Con la llegada de los dispositivos móviles e interactivos, léase smartphones y tabletas, las antiguas normas de cortesía y convivencia se han relajado.
Por Karelia Vázquez / Fuente: Vanguardia
Foto: Vanguardia-Especial
(31 de marzo, 2014).- La mala educación siempre existió, nadie ha dado por abolidas las reglas de urbanidad pero con la llegada de los dispositivos móviles e interactivos, léase smartphones y tabletas, las antiguas normas de cortesía y convivencia se han relajado. Algunas han desaparecido o se consideran una conducta vintage o un comportamiento exótico.
Es un asunto universal. La revista TIME reblogeó un post de Techlicious llamado 5 Annoying Tech Habits that Need to Stop que enumeraba cinco acciones que antes se consideraban propias de personas mal educadas y que ahora, por obra y gracia de la tecnología, se toleran con gracia y soltura.
Cierto es que en los primeros años de vida digital estuviéramos extasiados con nuestros gadgtes, el WiFi, Internet, las cámaras … y la euforia de la vida móvil nos hizo perdonarlo todo, pero a estas alturas del partido ya es hora de empezar a quejarnos, o de pensar que quizás a mi vecino de asiento en el autobús no le interesa la conversación que mantengo con mi madre mientras lo miro a los ojos, no por nada, sino porque lo tengo enfrente y es imposible mirar a otro lado.
El autor del post de Techlicious propone estos cinco malos hábitos tecnológicos como candidatos definitivos a la hoguera. Veamos:
1. Conversaciones en voz alta con público:
Esta puede ocurrir en dos versiones, con el teléfono pegado a la oreja y chillando al modo clásico, o en su versión de alto ejecutivo estresado y paranoico, que no pega el móvil a su cerebro por si el cáncer y grita moviendo los brazos y la cabeza. Ayer me tropecé con este ejemplar en un supermercado. Este tipo de conversaciones no se detiene ni siquiera cuando la gente sube al autobús o entra en un ascensor. Conozco a una persona que escribe una novela con fragmentos de conversaciones telefónicas escuchadas al azar. Al menos servirán para hacer literatura.
2. Hacer fotos con una tableta:
Según el autor, a pesar de los esfuerzos de Apple por hacerlo pasar como normal, nunca se debe hacer una foto con una tableta. “Parecerás un tonto”, asegura. Su argumento es que las cámaras en las tabletas existen para darle dos usos: Skype y Facetime, y hacer fotografías no es uno de ellos. Es cierto que es mucho más intrusivo hacer una foto con una tableta, los teléfonos son más pequeños y discretos. Pero en este punto tengo dudas razonables.
3. Acaparar la banda ancha de una red WiFi pública:
Las redes wireless de sitios como McDonald’s o Starbucks son patrimonio de la humanidad, y así deben ser tratadas. Todo el que suele viajar al extranjero y no lleva un teléfono de empresa sabe lo que significa encontrar un WiFi gratuito en su camino. Pues es una falta de cortesía gigantesca usarla para ver en streaming el capítulo de una serie mientras te bebes tranquilamente un Tall Capuccino. La velocidad se reducirá a la mitad para el resto.
4. Compartir fotos sin permiso de los implicados:
Esto es obvio, y no merece comentarios
5. Enviar Whatsapps o SMS que pueden esperar durante una conversación cara a cara:
Es una manera rápida de decir que te estás aburriendo y que preferirías estar en cualquier otro sitio. Ya puede uno buscar cualquier excusa, el otro mientras espera que termines es lo que está pensando. Hay otra versión todavía peor, cuando la conversación transcurre entre varias personas y se empiezan a Whatsapear dos de ellas, a veces sobre algún tema que se está discutiendo en grupo. ¡Ayyy, cómo somos!
Antigurú también ha hecho su lista de pecados capitales.
