De la guerra contra el narco al elogioso discurso del Ejecutivo Federal

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Érika Paz / @paz_eri

(3 de marzo, 2014).- Pese a que en los medios internacionales y nacionales actualmente los temas del narcotráfico y del crimen organizado (despojos, secuestros, trata, extorsiones, migración) han sido desplazados por el elogioso discurso de las acciones emprendidas por el Ejecutivo Federal con respecto a las reformas estructurales, éstos continúan siendo el caldo de cultivo de una de las mayores problemáticas que enfrenta México.

Si en el sexenio de Felipe Calderón, la delincuencia organizada era el tema central para los medios, mismo que provocó un clima de desconfianza en y hacia el país, hoy las empresas periodísticas -especialmente las estadounidenses- dibujan a México como el país de las oportunidades a partir de la apertura del sector energético a la inversión privada, consideró Guadalupe Correa-Cabrera, de la Universidad de Texas-Brownsville, una de las coautoras del libro “A war that can´t be won. Binational perspectivas on the war on drugs”.

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Con la excusa de la presentación de este texto, especialistas ofrecieron sus opiniones con respecto a  la delincuencia organizada. Raúl Benítez Manaut, investigador del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN-UNAM), argumentó que paradójicamente “la guerra contra las drogas en México tiene muchas ventajas, la principal es que es el país donde su consumo es el más bajo en le mundo”. Además, precisó que “el consumo de drogas no está arraigado en el consumo de los mexicanos”.

En Estado Unidos alrededor del 12.8% de la población, consume cocaína (entre 7 y 9 millones de personas). “En Canadá el 2.3 por ciento y en México el 0.4%, lo que es muy fácil de explicar, dado que la cocaína es un producto muy caro y la mayoría de los mexicanos no tienen acceso a ella”, continuó Raúl Benítez.

En el caso de la mariguana, “en EU se consume por el 12.6% de la población, eso explica por qué se intenta legalizar. En Canadá 16.8%, y en México la consume en 1.3% de los mexicanos”, pero aclaró que estas cifras pueden ser sesgadas, porque los datos son obtenidos a través de encuestas y la gente no en nuestro país no suele responder certeramente, a causa de la desconfianza en sus instituciones y en las casas encuestadoras, “en este caso la Secretaría de Salud”.

Benítez Manaut hizo énfasis en que “en México no tenemos las instituciones policíacas”, que puedan revertir y atacar el problema efectivamente. A lo que se suma que las ganancias monetarias del crimen organizado obtienen también a partir de “otros crímenes y con un sistema judicial como el que tenemos en este país, el narcotráfico, como hemos visto se ha ido transformando en gran escala hasta obtener recursos de la población.

“Esta guerra se traslada en contra de la población y la seguridad pública no tiene la eficacia para prever los desplazamientos de los grupos criminales del narcotráfico a las actividades, no sólo del narco, sino de los que siguen: el secuestro, la extorsión, la trata y la apropiación de territorios. El Estado mexicano y sus distintas ramificaciones a nivel federal, no están preparados para hacer esta guerra”, indicó.

En el 2013, la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes se incrementó de 9 a 20 y, pese a que “el objetivo específico es bajarla, ¿cómo lograrlo? si está lanzando al mundo criminal a la población”, por lo que en el país se “observa” un fenómeno que en muy pocos países se ha dado y es el que se la gente “por sí misma la que tome las riendas contra el crimen organizado, es el caso Michoacán . Estamos observando una cosa rarísima y es que el pueblo organizado es mucho más rápido para actuar, que el Estado”.

Tony Payan de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez dijo que el libro, presentado en el CISAN, trató de conjuntar una perspectiva binacional pero desde diferentes miradas, como “lo legal, el tema de seguridad, el tema de los migrantes, la perspectiva de la frontera, la respuesta que ha tenido México con respecto al crimen organizado”, desde diferentes regiones del país y de Estados Unidos.

Resaltó que el tema de la corrupción pese a ser un aspecto conocido en México, en Estados Unidos “no es tocado de manera abierta, pero cada vez hay mas reconocimiento de que las drogas llegan a Estados Unidos, a pesar de ser una frontera cada vez más militarizada, cada vez más controlada, cada vez más cerrada, la droga llega y sigue pasando. Los migrantes no pasan, pero las drogas sí”, una interrogante que no se desarrolla en el libro pero “me parece muy importante, me parece que hay mucha más corrupción de la que nosotros hemos podido detectar”, sin embargo, es un capítulo que queda pendiente, para investigaciones subsecuentes.

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