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¿Por qué la expulsión de Cuauhtémoc Gutiérrez podría fortalecer al PRI?

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Raúl Linares
(17 de abril del 2014).- “Las actitudes de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, han llevado a un detrimento en la imagen del partido. La credibilidad bajó, por ello es necesario que se tomen decisiones importantes, para que en el corto y mediano plazo sea visto como un partido confiable y sobre todo que gane el electorado que requiere.”
Las anteriores son las palabras con las que Armando Barajas Ruiz, consejero nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), se lanzó en contra el dirigente con licencia, de dicho partido, en el Distrito Federal. La expulsión se acerca, posiblemente, para el 16 de mayo.
Para Barajas, a través de una entrevista al periódico El Universal, la expulsión de Gutiérrez de la Torre, se ha conjurado, por un parte, mediante una solicitud en donde cerca de 18 mil ciudadanos han pedido, a través de la página Change.org, el cese de su militancia; por la otra, desde el pasado cuatro de abril, cuando el Comité Ejecutivo Nacional del PRI recibió la solicitud ahora elaborada por parte de correligionarios de ese instituto.
En ambas, la presión ha recaído sobre el dirigente César Camacho.
Sencillo: para que el partido logre “reposicionarse”, sea “confiable” y por encima de cualquier circunstancia, vuelva a “posicionarse” en el electorado, es necesario que aquellos que “enlodan” su imagen, salgan por la puerta trasera, derrotados y envueltos en la niebla del escarnio. Nada mejor que a través de los puntos débiles: su carácter violento y negro pasado; también, su obscuro comportamiento sexual del que ya se tenía noticia desde el 2003.
“Al Distrito Federal le hace falta una clase política con identidad y cariño para la ciudad, no se trata de verla como un botín: hay que servirla.”
El PRD, en la mira
A Gutiérrez de la Torre, que se hizo del poder del PRI en pleno proceso electoral,  la dirigencia nunca tricolor lo vio con muy buenos ojos. Vinculado con las “viejas” prácticas del PRI, muy lejos del “nuevo PRI” que, tanto Enrique Peña Nieto, como sus asesores han insistido en formular, la posición del llamado hijo “Rey de la Basura” en dicho instituto político, nunca ha sido muy cómoda.
Relacionado con el Partido de la Revolución Democrática (PRD), en el que incluso ha asegurado haber operado para Marcelo Ebrard, a menudo se le ha acusado de ser el ariete mediante el cual, el PRI no ha vuelto a retomar el poder en la capital del país. Incluso, esa relación, a pesar de negarla constantemente, la ha formulado en algunas ocasiones en las que ha sido entrevistado:
“¿Que si soy amigo de Marcelo? ¡Sí!  Pero no es mi amigo de ahora, sino de hace 20 años, cuando era secretario general del PRI. ¿Yo reclamo si algún priista es amigo de Felipe Calderón o si va a sus fiestas? Marcelo decidió irse al PRD y desde ahí le he dicho ‘eres mi amigo, pero eres mi adversario político’”, dijo en entrevista para el diario24 Horas.
De hecho, esa relación que también forjó con Manuel Camacho Solís, en 2005, por ejemplo, llevó a que Norma Gutiérrez de la Torre, haya declarado que la Unión de Pepenadores del DF, organización priista liderada por los hermanos, había aportado “25 mil votos” al entonces precandidato perredista Marcelo Ebrard en la elección interna en la que éste se impuso a Jesús Ortega.
¿Distancia con Peña?
Pese a su acercamiento a Peña Nieto para hacer a su partido del poder presidencial, al poco tiempo de haber sido elegido, comenzó un proceso de apartamiento.
En la misma entrevista con el diario 24 Horas, el reportero Luis Velásquez describió que en la oficina del dirigente priista, colgaba la foto de Peña. Sin embargo, para éste, el acto que por un lado evidenciaba la histórica sumisión al poder presidencial, por el otro, la simple imagen también levantaba sorna: “ya estaba ahí cuando llegué”. Por sus propios medios, asentaba su autonomía: entonces anuncio que no se “alinearía”.
