Pablo Hernández / @monobailasolo
¿Qué relación tiene la música folklórica eslava con Japón?
El vínculo lo realiza el escritor japonés Haruki Murakami, cuya novela 1Q84 (2011) utiliza como soundtrack la Sinfonietta del compositor checo Leos Janácek (1854-1928).
La radio del taxi retransmitía un programa de música clásica por FM. Sonaba la Sinfonietta de Janácek. En medio de un atasco, no podía decirse que fuera lo más apropiado para escuchar…
La Sinfonietta nació a raíz de una petición del Festival Gimnástico Sokol, para lo que Janácek escribió la Fanfarria Sokol, que después se convertiría en el primer movimiento de la pequeña sinfonía, dedicada a las fuerzas armadas checoslovacas que recientemente habían logrado la independencia del dominio alemán.
¿Y qué demonios hace una composición militar-nacionalista en una novela donde el protagonista es un asesino?
Posiblemente, en el universo alternativo creado por Murakami, Tokyo con dos lunas, una obra que incluye doce trompetas en su orquestación era la mejor opción. Pero hay más, primero propongo el ejercicio de leer la primera parte de la novela, escuchando la Sinfonietta, inmediatamente se hará la conexión con lo majestuoso de la pieza, que curiosamente describe de manera musical al personaje principal.
La Sinfonietta maneja una interesante ambivalencia, pues la primera impresión que da es la de enorme vivacidad y entusiasmo, pero esa euforia va acompañada de cierta ingenuidad. Esta ambivalencia es resultado de lo que Janácek vivía en aquél entonces.
El autor tenía 72 años y estaba totalmente enamorado de la joven Kamila Stösslová, 35 años menor que él. Esto lo llenó de una vitalidad que se vio reflejada en sus últimos trabajos, los más importantes de su carrera, y en su mayoría dedicados a su joven enamorada. Pero ingenuo de la desdicha, Janácek nunca fue correspondido durante todo el tiempo que se dedicó a Kamila, que estaba casada y con hijos.
Fue esta ambivalencia la que, inclusive, lo llevó a la muerte. En julio de 1928, el compositor invitó a Kamila e hijos a su casa de campo. En el bosque contiguo, uno de los niños se perdió, Janácek confiado de esta vitalidad que le daba su enamoramiento, salió decidido a buscarlo, el resultado fue que contrajo un resfriado que después se convertiría en neumonía y le quitaría la vida. El niño regresó por su propio pie al poco tiempo.
La ambivalencia que tiene la partitura y los últimos años de vida de Janácek también están presente en 1Q84. Haruki Murakami declaró que escuchó una y otra vez la composición mientras escribía la novela. Una obra musical fuera de lo común, para una escritura fuera de lo común.


