Ivonne Acuña Murillo / @Revolucion3_0
(22 de marzo, 2014).- Se puede afirmar que el valor de un héroe aumenta con la muerte y si ésta es violenta y ocurre durante los años de juventud qué mejor; más aún, el asesinato magnifica el tamaño del personaje en cuestión y asegura la inmortalidad. Eso de morirse de viejo o de una fea enfermedad no añade ningún glamour a los héroes.
Pero no siempre el proceso se da en ese orden, se puede morir primero y convertirse en héroe después. Sin embargo, sin importar el orden de los hechos, la heroicidad no depende del personaje en cuestión ni de sus acciones, pensamientos, buenas intenciones o legado, sino de la utilidad que representa para aquellos que de alguna u otra forma dan sentido a los hechos que rodean al sujeto en cuestión o se adueñan de lo que simbólicamente representa o puede representar.
Es el caso de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la presidencia de la República, asesinado el 23 de marzo de 1994. Varias son las hipótesis construidas en torno a este magnicidio, la más socorrida es la del asesino solitario, Mario Aburto Martínez, hombre de 24 años quien se supone disparó en contra del candidato en un evento de campaña en Lomas Taurinas, en Tijuana, Baja California, primero en la cabeza con una trayectoria de derecha a izquierda y después en el abdomen de izquierda a derecha, con dos armas diferentes como lo avala la existencia de dos heridas causadas por balas de distinto calibre. No se preocupe quien esto lee si la historia suena increíble, un oportuno giro de Luis Donaldo al caer resolvió el problema de lógica que tal hecho conlleva.
Otras hipótesis apuntan a un complot http://www.youtube.com/watch?v=PYWpM6lH49Q en su contra orquestado desde las más altas esferas del poder político, se ha involucrado incluso al Estado Mayor Presidencial y, por supuesto al ex presidente Carlos Salinas de Gortari http://mexico.cnn.com/nacional/2011/03/23/la-teoria-del-complot , un boicot del PRI o un ajuste de cuentas por parte de grupos del crimen organizado. http://goo.gl/FLhTP5
Dada la falta de claridad en torno al asesinato del candidato priísta las hipótesis se multiplican y difícilmente la verdad será conocida más allá de un pequeño círculo de personas, por lo que agregar una reflexión más en ese sentido es trabajo inútil. Menos ocioso es analizar la utilidad que dicha muerte puede generar.
Como se dijo arriba no se piensa sólo en la muerte como un hecho inevitable, sino en la muerte violenta ligada a un cierto tipo de heroicidad. En el caso de Colosio, su heroicidad fue construida a partir de dos hechos; primero, el discurso que pronunció el 6 de marzo de 1994 http://www.youtube.com/watch?v=ZVWiMjErc-o , en el Monumento a la Revolución, y en cual reconoce la labor de su partido en la construcción de las instituciones, al mismo tiempo que admite la concentración de poder, corrupción e impunidad dentro del mismo y la deuda de los gobiernos anteriores -incluido el de Carlos Salinas de Gortari- con diversos sectores sociales; segundo, su propia muerte, siendo candidato del PRI a la presidencia de la República.
En el imaginario colectivo, el discurso del 6 de marzo supuso una ruptura clara con el gobierno de quien lo eligió y fue la causa directa de su muerte, única manera de evitar que su llegada a la presidencia cambiara el rumbo del país y lo alejara de la ruta trazada por el presidente que lo postuló y sus intenciones de convertirse en el poder detrás del trono, emulando a Plutarco Elías Calles y el conocido periodo del “Maximato”, abriendo la puerta a lo que conoceríamos como el “Salinato”.
Como parte de este mismo imaginario, su asesinato implicó que se privara a la gente de tener un buen gobernante. Basta considerar que para el 66% de los mexicanos hoy, Colosio hubiera sido un buen presidente. http://goo.gl/FemZ3T
Lo que la gente no alcanza a percibir es que de haber llegado a la presidencia, Colosio sería hoy recordado como un mejor o peor gobernante, pero difícilmente como un héroe. Es su muerte y todo lo que se construye alrededor de ésta y el discurso mencionado lo que lo coloca en el panteón de los grandes hombres, aquellos que con sus buenas acciones buscaron conducir a la Nación por el mejor de los caminos.