Quizás, para entonces, ya nadaba a “contracorriente” ante la nueva alineación en el poder: el grupo Atlacomulco, había decidido, como describió el periodista Francisco Cruz Jiménez, que para “renovar” al PRI, era necesario hacer uso de los “Golden Boy” más que el viejo estilo.
Quitar de un plumazo a quien a la distancia era más que prescindible, era, a fin de cuentas, más que una decisión de justicia –cosa que no ha pasado con Carlos Romero Deschamps, Arturo Montiel, Juan Díaz de la Torre, Víctor Flores Morales, Mario Marín, Ulises Ruiz, Humberto Moreira–, una jugada política.
Negro historial dentro del PRI
“En el 91 corrí con la fortuna de haber sido suplente de diputado federal y de haber ocupado un año un curul en la 55 legislatura, a los 22 años. A los 25 fui representante de la ALDF, en la primera legislatura del 94 al 97. En 2000 volví a ser asambleísta y en 2009 regresé a la federal”, dijo, en una ocasión, el denostado priista.
Todos estos cargos, han estado aderezados por un estilo de ejercer el poder de manera muy personal.
Por ejemplo, él y sus simpatizantes irrumpieron en un auditorio de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTE) y aventaron sillas a consejeros que apoyaban a María de los Ángeles Moreno, vinculada al grupo de Beatriz Paredes, con quien ha mantenido una añeja rivalidad de la que apenas ha podido respirar.
En 2005, cuando debía renovarse la dirigencia del PRI-DF, envió grupos de jóvenes enardecidos a las instalaciones de su partido donde realizaron pintas y lanzaron piedras a las oficinas de la FSTSE, donde sesionaba el Consejo. Lo mismo ocurrió en 2008 en la sede capitalina, y un año más tarde, en el PRI nacional volaron macetas en contra de la fachada de dicho instituto.
Al año siguiente, en las elecciones para renovar los curules en la cámara de diputados, Gutiérrez de la Torre protagonizó un nuevo escándalo cuando usó una de las llamadas “Juanitas” (mujeres que eran elegidas para cargo de representación de género en el congreso, pero después le cedían su lugar a otros políticos) para ocupar un escaño en la LXI legislatura.
Los reflectores lo volvieron a apuntar en el 2011. Luego de interceder para que Cristian Chávez, el también conocido Dipuhooligan, para que fuera representante del PRI en la ALDF, Rosario Guerra, ex candidata al gobierno del Distrito Federal por el Partido Nueva Alianza y, en el pasado, también militante priista, lo acusó de haber orquestado un atentado en su contra.
Guerra declaró que ella y 16 personas más sufrieron ataques físicos que los enviaron por días al hospital, y aseguró que dicha agresión fue liderada por Vargas, quien es colaborador cercano de Gutiérrez de la Torre. Luego de esta agresión, éste último alcanzó la dirigencia local priista.
La limpieza: Aurelio Núñez
¿Cuál es el perfil del próximo dirigente tricolor en el Distrito Federal? Como lo había informado Revolución Trespuntocero, el pasado 15 de abril, entre los nombres que se han barajeado, ha comenzado a resalta el nombre de Aurelio Nuño Meyer.
“Nuño no pertenece a la clase política mexiquense que satura la administración de Peña Nieto. Incluso, tampoco tiene una carrera asociada a ella. La suya comenzó en 2009, cuando acababa de terminar la maestría en la Universidad de Oxford, y entró a trabajar al Grupo Parlamentario del PRI en el Senado. De ahí saltó a la coordinación de asesores del presidente de la Comisión de Presupuesto en la Cámara de Diputados, Luis Videgaray, de cuya mano entró a la fraternidad mexiquense en la recta final del asalto al poder”, escribió sobre él, el periodista Raymundo Rivapalacio.
Pese al bajo nivel del discurso mostrado por Peña Nieto, Aurelio Nuño ha escrito y, ha sido uno de los responsables, de articular las mejores frases que ha pronunciado su jefe: más que un actor protagonista, se habla de que es la “inteligencia” detrás del poder pese a su bajo perfil e incipiente carrera. Además con éste en la dirigencia del PRI-DF, se haría realidad el sueño que César Camacho refirió en el aniversario del partido que dirige: “un PRI peñista”.
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