(20 de marzo, 2014).- El 14 de diciembre de 2012 se produjo la masacre de Sandy Hook: un joven de 20 años entró a una escuela primaria del poblado de Newtown, Connecticut, y asesinó a 20 niños y 6 maestras. Antes de llegar a la primaria Sandy Hook, el joven Adam Lanza había asesinado a su madre en su casa. En cuanto la policía llegó al lugar de la masacre, Adam se suicidó.
Tan pronto se conoció la noticia, las redes sociales estallaron. Miles de personas reproducían “información” sobre lo sucedido, creando una espiral de confusión en la que los medios de comunicación se basaban en lo que decían las redes sociales y las redes sociales en lo que decían los medios de comunicación. De inmediato se propagaron versiones que serían desmentidas con el paso de las horas.
Una confusión realmente grave fue la identidad del asesino: medios de comunicación tan importantes como CNN difundieron la versión de que se trató de Ryan Lanza, hermano de Adam. Sorprendido por la noticia, Ryan tuvo que defenderse personalmente… por la misma vía: en Facebook escribió “Estoy en el autobús camino a casa por lo tanto no fui yo” y después “NO FUI YO YO ESTABA EN EL TRABAJO NO FUI YO”.
También se difundió que la madre de Adam y Ryan se encontraba dando clases en Sandy Hook en el momento de la masacre, por lo que el móvil de todo habría sido una venganza familiar. Pero luego se supo que Nancy Lanza ya había muerto cuando inició el tiroteo. Finalmente, las autoridades educativas informaron que ella no era maestra. Versiones que cambian en cuestión de minutos.
Luego la situación dio un giro. De información imprecisa viralizada por internautas conmocionados se pasó a una verdadera orgía conspiranoica. Todavía hoy, más de un año después de la tragedia, si googleamos “Sandy Hook massacre” los resultados de la búsqueda remiten abrumadoramente a páginas que divulgan los asertos de los teóricos de la conspiración, pese a que éstos carecen notoriamente de sustento.
Pero no sólo ciudadanos que padecen histeria colectiva a causa de un evento traumático y conspiranoicos, que prefieren culpar a “poderosas y oscuras fuerzas que escapan a nuestro control” antes que analizar las duras realidades sociales, son responsables por la difusión de información falsa en internet.
No es que los medios de comunicación tradicionales –pienso, ante todo, en medios impresos– fueran infalibles. Dejando de lado la mentira deliberada en que los medios puedan llegar a incurrir en aras de sus intereses corporativos, cualquiera puede cometer el error de difundir información falsa creyendo sinceramente que es cierta. No siempre se puede corroborar lo que dice una fuente.
Un ejemplo vergonzoso de la falibilidad de los medios impresos lo ofreció el diario español El País a principios del año pasado. A quienes siempre hemos sido entusiastas de la prensa escrita, seguramente nos impactó aquella escena de Spider-Man 3 en que J.J. Jameson estalla en un arrebato de furia cuando se denuncia una fotografía fraudulenta que publicó en su afán por desprestigiar a Spider-Man: “¡No he publicado una retractación en 20 años!”, clama el furibundo director del Daily Bugle.
Llevado por un odio quizá mayor del que J.J. Jameson siente hacia Spider-Man, El País publicó una foto donde supuestamente se veía al presidente venezolano Hugo Chávez entubado en una cama de hospital. La foto fue inmediatamente denunciada por el gobierno de Venezuela como una falsificación y pronto se supo la verdad: un fotógrafo la había tomado de un video de YouTube y la había mandado al diario español para ver si caía en la trampa, cosa que ya había hecho antes con otras fotos y otros medios. El País cayó y, por supuesto, tuvo que publicar una retractación.
La diferencia crucial estriba en que antes del internet transcurría cierto tiempo entre el momento en que un medio recibía un reporte y el momento en que lo publicaba. Incluso en la televisión y la radio, la programación preestablecida impone un tiempo de espera entre la recepción y la difusión de la información. Pero en internet no hay tal periodo de análisis: las redes sociales hacen que una noticia llegue a millones de personas en cuestión de segundos.
La difusión de falsos rumores en las redes sociales puede ir desde la “inocente” variedad de bromas de mal gusto –si googleamos “falsos rumores twitter”, nos encontraremos con una cascada de desmentidos sobre la muerte de famosos, con Justin Bieber encabezando la lista– hasta campañas mediáticas bien orquestadas con objetivos políticos.
