La contracara de esta versión le adjudica lo ocurrido a la extrema derecha, al tiempo que la considera culpable de infiltrar grupos de choque para generar caos y desestabilizar a Venezuela con el fin de cortar de tajo el proceso revolucionario iniciado por el ex-presidente Hugo Chávez.

Mientras que la primera narrativa ha sido retomada y difundida por la mayoría de los medios de alcance internacional, la segunda ha sido minimizada y, más sintomático aún, ridiculizada por aquellos que se asumen como dueños de la opinión publica. Independientemente de la evaluación sobre la compleja situación vivida en Venezuela, este último punto evidencia que, por encima de su obligación informativa, las empresas de comunicación han tomado partido en este conflicto.

Como cabría esperar, el sistema de medios dominantes en México no ha sido la excepción.  El pasado viernes 14 de febrero el periódico La Razón, amaneció con el siguiente titular: “Maduro se tambalea: hay un compló”, en el que se ridiculizaban las acusaciones del gobierno venezolano; a su vez, el lector de noticias estelar de Televisa, Joaquín López Dóriga, adjetivaba como “represivo” al gobierno de Nicolás Maduro y comparaba la situación de Caracas con lo sucedido en la plaza Tahrir en Egipto.

Producto del efecto domino desatado por López Dóriga, los días subsiguientes vieron nacer una pléyade de nuevos y comprometidos activistas sociales, los cuales salieron a la luz pública para defender los derechos del estudiantado venezolano. Entre sus combativos nombres se encuentran los siguientes: Marco Antonio Regil, Lucero y Paulina Rubio.

El activismo selectivo de estas “figuras” da de qué pensar. Tan sólo de 2012 a 2014, estudiantes mexicanos han denunciado en más de tres ocasiones actos de represión y tortura, detenciones arbitrarias e incluso el asesinato de un activista durante la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, sin que estos improvisados defensores de los derechos humanos emitieran sentencia alguna.

El repentino impulso por la protesta social por parte de las estrellas de de Televisa se explica cuando se comprende que este medio es aliado de Radio Caracas Televisión (RCTV), empresa que participó directamente en el intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002 y a la que no se le renovó la concesión en 2006 por no ajustarle a la legislación venezolana.Además de su cuestionable papel como medio de comunicación, Radio Caracas Televisión juega un rol político innegable para la oposición del país sudamericano.

Estos vínculos comerciales podrían explicar por qué la televisora más grande de México parece cumplir las funciones de una vocería al servicio del oposición venezolana en lugar de brindar un ejercicio periodístico equilibrado, pero también ayuda a entender la reciente incursión en el mundo del activismo por parte de las estrellas de Televisa.

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