– Caminar por las calles y las aceras mientras se consulta el teléfono:
Es peligroso, no solo para ti que puedes chocar con una farola o ser atropellado, sino para el resto de la humanidad que puede chocar contigo. Hay cifras: más de la mitad (53%) de los propietarios de un teléfono móvil han tenido un tropezón o un choque con una persona u objeto por caminar mirando el teléfono, según una encuesta realizada por una operadora estadounidense de telefonía. Otro estudio de la Universidad Estatal de Ohio en Estados Unidos afirma que las personas heridas y atendidas en los servicios de urgencias y que reconocen que iban distraídas con el móvil se han duplicado desde 2005 hasta la fecha. Un asunto del que ya hablamos en Antigurú.
– Seguir mirando fotos en un teléfono si solo te han enseñado una:
El móvil es un dispositivo personal e intransferible como el DNI. También sabemos que alberga bacterias, fluidos varios y secretos de estado. Si alguien te acerca su teléfono para enseñarte una foto, por favor abstente de seguir deslizando tu dedo por la pantalla para ver las siguientes. Estás metiendo las narices en su vida privada y cometes un abuso de confianza en toda regla. Si el propietario del teléfono quiere, te enseñará otras fotos, pero hasta entonces mantén las manos quietas, aunque te tengas que sentar encima de ellas.
– Mirar a la pantalla ajena cuando llega una notificación, mirar a la pantalla ajena cuando su dueño está metiendo la contraseña. En general, mirar a la pantalla ajena:
Es la versión moderna de la vieja del visillo. ¿Qué se te ha perdido en la pantalla de al lado?
– Monopolizar el enchufe en los bares:
Aceptamos que luches a brazo partido por quedarte con la mesa más cercana al enchufe, pero una vez que hayas cargado el teléfono déjalo libre que, te puedo asegurar, que más de uno estará esperando. Si el teléfono ya ha pasado el 60% de carga es deseable que cedas el enchufe al siguiente. Soy consciente de que esto último es más generosidad y altruismo que cortesía y vida real.
– Una vez iniciada una conversación dejar al otro colgado en Whatsapp:
En la vida analógica no hay dudas de que esto te daría problemas. Contesta “sí”, “no”, “no sé”, manda cualquier cosa, aunque sea la mierda con ojos, pero da señales de vida.
– Usar más emoticonos que palabras en los mensajes:
La mayoría de nosotros somos animales racionales que dominamos un idioma bastante más preciso que el paquete de emojis que todos conocemos. Está bien tirar de muñecos para evitar exponernos en una situación incómoda o para tantear el terreno, pero cumplidos los quince años, deberíamos sentirnos más cómodos con las palabras. La cosa va de apoyar nuestro discurso en los emoticonos, no de convertirnos en los reyes de la ambigüedad.
La lista es más larga. Estoy segura. Ponga usted, querido lector, sus pecados o los de sus amigos. Aquí lo perdonamos todos. (© EL PAIS, SL. Todos los derechos reservados)
CUÍDATE DE LAS ESTAFAS SIGUIENDO SENCILLOS PASOS
¿Creías que era todo?El fenómeno de la “ingeniería social” está detrás de la gran mayoría de los trucos de cibercriminales exitosos.
Lejos de lo que puedan pensar, no estamos hablando de un nuevo y sofisticado término tecnológico, sino de algo de toda la vida, base de los clásicos “timos” o “estafas” que se aprovechan de la inocencia o la guardia baja del incauto.
En la modernidad esto ha sido actualizado, y en el mundo de la informática estos trucos reciben nombres como “phishing” o “smishing”.
Estamos hablando de algo que saca partido de determinadas idiosincrasias humanas, lo que podríamos llamar los “siete pecados capitales” de la ingeniería social.
Alan Woodward, quien trabaja como consultor en ciberseguridad para el gobierno de Reino Unido, le explica a la BBC cuáles son estos pecados con graves consecuencias tanto en el mundo real como en el del ciberespacio.
1. Apatía: Normalmente asumimos que otros “deben” haber tomado las precauciones necesarias para mantenernos seguros. Tristemente, esto nos lleva a una falta de conciencia del peligro y en el mundo de los hackers esto puede ser fatal.