Una forma de información falsa que se encuentra a medio camino entre las anteriores es el rumor que se viraliza con fines de marketing. El año pasado vimos un ejemplo memorable: un hombre fue expulsado de Arabia Saudita por ser “demasiado guapo”. Según se decía, las autoridades de esta nación regida por una variante especialmente estricta y conservadora del Islam habrían ordenado la expulsión de este hombre porque con su irresistible atractivo alborotaba las mentes de las mujeres.
Dado lo conservador que es el régimen saudita, de alguna manera el rumor pareció creíble y fue retomado por incontables medios de comunicación. Al final todo resultó ser una estrategia del hombre supuestamente expulsado, quien es un modelo profesional, para ganar notoriedad y con ello impulsar su carrera. Lo logró.
Otro caso que implicó a una nación musulmana en un escándalo por sus prácticas violatorias de derechos humanos fue el de Amina Tyler, activista de la red feminista Femen. Sólo que aquí se trató de una desinformación de consecuencias mucho más graves, pues llevó a que asociaciones feministas pidieran incluso una intervención militar.
Amina Tyler saltó a la fama en febrero de 2013, cuando subió a la red fotos donde aparece desnuda de la cintura para arriba y muestra en su cuerpo los mensajes “A la mierda la moral” y “Mi cuerpo me pertenece y no representa el honor de nadie”. Tras la difusión de estas fotos, un clérigo salafista emitió una fatwa –condena religiosa sin validez jurídica en Túnez– pidiendo que la activista fuera lapidada hasta morir.
La red feminista Femen reaccionó como si la fatwa fuera una condena oficial e inició una campaña para exigir que el gobierno tunecino frenara la ejecución de Amina, acarreando la condena de la opinión pública mundial sobre Túnez y generando una ola más de odio antimusulmán.
Finalmente, se aclaró que Amina nunca estuvo en riesgo de morir y que ni siquiera había sido arrestada u hostigada por las autoridades, pero Femen nunca se disculpó por el daño causado a la imagen del país norafricano. Amina tampoco aclaró su situación real cuando Femen la convirtió en una mártir del feminismo a ojos del mundo, dañando con su mentira la lucha contra la violencia que sufren las mujeres.
Aunque todavía es mucha la facilidad con que se toman como reales este tipo de falsos rumores, también crece la conciencia sobre la necesidad de verificar cualquier información encontrada en internet, sobre todo cuando se trata de noticias de alto impacto que se viralizan en minutos. Los mismos medios de comunicación, que pueden caer en este tipo de trampas, previenen ya a sus usuarios y les ayudan a evitar confusiones y malentendidos.
Por ejemplo, el diario español ABC publicó la guía “Cómo detectar una noticia falsa en internet”, en la cual se brindan consejos prácticos para distinguir la información verdadera de los rumores. Sobre las fotografías dudosas que suelen aparecer en las redes, la guía nos aconseja “Entra en Google Imágenes y busca la fotografía sospechosa por URL. Si ves la misma foto que dicen fue tomada ayer pero publicada en otra información de hace años, no sigas investigando: ya estamos ante un fake”.
Mediante esta técnica fue desenmascarada la campaña sucia contra el gobierno de Venezuela que tuvo lugar hace unas semanas, cuando miembros de la oposición –o personas que ni siquiera residían en Venezuela– comenzaron a divulgar fotografías donde se mostraban escenas de brutalidad policíaca o se magnificaban las dimensiones de la protesta. Al pasarlas por el filtro de una simple búsqueda en Google, resultó que las fotografías llevaban años circulando y que ¡ni siquiera fueron tomadas en Venezuela!
Además de seguir los consejos de ABC –y del sentido común–, pronto podría estar a disposición de los interesados en mantener internet como una fuente de información confiable una sofisticada herramienta para la detección de información falsa: cinco universidades europeas se encuentran desarrollando un sistema para identificar al instante si la información es precisa y si tiene fundamento o no.
La instantaneidad de internet es y seguirá siendo un arma de doble filo, pero las reglas del juego no han cambiado: al igual que quien sólo se informa viendo la televisión tiene una visión sesgada de la realidad, quien no verifica lo que encuentra en la red corre el riesgo de caer en una mentira divulgada con buenas o malas intenciones. La verificación y la consulta de múltiples fuentes siguen siendo la mejor garantía para el ciudadano que desea comprender lo que pasa a su alrededor.


