Andrés Piña / @AndresLP2
(21 de marzo, 2014).- Déjeme le cuento que un músico llamado Silvio, nació allá por San Antonio de los Baños ya entrado el mes de noviembre, era el 46 y la provincia de la Habana lo miraba de lejos con sus ojos llenos de bohíos marrón, casi del mismo color que los de las muchachas que se pasean por las tardes en la plaza. Pero ¡momento! que no empecé como quería, empecé un poco como historiador y los poemas se cantan. Por eso es preciso decir que Silvio siempre ha sido un coronel, pintado con todos los colores del Caribe. En él podemos encontrar el crujir de las hojas de palma cuando se caen al piso, de tan verdes que están. Y si miramos detenidamente, escuchamos el lejano suspiro del Golfo, que convertido en el viento que sopla mueve las entrañas de la isla y se cuela por las montañas, soplando como gigante que no se sabe gigante y sigue soplando, mientras levanta al enorme coronel que es Silvio; se sabe que los papalotes viajan juntos pintando de colores la tierra, esa tierra que ve ir a un niño de su casa a la Milagrosa para tomar lecciones de piano, lecciones que nunca olvidó.
La Radio suena pero también se oye, parece lo mismo pero no lo es. Otro músico llamado Silvio escucha atento a través de Radio Cramer a Elvis y a los Platters, quiere una guitarra pero la quiere para cantar boleros como los tríos mexicanos. Mientras tanto Vicentico Valdés suena en el fondo, a manera de inspiración que enseña. Ahora cantemos a otro ritmo, las cosas no sucedieron en ese orden, nada es lineal ni recto todo se curva, el espacio es como la barriga de la corriente azul, se dobla, empieza y termina donde nadan los peces de color morado. Por eso tenemos que empezar en el “Centro de la Canción de Protesta”, donde Silvio tiene el papel de miembro fundador, es Febrero del 68 y todas las cosas quieren ser y no ser al mismo tiempo, todos movilizados bajo una sola mirada verde cardamomo.
En las tardes con olor a guayaba y mango o más bien en las tardes amarillas, Haydée Santamaría conversa con un músico llamado Silvio, hablan sobre las tradiciones de las Villas, sobre el frío de la Sierra Maestra y sobre el hermano de Haydée. Silvio entonces escucha atentamente la historia de un guerrillero llamado Abel Santamaría. Le interesa pues es un héroe, pero a la vez un muchacho, un muchacho con libros en la mano, clases y sueños. “La Canción del Elegido” es la manera que el trovador encuentra para homenajear a ese joven de mirada profunda.
La música tiene sus maneras y sus formas, Leo Brouwer le enseña a otro músico de nombre Silvio los suaves cambios de guitarra en el ICAIC, hay que comer yuca en dodecafonismos y seriales abiertas, aquí los elementos musicales pueden ser una polifonía de revoluciones enardecidas, un pájaro loco que escupe notas compuestas de bananas y papayas en términos minimalistas. Es bien sabido que discos como “Días y Flores” no escapan de la mano de Brouwer, que está presente en cada cuerda que suena, no hay algo fijo ni podemos deducir nada. Solamente intuimos sonidos que se convierten en melodías.
Pero “El Caimán Barbudo” ha hablado, un músico llamado Silvio trabaja como caricaturista, pues la historia no es lo que parece, eso ya lo sabemos y es justamente allí donde comienza su amor por cantar. Y cantando va de este instante al momento en que llega a Chile, es el 72 y la Unidad Popular ruge desde el corazón andino, este viaje después inspirara la famosa canción “Santiago de Chile” que se encuentra en “Al final de este viaje”, pero no es el final puesto que el arte no se termina. Frank Sánchez conoce esta sentencia, por eso plasma algo de su esencia en la primera producción discográfica de otro músico llamado Silvio. “Días y Flores” es la manera de proyectar el profundo sentir de un músico honesto, no hay falsas alabanzas. Silvio lo sabe y por eso sigue volando como el coronel que es, aquí no hay publicidad barata solo papalotes gigantes. Desde Nicaragua pasando por Angola y viajando a paso veloz de Varadero a Manzanillo, lugar donde oficialmente inicia la Nueva Trova Cubana.
Un músico llamado Silvio juega a los juegos de las nuevas notas, el Grupo de Experimentación Sonora da cuenta de ello, un sonidito aquí un sonidito allá y nos acercamos al jazz. Pero lamentablemente ha llegado el instante de regresar a donde nos habíamos quedado, antes de Silvio y una orquesta de cuerdas o de Silvio cantando con Isabel Parra. Poco después de un unicornio, casi entre un beso y otro. Justo donde un hombre llamado Silvio y de apellido Rodríguez se asoma por Santiago de Chile, es el 90 y la necedad es como el color gris del mono. Es el 90 y Silvio Rodríguez comienza diciendo: “Te molesta mi amor.”