No se recuerda tampoco que antes de dicho discurso su candidatura no lograba causar el impacto deseado, no “levantaba”, y que antes de ésta su gestión pública había sido poco brillante. Lo anterior lleva a algunos analistas a afirmar que lo mejor que le pudo haber pasado fue su propia muerte. http://www.sdpnoticias.com/columnas/2014/03/15/sin-especulaciones-a-luis-donaldo-colosio-le-sento-bien-la-muerte
Una vez muerto, el imaginario colectivo que magnificó su figura se convirtió en el caldo de cultivo idóneo para convertirlo en mito, para que los priístas hicieran de él un pro-hombre, capaz de simbolizar “lo mejor de ese partido”.
La lógica es simple: Colosio es más útil muerto que vivo. Muerto puede ser elogiado por sus virtudes, una vez hechos a un lado sus defectos, errores y faltas. Ya muerto y convertido en héroe puede ser manejado como figura de acción, se le puede poner en cualquier posición, cambiar el vestuario, la personalidad, la ideología; se le puede hacer decir lo que no dijo, pensar lo que no pensó, desear lo que no deseó, proyectar lo que no proyectó, hacer lo que no hizo; más aún, cual si fuera santo se le pueden colgar toda clase de milagros.
Se puede incluso afirmar que de haber llegado a la presidencia de la República, el llamado “error de diciembre” no hubiera ocurrido ni habría habido “matanza de Acteal”; que Colosio habría adelantado y consolidado la transición a la democracia y muy probablemente no habría perdido el PRI la presidencia en el año 2000, por lo no habría habido guerra contra el narco, ni 250 mil desaparecidos, ni más de 80 mil muertos, etcétera. A decir de algunos, el país se hubiera ahorrado dos décadas de oportunidades perdidas. http://internacional.elpais.com/internacional/2014/03/22/actualidad/1395511235_093309.html
En fin, el límite de “sus milagros” lo impone la imaginación de quien de alguna manera se convierte en el dueño del héroe muerto, de sus correligionarios que lo llevan y traen según convenga, que abandonan o lustran su estatua según la ocasión, que lo recuerdan y olvidan a voluntad; de los intelectuales y políticos que gustan de profundizar en el “futuro que no fue” http://www.youtube.com/watch?v=KU4-MfmlGEk .
La heroicidad de Luis Donaldo, al igual que la santidad de los santos, tiene dos vertientes, una camina junto al pueblo que lo mitificó y que lo hace fuente de todo tipo de soluciones a todo tipo de necesidades y carencias, que lo ve como una esperanza en retrospectiva, como lo que pudo ser y no fue; la otra, va de la mano de la institución, el PRI, que como la Iglesia, ordena, administra y dirige los milagros de “su santo”.
El PRI “echa mano” de Colosio de tiempo en tiempo y ahora, a 20 años de su asesinato, no puede dejar pasar la oportunidad para reavivar el recuerdo del héroe muerto, para recordar “sus ideales”, su visión de país, su convicción de que México debía ser un país con paz, justicia y tranquilidad. No resiste tampoco el PRI la tentación de comparar a Colosio con Enrique Peña Nieto y tratar de hacer transitar la legitimidad del primero al segundo. http://www.adnpolitico.com/gobierno/2014/03/20/pena-colosio-representaba-un-cambio-con-responsabilidad
Por otro lado, la ventaja que ha dado a Colosio su muerte y posterior mitificación es que se encuentra libre de cometer errores, de aquellos que hubieran marcado su sexenio y que no podría borrar ni muerto; la desventaja es que no puede, por el contundente hecho de estar muerto, dirigir su propia heroicidad y hacer uso de ella a su antojo, misma que queda atrapada por el uso político que sus correligionarios quieran darle.
Queda comentar que contra los héroes muertos es casi imposible luchar y que esto coloca a Colosio a salvo de caer víctima de sus propios errores, a menos que su caída y el descubrimiento de sus pies de barro sean útiles a algún ilustre priísta en los años por venir.
Para finalizar una lección: es mucho más fácil vencer al adversario o enemigo político, según se le quiera ver, cuando está vivo, ridiculizándolo, ignorándolo, acusándolo de lo verdadero y lo falso. Por eso algunos grupos políticos han dejado el homicidio como último recurso y prefieren desprestigiar a su oponente antes que matarlo, sobre todo porque no quieren correr el riesgo de hacerlo héroe y que vaya a formar parte del panteón particular de algún otro partido. Actualmente, el desarrollo de los Medios de Comunicación Masiva y de nuevas estrategias de manipulación política, ha permitido cambiar el magnicidio por la “guerra sucia”, ventajas de la tecnología. Lástima que para Colosio esta lección llegó demasiado tarde.

