Erick Ampersand / @AmpersandLitera
(05 de marzo, 2014).- Siempre soy el último en entender de qué trató la película. A menudo llego tarde a las interpretaciones.
Me siento desplazado de los aplausos y rechiflas que pudieran acompañar a los créditos, así como de la serie de bufidos y entusiasmos escuchados entre filas y al azar.
No acostumbro sumarme a los comentarios de pasillo, ni soy bueno haciendo críticas fast-track.
Principalmente porque para mí el cine se conecta con la vida toda y me resulta inevitable enlazar lo que he visto con lo que hasta ese momento he vivido.
El cine es para mí —por extraño que parezca— una ejercicio ético. Cuando los demás ya están riendo, yo aún sigo recordando.
Esto volvió a pasarme con “300: el nacimiento de un Imperio” cinta que se estrenará en México este viernes 7 de marzo.
¿Hay algo que un mexicano informado pueda descubrir a través ella? Quizá sí, pero tendría que explorar muy en el fondo y hacerse el ciego de vez en cuando.
Tendría que ver con asombro lo que más aparece en la cinta, la sangre que no para de brotar en ese maquinal acto de matar por matar, de asesinar para entretener al espectador que gracias al avanzado desarrollo de la tercera dimensión y la simulación digital puede observarlo todo como si fuera un asesino serial en cámara lenta.
Al mismo tiempo, tendría que hacerse el ciego ante escenas similares ocurridas en nuestro país, olvidar de pronto a todas las muertas de Juárez, a los 72 migrantes lacerados en Tamaulipas, a los civiles asesinados por militares en Antúnez, Michoacán, y también omitir los 20 cuerpos de niños y adultos encontrados en San Miguel Totolpan, Guerrero, hace unas semanas.
Para disfrutar de la película como Hollywood manda, usted debería pensar que los únicos 300 que existen son los de Esparta y no los de Allende, Coahuila.
Curiosa tecnología la nuestra que nos permite contemplar en pantalla IMAX y en tercera dimensión la forma en que ve el mundo un homicida durante las guerras médicas, o una mujer en el espacio exterior desprovisto de gravedad y, sin embargo, aún no nos ha mostrado con la misma fidelidad cómo mira el mundo un pobre en nuestros días, o la visión desde un infante desnutrido en esta, nuestra Tierra.
“300: el nacimiento de un imperio” (300: Rise of an empire) se llamó en un primer momento “Batalla de Artemisia” y luego, en 2011, se cambió por “Xerxes” hasta quedar con el título actual. Su director, Noam Murro, tomó el puesto luego de que Zack Snyder —director de la primera cinta, “300” EE.UU., 2006— se viera impedido por tener otros proyectos simultáneos. Sin embargo, Snyder colabora en la cinta como guionista junto a Kurt Johnstad. Ambos trabajaron sobre la novela original, “Xerxes”, escrita por Frank Miller (Maryland, EE. UU., 1957).
La historia gira alrededor de una serie de batallas ambientadas en el año 480 a.C en las costas del Golfo Samónico. Combaten, por un lado, las tropas de distintas polis griegas organizadas por Temístocles (Sullivan Stapleton), mientras que por el otro aparecen los persas a las ordenes de Artemisia (Eva Green) y su aliado, el dios-rey Jerjes [así aparece en los subtítulos] interpretado de nueva cuenta por Rodrigo Santoro. La historia transcurre de manera paralela a la primera película, aunque en esta ocasión, como es de suponer, los espartanos no tienen el mismo protagonismo.
A partir de las actuaciones de los personajes mencionados, en primer lugar de importancia colocaría a Green, seguida de Santoro y finalizando con Stapleton. Este último se pasa el 90% de la película con la misma expresión en la cara: ojos expandidos, cejas arqueadas, frente fruncida y un gesto generalizado que pareciera decir ante la cámara: “WTF?”, no importando si la situación es un encuentro sexual o la gran guerra en alta mar.
Desde mi perspectiva esta obra puede ser leída como un ejemplo de pro-eugenesia, ya que en todos los villanos se cumple alguna de estas dos características: 1) deformaciones en la forma del cuerpo, 2) mezcla en los roles de género socialmente condicionados.
Pienso en el jorobado delator que traiciona a los espartanos en la primera cinta y que en esta vuelve a aparecer, pero también en la Artemisia que atrae la mirada de tantos hombres por su figura, y que, al mismo tiempo despliega actitudes que muchos otros guerreros desearían tener el valor para ejecutar. Por su parte, el personaje Jerjes reúne ambos elementos: su cuerpo tonificado contrasta con las cejas delineadas y las argollas artificiales que cuelgan de su rostro. Al relatar su origen, la voz narrativa en la película subraya que nació desnudo, sin cabello alguno sobre la piel, caso contrario al de los guerreros griegos y espartanos que dejan sueltas sus melenas y barbas.
