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Si el gobierno nos espía, ya no podremos ser nosotros mismos: Zimmermann

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(09 de abril, 2014).- Jérémie Zimmermann es un cyber-hacker de barriga un poco pronunciada, lentes de pasta, barba y cabello ensortijado. En estos momentos anda por la Ciudad de México, camina por las calles, acompañado de dos o tres amigos –y ríe, ríe a menudo–. Cualquiera que se cruzara con él, pensaría que es un “gringo” común: primaveral, liviano, vagando por la gran urbe. Pero no es así.

Fundador del proyecto La quadrature du net, en su natal Francia, es, junto a Julian Assange, uno de los promotores  a nivel internacional de los derechos de usuarios en internet. Un “cripto-punk”.

El movimiento al que pertenece, ha dado varias batallas importantes a nivel global: han sido los creadores de Wikipedia, BitTorrent, OpenStreetMaps, entre otros. Y él, en específico, es autor  de Cypherpunks: freedom and the future of the Internet (Cripto-punks: la libertad y el futuro de Internet), escrito por iniciativa de Assange junto a la participación de Jacob Appelbaum y Andy Müller-Maguhn.

Sin embargo, no vino a presentar sus glorias. Vino –por invitación del espacio Rancho Electrónico– para traernos un mensaje del futuro, en el que México, irremediablemente, deberá de estar atento:

Si te sientes vigilado, y sabes que tu gobierno es un ‘poquito’ autoritario, posiblemente dejarás de ir a una asamblea o mitin para crear un partido político. Si sabes que tus amigos y padres podrán enterarse, quizás no irás a una reunión de Alcohólicos Anónimos. O bien, ya no le preguntarías al médico información sobre el VIH, aborto, etcétera. Así, atacar nuestra privacidad implica atacar muchos otros derechos fundamentales: libertad de expresión, de movimiento, de reunión.”

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En estos momentos el senado de la república está completamente cerrado. Caminar por sus alrededores, es básicamente inconcebible. De hecho, el 7 de abril, Gerardo Fernández Noroña, el otrora vocero del PRD, fue jaloneado por la policía capitalina.

Adentro del recinto, un equipo de legisladores –encabezados por Javier Lozano (PAN) y Alejandra Barrales (PRD), que presiden la comisión de comunicaciones– cabildean y analizan la reforma en materia de telecomunicaciones, enviada por el gobierno federal, con el objetivo de ser aprobada de inmediato y, de ser posiblemente, se dé en el “albazo”, sin las discusiones –como la reforma política– que requiere una legislación de este calado.

Calificada como “regresiva”, “autoritaria”, propensa al “espionaje” y facilitadora de la “censura”, facultará a las empresas para almacenar todos los datos que los usuarios de internet o telefonía celular, para ponerlos a la orden del gobierno (artículos 134 y 194); así mismo, dará poderes extraordinarios a la Secretaria de Gobernación (Segob) para geolocalizar y suspender la transmisión de mensajes que atenten contra la “seguridad pública” (artículo 197, fracción VIII).

Todo esto, sin necesidad de mediar una orden judicial.

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Para Jérémie Zimmermann, el asunto que ha sido turnado en el senado, tiene que ver con la completa alienación de nuestra subjetividad y lo que somos, lo que nos hace ser: “la intimidad”. “El núcleo de la intimidad es nuestra identidad: quiénes somos. Esto es lo que está en riesgo o el día de hoy. Nuestra intimidad, nuestra identidad, son totalmente indisociables de la tecnología: y es posible que ya estén en manos de unas compañías, y de un gobierno y sus aliados”, sentencia.

Reconociendo el papel del ex agente de la CIA, Edward Snowden, en el “despertar de un largo sueño” sobre el papel del espionaje, afirma que la discusión de la ley secundaria en materia de comunicaciones, nos dará, a nivel mundial, una enorme prueba. Esta consiste en saber si tendremos la capacidad de enfrentar el reto que nos impone la “vigilancia” y la “censura” de internet y que está a la puerta de nuestras casas.

Pero más allá del monitoreo de nuestras comunicaciones por parte del gobierno, lo se debe de deshilar, a su parecer, es un complejo sistema legal, acompañado del complicado papel que juega la tecnología y las empresas encargadas de vendérnosla.

El núcleo de estas revelaciones es más allá de la paranoia ante el Estado. El hecho es que hoy en día vemos una imagen clara de la máquina más gigantesca construida en la historia de la humanidad, totalmente dedicada al espionaje: Google, Facebook, Apple Microsoft –que trabajan todos juntos– forzados por EE.UU. para entregar todos nuestros datos.”

Y la forma más sutil de llevarlo a cabo es mediante los gadgets, advierte.

Ejemplo: cuando era más joven, Zimmermann, las máquinas tenían la facultad de ser más entendibles y accesibles a la humanidad. Los juegos de Atari, Commodore, entre otras, que se hicieron populares en los años ochenta –y son base de la informática actual–, se les podía consultar el circuito para entender cómo funcionaban.

“Hoy en día las máquinas (acompañadas de un software instalado e indescifrable) están hechas para ocultarnos la información y, ultimadamente, para controlar la manera en que las utilizamos.” El papel de los smartphone es esencial y crucial para entender esta encrucijada.

Construidos para ser usados fácilmente por cualquier persona, de cualquier época, irónicamente nos impiden comprender de qué manera funcionan, cuáles son los dispositivos que permiten nuestra localización, en qué momento podemos ser espiados, cuándo se actualiza el software, cuándo está en verdad al servicio del gobierno o, en su contraparte, cuándo en verdad están al servicio de los usuarios.

Hace unos 20 años, pasamos de la era de las máquinas amigables a la de las máquinas enemigas.”

Y expresa: si las máquinas hoy son enemigas de la humanidad, es porque muy poca gente tiene poder sobre de ellas, sólo las corporaciones y sus amigos los gobiernos.

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Como en un principio, desde el Rancho Electrónico, ríe y se aleja de la mesa de plástico donde estuvo sentado, hablando ante dos docenas de asistentes.

Luego de las críticas, tiene algunas soluciones que deben de bajar al grueso de la población. ¿Cuáles son las opciones?

Simple. Si el gobierno y las compañías informáticas se están volviendo cada vez más eficaces en promover la “censura” y la “vigilancia”, ya sea, a través del internet con candados, legislaciones regresivas y la aplicación generalizada del control comunicativo, buscar canales de acceso en el software libre y el conocimiento de nuevas herramientas de encriptación informática, es indispensable.

No obstante, según dice, también sería necesario imponer, desde los usuarios de internet y la telefonía móvil, la creación de códigos que hagan valer derechos de los internautas; porque esos derechos políticos, tienen que ver con nuestra vida cotidiana. Es necesario “reapropiar internet”.

“Los valores que defendemos son universales. Es el futuro contra el pasado. Libertad contra la opresión. Cualquier político contestaría que está por la libertad, ninguno diría que por la opresión. El software libre, desde el inicio, es un proyecto político. Usar email de EE.UU. o de México es un tema político. Todas nuestras acciones cotidianas son políticas. Esto es lo que hace que muchos hackers –antes autodenominados apolíticos– se hayan politizado”.

Pero a última cuenta, ahora le toca a la sociedad generalizarlo.

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