Alma Meneses Bernal
(26 de marzo, 104).- El primer canal de expresión que tiene el ser humano es su cuerpo, a través de él comunica lo que es y lo que siente. El cuerpo humano tiene cientos de formas de expresar, pero una de las más armónicas es la danza, el movimiento corporal dirigido por un ritmo que hace que converjan los tiempos, el sonido y el espacio físico. Hay quien afirma, que todo el arte puede resumirse en ella, porque esta engloba lo sonoro, el movimiento, la interpretación, la proyección, y podría afirmarse que es la expresión artística primaria y más antigua en la historia humana.
La danza se ha desarrollado de forma paralela al crecimiento de los pueblos, de tal forma, que constituye un reflejo de la esencia de los mismos en los diferentes puntos históricos, a través de ella podríamos hacer un recuento evolutivo de la humanidad.
Los primeros vestigios de la danza tienen un fuerte componente ritual y místico, que simbolizaba una vínculo directo con las fuerzas supremas de la naturaleza y el universo, un diálogo con los propios dioses; hombres y mujeres movían su cuerpo guiados por el sonido del viento, de las percusiones de cualquier objeto, al ritmo de sus cantos o hasta de los latidos de su corazón. Para muchas culturas la danza era un rito de iniciación, mientras que para otras podría simbolizar la invocación a un ser supremo, como en la danza del Sol, o inclusive un ritual de unión o fecundidad como lo fueron las danzas campestres, báquicas, la danza a la diosa Diana y las danzas nupciales. El danzar es movimiento, y el movimiento, desde la antigüedad se asocia con lo vital como el aire, el fuego, el agua, las estaciones del año, con la creación del mundo, con los ciclos naturales de la vida: el nacimiento, la muerte y la trascendencia de la reencarnación, ejemplo de ello era la danza a Osiris en el antiguo Egipto, o a Siva que es el dios creador para la India y que creó al Universo mientras bailaba.
En esta etapa, lo dancístico nos refleja a un ser humano intentando explicarse el mundo, que sin comprender los fenómenos que le rodean, busca respuestas a través de su movimiento armónico, intentando comunicarse con aquello que no lograba ver con sus ojos físicos y que no podía alcanzar con sus palabras, un ser conectado con su “yo natural” con su instinto primigenio.
Aunque la práctica de la danza ritual sigue estando presente en nuestros tiempos, su visibilidad ha sido menguada y en ocasiones hasta satanizada, asociándola con males como lo pagano o la ignorancia. No podemos pasar por alto que la supresión de la danza ritual obedece a la imposición política y religiosa que sufrieron muchos pueblos que fueron conquistados, sobre todo en el continente americano, por lo que siendo sus danzas un fuerte componente de sus culturas, fueron reprimidas hasta ocultarlas en medio de las sombras sociales. Sin embargo lo ritual y lo místico son aspectos que han seguido ocultos en los movimientos dancísticos, no pueden morir, porque de ellos deriva uno de los fines más importante del danzar: la conexión del ser humano consigo mismo y con su entorno.
La danza ha sido prohibida y sancionada en muchos momento históricos. En la edad media, el catolicismo prohibía la danza porque la consideraba como una práctica lasciva, que incitaba al éxtasis y a la promiscuidad. Sin embargo la practica dancística nunca ha desaparecido, simplemente se ha ido transformando adaptándose a los procesos sociales, camuflagéandose en las comunidades rurales bajo otros nombres y fines, como los agrícolas estacionales.
Es así que en el renacimiento del siglo XVI resurge con una mayor fuerza y dirección en Europa, especialmente en Francia e Italia, en donde se comienza a implantar una nueva visión androcéntrica, el hombre como punto de partida y con él la visión estética del cuerpo humano. En Italia nace el primer Ballet dirigido por el maestro Baltasar de Beauyeulx y en Francia Luis XIV autoriza el establecimiento de la primera Real Academia de Danza. En los siglos siguientes el ballet se convirtió en una disciplina artística regulada que servía para comunicar los procesos políticos sociales. Las danzas sociales como el Vals comenzaron a nacer en los salones y en los espectáculos. Es evidente que en esta época las personas recobran su contacto con el movimiento dancístico y se apropian de él, colocándolo como un espejo de su vida diaria y comunitaria.
Después de las guerras mundiales y de las épocas de dolor y muerte que sufrieron naciones enteras, nace un nuevo espíritu de libertad y de búsqueda de igualdad social, que también se ve reflejado en el arte. Aunque lo social y lo artístico permanecen mayormente en un mundo androcéntrico, la figura femenina comienza a retomar de forma visible una gran fuerza dentro de los movimientos artísticos y con ella muchas de los grupos históricamente reprimidos, es así como surgen nuevas formas dancísticas, con elementos técnicos más libres. En un primer momento surgen corrientes que proponen formas más estilizadas del Ballet con un fuerte enfoque social, una de la precursoras de esta revolución dancística fue Isadora Duncan, bailarina y coreógrafa norteamericana, considerada como creadora de la danza moderna; posteriormente llega la danza contemporánea que busca acercar esta disciplina artística al sentir cotidiano, a través de técnicas dinámicas que desafían las estructuras implantadas por la danza clásica y la danza moderna. En esta época contemporánea la danza adquirió ese cariz revolucionario e innovador que recurre de forma constante a los juegos visuales y la improvisación y que espeje fuertes procesos sociales como los movimientos feministas y las protestas sociales a favor de la paz.
Actualmente la danza tiene miles de rostros y formas, se ha ido nutriendo de la música de las diferentes regiones del mundo, las influencias africanas, latinas, caribeñas, han dando paso a la salsa, a la samba, al candombe, al tango, que ahora se mezclan con los sonidos balcánicos y los medio-orientales sin reserva alguna. El avance de la tecnología ha permitido mezclas innumerables de ritmos, abriendo las posibilidades dancísticas de forma infinita, aunque lamentablemente poco a poco el danzar ha perdido su sentido de colectividad y ha comenzado a reflejar el individualismo que también predomina en esta era tecnológica, sin embargo su fin primario sigue estando presente -la comunicación, la expresión y la proyección de lo que nos rodea y de nosotros mismos-
Es por ello que me atrevería a decir, que la danza al igual que la materia, “no se crea ni se destruye, sólo se transforma”, pero siempre está y seguirá estando ahí”, en el día a día de la humanidad, como un reflejo vivo de lo que ha sido, de lo que es y de lo que será.