Cuando estamos en un hotel y programamos un número para la caja de seguridad con el fin de mantener nuestras pertenencias a buen resguardo, ¿a alguien se le ocurre asegurarse de que el número de anulación de código está a salvo? Porque casi siempre estos números son 0000 o 1234.
2. Curiosidad: Los seres humanos somos curiosos por naturaleza. Sin embargo, la inocencia o la curiosidad desinformada genera muchas víctimas. Los criminales saben que somos curiosos y tratan de tentarnos con ello.
Si vemos una puerta desconocida en un edificio que frecuentamos, todos nos preguntaremos adónde lleva y nos veremos tentados a abrirla y averiguarlo, lo que en el mundo de la red puede ser una trampa esperando al usuario inocente.
Un colega creó una página de internet con un botón que decía “no apretar” y se quedó sorprendido al ver que la mayoría de gente hacía clic. Sea curioso, pero tenga un grado saludable de sospecha.
3. Candidez: A menudo se piensa que esto es un término despectivo, pero lo cierto es que todos pecamos de ello: hacemos suposiciones. Nos tomamos en serio lo que otros dicen, especialmente fuera de nuestras áreas de especialización. Vemos un informe de alguien y asumimos que tiene autoridad. Los timos de “phising” involucran correos electrónicos diseñados para que los internautas revelen sus palabras clave. Se le da a un email una apariencia oficial usando el logo creíble y aparentemente procedente del correo electrónico correcto, y asumimos que es real, a pesar de cuán tontas son las instrucciones que da.
Todo esto puede ser fácilmente recreado en la red, así que nunca dé las cosas por sentadas.
4. Cortesía: Todos les enseñamos a nuestros hijos a comportarse educadamente. Sin embargo, la cortesía no significa que no deberíamos discriminar en el mundo de Internet.
Si usted no sabe algo, o siente que algo no está bien, pregunte. Este principio es más aplicable que nunca en el mundo virtual, donde se nos pide interactuar con gente y en sistemas que no nos son familiares. Si alguien le llama de la nada y le dice que es de su banco, ¿le creerá? No, llámalo usted. Y use un teléfono móvil, ya que las líneas fijas pueden quedarse conectadas a la persona que hizo la llamada en primer lugar y, aunque piense que está llamando al banco a un número válido, le estará hablando a la persona que lo llamó.
5. Avaricia: A pesar de lo que algunos puedan decir, todos nosotros somos susceptibles a la avaricia, incluso cuando no nos sentimos avaros.
Desde su nacimiento, la cultura de la red ha fomentado el compartir cosas gratuitamente.
Inicialmente esto se aplicó a trabajos académicos, pero a medida que Internet empezó a ser comercializada a mediados de los años 90 nos dejaron con la impresión de que todavía podemos encontrar algo a cambio de nada. Nada es realmente gratis en la red. Tienen que recordar que, si no son un cliente que paga, es probable que usted sea el producto.
En el peor caso, descubrirá que ha descargado algo en su computador que está lejos de ser aquello que “adquirió”.
Muchos virus maliciosos malware son descargados por personas que no son conscientes de que el producto “gratuito” tiene consecuencias, incluso cuando parece que hace lo que estaba destinado a hacer.
6. Timidez: Una llamada del servicio de mantenimiento informático puede ser de cibercriminales ubicados en otro continente. Las personas evitan preguntar a extraños por su tarjeta de identificación, y en el mundo en línea es incluso más importante pedir las credenciales de aquellos a los que confiamos información sensible. No deje que las circunstancias lo lleven a revelar su identidad.
7. Irreflexión: Pensar antes de actuar es el modo más efectivo para protegerse. Es demasiado fácil hacer clic en ese vínculo… ¡Pare! Cuántos de nosotros, cuando leemos un vínculo aparentemente válido en un correo electrónico, nos molestamos en revisar si es realmente válido y nos desvía a una página maliciosa.
Es terriblemente fácil hacer que los vínculos parezcan válidos para atraer nuestro cursor por unos segundos antes de que apretemos para comprobar lo que es realmente: el vínculo real aparecerá si espera un momento. (Agencias)