En el aspecto de los cuerpos, esta película parece pensada para agradar a todos los públicos de pupila pasiva: quienes quieran ver cuerpos atléticos, masculinos y femeninos, lampiños y peludos, no perderán la oportunidad del ser voyeuristas de butaca. Cosa curiosa es que se muestren senos femeninos sin pudor alguno pero se omitan los miembros masculinos.
En ese mismo tenor, vemos la imagen de una mujer violada de manera anal mientras a su esposo lo asesinan con una espada. Todo esto frente a los ojos de su hija que llora. Esa niña, lacerada por esta y otras experiencias se convertirá en una asesina serial, porque está claro que en la ideología de “300”, sólo hay una forma segura de sanar el dolor: causando más dolor a otros. Sin embargo, nunca vemos a esos niños cuyo destino fue destrozado por el odio de ella. La segunda escena erótica entre un hombre y una mujer tendrá, de nueva cuenta, sexo anal y el placer femenino como un trasunto de la violación consensuada.
Puede que a la gente en México todo esto le parezca normal. “Se ven cosas peores en los noticiarios” —dirían y creo que no estarían faltando a la verdad. Incluso habrá padres que lleven a sus hijos a ver esta película y les taparán los ojos en las escenas de sexo pero no en las de masacre o asesinatos (hacer eso sería como censurarles el 85% de la película).
Veo esta cinta como una reproducción de muy alto presupuesto de publicaciones como “El Gráfico”, “El Metro” o “El Alarma”. En todas ellas encuentro la misma fórmula combinada: Eros y Thánatos, vida y muerte, reproducción y retiro, sangre y semen.
Considero llamativo que en un momento como el nuestro, en donde las comparaciones entre la vida griega antes de la caída del Imperio y la vida estadounidense actual, se invierta tanto dinero en mostrar una historia en donde se vislumbra el punto opuesto, el del ascenso helénico, el de la democracia incipiente como máxima aspiración social.
Subrayo que en nuestra época ya no se recurre tanto a los súper héroes solitarios, como sí lo hacía la sociedad del capitalismo nacionalista de la segunda posguerra (Capitán América, Superman). El periodo actual del capitalismo corporativista parece ajustar las admiraciones a los equipos, a los grupos cuyas capacidades se complementan (Avengers, Liga de la Justicia), y en el caso de los bandos liderados por personalidades carismáticas como las de ambas películas “300”, parecen seguir esta tendencia.
Como en casi todas las cintas de guerra y de combate, los fallecimientos se suceden uno tras de otro sin un sentido claro. ¿Cómo no pensar en “Un mundo feliz” de A. Huxley y la forma en que se “enseñaba” a los niños a no entristecerse por la muerte? Nuestra sociedad está utilizando cada vez más al deceso como un recurso para el entretenimiento. Hoy el circo es la carencia de pan, el hambre que invita a matar para no morir: el espectáculo que sólo los más acaudalados pueden evadir.
Son tan rápidas las muertes, tan anónimas sus víctimas que nos olvidamos de pensar lo que todo ello representa en la realidad. En el México de nuestros días, la estrategia no es distinta, se intenta hacer anónimos a todos los cuerpos, de deslegitimarlos, de quitarles su historia de vida y su dignidad personal, de lanzarlos a fosa común de las cifras. Hay mucho de inhumano en presenciar tantas muertes en el cine como si sólo fueran una ficción, cuando a escasos kilómetros de donde estamos, ocurren casos similares o peores todos los días.
¿Después de una semana de promoción, cuáles “300” serán más conocidos por la gente, los de Esparta, o los de Coahuila?
erick.ampersand@gmail.com
Ficha técnica:
“300: El origen de un imperio” Título original: “300: Rise of an empire” AKA: “300: Battle of Artemisia” Dirección: Noam Murro. País: EE. UU. Año: 2014. Género: Acción. Reparto: Sullivan Stapleton (Temístocles), Eva Green (Artemisia), Lena Headey (reina Gorgo), Rodrigo Santoro (Jerjes), Andrew Pleavin (Daxos), David Wenham (Dilios), Hans Matheson (Esquilo), Jack O’Connell (Calisto). Guion: Kurt Johnstad y Zack Snyder; basado en la novela gráfica “Xerxes”, de Frank Miller. Producción: Mark Canton, Bernie Goldmann, Deborah Snyder, Gianni Nunnari, Zack Snyder y Thomas Tull. Música: Junkie XL. Fotografía: Simon Duggan. Montaje: Wyatt Smith y David Brenner. Diseño de producción: Patrick Tatopoulos. Vestuario: Alexandra Byrne. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España. Estreno en México: 7 Marzo 2014.


