Configuraciones autoritarias del poder

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Willy Arturo Hernández / @RHashtag

(28 de marzo, 2014).- “El sistema político mexicano”[1] y “La formación del poder político en México”[2] se distinguen como dos obras fundamentales para los estudiosos de la ciencia política en nuestro país. Ambas obras abordan el fenómeno del poder político y las practicas de la política con sumo cuidado procurando presentar el funcionamiento del sistema, las estructuras, la política y su relación con la economía de forma clara y ordenada. Sin embargo, existen una serie de temas abordados de diversas perspectivas ideológicas y políticas que permiten hacer un balance sobre el poder político en México y enunciar algunas ideas propias del mismo.

En “El sistema político mexicano” Daniel Cosío Villegas dedica su segundo capítulo, “Dos piezas fundamentales”, a la descripción de las funciones y el estado de la relación entre la presidencia de la república y el partido predominante, piezas que permiten la institucionalización política y el desarrollo económico en diversos grados, dependiendo la perspectiva de cada sexenio. Por su parte Arnaldo Córdova desdobla en tres capítulos,”La constitución del gobierno fuerte”, “Colaboracionismo de clases y populismo” y “El fenómeno del presidencialismo”, un análisis de la institución presidencial y su funcionamiento, destacando las luchas entre las diversas fracciones revolucionarias y las fracciones de clase, así como el resultado de esas luchas: la inmutabilidad de la propiedad privada frente a cualquier tipo de reforma.

De tal forma se nos presentan los diversos procesos históricos políticos como el resultado de la lucha entre diversas fracciones por ganar e imponer su proyecto económico y político que asegure la supervivencia del Estado nacional y las relaciones de producción existentes. La necesidad de la concentración de poder en una estructura institucional, que permita el desarrollo de las pugnas entre fracciones militares y entre las fracciones de clase, queda íntimamente ligada al desarrollo económico. Una de las fuentes principales de legitimidad del estado pos revolucionario, pero particularmente del presidente en turno, es la capacidad de lograr algún tipo de “despegue” económico manteniendo bajo su control y dominio a toda fuerza política de apoyo o disidencia.

Valerse de un partido político capaz de metamorfosearse según la coyuntura política, de partido con perfil unificador de militares, en partido de masas y partido civil, asegura otra de las fuentes de legitimación que tiene la institución presidencial. No obstante que el carácter de personificación del poder, acumulación de atribuciones físicas y metafísicas sobre el “líder de la nación” permiten configurar y alimentar formas autoritarias de poder cada vez más enraizadas en la sociedad:

“Empero, el mantenimiento de las formas institucionales es igualmente necesario. Son esas formas las que dan permanencia y legitimidad, en última instancia, a las relaciones políticas autoritarias. Las instituciones políticas, jurídicas, entre las que cuentan principalmente aquellas que consagran las reformas sociales muy a menudo aparecen como resultado del proceso autoritario.”[3]

La combinación entre institución legitimadora con base en configuraciones de autoritarismo podría descubrir el velo de la facilidad con que se puede llegar a reproducir los fenómenos de caudillismo y presidencialismo. A decir de este ultimo: “Se dio como resultado de una practica que cada día aparecía con la más perfecta claridad: el presidente lo podía todo, desde conceder la tierra a los campesinos, hacer brotar como por ensalmo las grandes industrias, aquí y allá, conferir jugosas concesiones a quien él quisiera, decidir, si lo deseaba, un conflicto laboral a favor de los trabajadores, etc.”[4]

Y es que la configuración autoritaria, en la mayoría de los casos, del presidencialismo mexicano posrevolucionario, reflejaba precisamente los intereses clasistas allegados o mantenidos a raya desde la presidencia y el desprecio hacia el resto de las clases sociales, recuerda Jorge Hernández Campos en su poema “El Presidente”:

“Este pueblo no sabe/México está ciego sordo y tiene hambre/La gente es ignorante pobre y estúpida/Necesita obispos diputados toreros/Y cantantes que le digan:/Canta vota reza grita,/

Necesita/Un hombre fuerte un presidente enérgico/Que le lleve la rienda/Le ponga el maíz en la boca/Y la letra en el ojo./Yo soy ese/Solitario/Odiado/Temido/Pero amado/Yo hago brotar las cosechas/Caer la lluvia/Callar al trueno/Sano enfermos y engendro toros bravos/Yo soy el Excelentísimo Señor Presidente de la República General y Licenciado Don/ Fulano de Tal”.

Si partimos de estas configuraciones autoritarias de poder y las sumamos a un proceso económico donde se hace cada vez más pequeño y débil al Estado en Funciones y atribuciones podemos asegurar que esas configuraciones autoritarias migran con nuevos rostros pero con las mismas practicas autoritarias profundizando esas prácticas según las necesidades del proyecto económico en turno. Por ejemplo la revista “Líderes Mexicanos” ,en su edición especial de diciembre de 2013[5], presenta la “Crónica presidencial. Primer año de gobierno”, sobre el presente sexenio del ciudadano Enrique Peña Nieto. En dicha edición se da un amplio y detallado recorrido de las actividades presidenciales que han impactado mediáticamente en la sociedad mexicana agregándole el “toque” cercano del presidente a través de los contenidos compartidos por él y su esposa en las redes sociales; sin embargo, no se deja de lado la mención de la labor política que día a día se hace para presentar a México como un país donde la inversión privada tendrá terreno fértil para perpetuar la naturaleza de nuestra economía: la acumulación de capital.

Alimentar el autoritarismo en México ha tenido sus formas y desafíos históricos que se han ido perpetuando de acuerdo a la configuración y balance de las fuerzas políticas y sociales que le han hecho frente. Desmantelar las instituciones que legitiman y dan soporte a las distintas configuraciones de autoritarismo requiere identificar esas fuentes de alimento y eliminarlas, contrarrestarlas, desaparecerlas frente a la organización política basada en valores como la democracia, la justicia social, la igualdad social, frente a las configuraciones de poder popular, frente a la abolición de un sistema económico que lo fortalece y alienta. No es un hasta entonces, me refiero a un ahora, día a día, brazo a brazo, política y económicamente, contra el autoritarismo, irrenunciable tarea por siempre.


[1] Cosío, Villegas Daniel, “El sistema Político Mexicano”, pp.116, Joaquín Mortiz, México, 1975.

[2] Córdova, Arnaldo, “La formación del poder político en México”, pp.99, ERA, México, 2012.

[3] Córdova, Arnaldo, “La formación del poder político en México”, p.61, ERA, México, 2012.

[4] Ibídem, p.59.

[5] Líderes Mexicanos, Edición especial, Año 23, Tomo 233, Diciembre 2013.

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