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Culto a la “Santa Muerte” en el Estado de México (Parte 1)

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Mónica Zamudio Gómez / Hasthtag / @RHashtag

(18 de abril, 2014).- Eran aproximadamente las 2:00 am del 31 de Julio del 2008, cuando Jonathan Legaría conducía en la vía López Portillo con dirección a San Cristóbal. Iba en una camioneta plateada acompañado de dos mujeres: Marisol y María de la luz, con las cuales decidió detenerse para cenar. Terminada la cena subieron nuevamente a la camioneta, era una Cadillac Escalde, estampada de imágenes de la santa muerte junto con otra de la bandera mexicana en el parabrisas.

A la altura del eje 8, en el municipio de Coacalco, de acuerdo con reportes oficiales, dos suburban blancas con logotipos de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) -corporación que hoy está extinta y fue coordinada por Genaro García Luna, secretario de seguridad pública con Felipe Calderón- le cerraron el paso. Jonathan como lo hacía frecuentemente, según contaron a las autoridades sus acompañantes, le gustaba enfrentar a quien se le interponía en este tipo de situaciones. Trató de alcanzarlos y llegando a la colonia Guadalupe Victoria, las dos suburban y la camioneta del también conocido “Comandante Pantera” –como le llamaban sus seguidores–, se emparejaron, fue ahí cuando las cosas no resultaron a favor del líder de la santa muerte en Tultitlán, Estado de México.

Jonathan Legaria Vargas, también era conocido como “Padrino Endoque” por sus fieles, tenía 26 años y, meses antes, había inaugurado un templo dedicado a la santa muerte en la vía López Portillo; esto fue después de que se incendió uno de sus locales esotéricos, también ubicado a la altura de la colonia Villa de San José.

La noche del 31 de Julio Jonathan regresaba de haber terminado su participación en un programa de radio, al cual asistía para hablar sobre el culto a la santa muerte y orientar a los radioescuchas que solicitaban la ayuda del “padrino”. Jonathan alcanzó a la suburban, pero no contaba con que las personas a bordo portaban cuernos de chivo, R-15 y otras armas de fuego, por lo cual le dispararon por el costado derecho y en frente de la camioneta. El resultado fue mortal: el “Comandante Pantera” tenía 50 balas dentro del cuerpo, Marisol 10 heridas por arma de fuego y María de la luz –quien viajaba en el asiento trasero– estaba ilesa.

El líder de la santa muerte falleció en su camioneta, donde además de haber más de 150 casquillos de bala, estaba una placa con la insignia de la Policía Federal (PF). Marisol fue trasladada al hospital Magdalena de las Salinas en Lindavista. En el ministerio público siguieron las investigaciones sobre el asesinato del “comandante pantera”. Las acompañantes sobrevivieron y del padrino se dijo, que fue víctima del crimen organizado, y presuntamente se le relacionaba con el narcotráfico; otras versiones cuentan que fue un “adorador insatisfecho”.

Después de seis años de su asesinato, el templo sigue en pie liderado por su madre y aún no hay un veredicto sobre los asesinos de Jonathan Legaria Vargas, pero Enriqueta, su madre en una de las misas aseguró haber encontrado el cuerpo de uno de los asesinos de su hijo gracias a la “santa”, es Emilio Sánchez Gómez alias “El cuchillo”, quien pertenecía al grupo antisecuestros. Enriqueta dice que no ha parado a pesar de las amenazas, porque confía en su santa muerte y que ésta le ayudará a encontrar a los demás asesinos de su hijo.

“Soy protectora de los delincuentes pero robarme AMI y en mi casa es tu MUERTE”

 En San Cristóbal, Estado de México, a la altura de la colonia Fuentes del Valle, se ve una figura de alambre con forma parecida a la de una virgen, con los brazos estirados y las palmas hacia arriba que rebasa los muchos centros nocturnos que predominan en la vía López Portillo, frente a la obras del Mexibús inconclusas y, rodeado de zonas habitacionales donde se encuentra el Templo internacional de la Santa Muerte.

El templo ubicado en Santa María Cuautepec rodeado de vulcanizadoras, negocios de autopartes y moteles, fue hecho en el 2008 y desde entonces abre de lunes a domingo. Recibe a personas que vienen de distintas partes del país que vienen a dar gracias o a la comunión en este santuario.

Por fuera se ven dos portones cafés que tienen incrustadas estatuillas pequeñas de la santa muerte donde la gente le deja flores, dulces y cigarros. También hay una pequeña lona con la foto de Jonathan y una oración a lado del “Comandante Pantera”.

En medio de los portones, además hay un local esotérico lleno de figuras de “la santa”,  que lo anuncia un espectacular donde se mencionan los diferentes servicios que dan, seguido de una lista que marca a qué está dedicado cada día de la semana y el color correspondiente: lunes, es amarillo y representa prosperidad; martes: rosa y familia; miércoles: verde y problemas legales; jueves: morado y salud; viernes: rojo y amor; sábado: azul y con una oración de agradecimiento a las 13:00 horas; y domingo: blanco y comunión con la santa muerte a las 12:00 del día.

Afuera del local se ve un letrero que advierte que quien robe en la casa de la Santa Muerte pagará con su vida: “Soy protectora de los delincuentes pero robarme ‘AMI’ (sic.) y en mi casa es tu ‘MUERTE’ ”. Dentro del recinto, hay en medio de una santa muerte roja y otra blanca de tamaño natural una vitrina con objetos esotéricos, veladoras y bustos de Malverde –el santo al cual se encomiendan los narcos, especialmente en Culiacán, Sinaloa–, detrás está una mesa rodeada de fotografías de “los padrinos” que sirven para dar consulta a quienes acuden a pedir ayuda. A espaldas de ésta,  se encuentra un mural donde están la santa muerte, Jonathan “el padrino” a un lado señalándola y detrás de él su madre, “la madrina”. En frente hay una cortina que cubre un cuarto que guarda muchas otras figuras, de diferentes materiales y tamaños, el lugar es un poco obscuro y cuenta con una pequeña puerta trasera que da hacia el templo.

El templo, no es otra cosa que un terreno de forma cuadrada con piso de cemento,  unas láminas que sirven para tapar el sol a sus fieles y algunas sillas de plástico. En una de ellas, una santa muerte sentada junto a la gente con los brazos abiertos, como esperándole a uno. Es una figura de 22 metros, hecha de alambre, cartón y papel maché. Fue construida hace 6 años y no tiene daños graves, apenas un agujero en la parte de abajo, sostenida por más alambres amarrados al suelo. Según cuentan, antes estaba cubierta con un manto dorado, pero ahora es toda negra.

Es la santa muerte más grande de Latinoamérica al igual que el templo, según sus fieles y algunos portales de internet que hablan de dicho culto. Frente a ella está colocado un estante de cristal y aluminio donde está resguardada otra figura de color dorado con negro, la cual era la favorita del “comandante pantera” y que tenía en su cuarto, debajo una figura de una pantera negra, a  la que rodean flores, botellas de tequila y mezcal que llevan los creyentes como ofrenda. Entre estas figuras y la gente, se coloca una mesa de plástico blanco donde los fieles dejan a sus santas para luego ser bendecidas.

Alrededor de ella están otras de tamaño natural y de distintos colores según el problema al que ayudan: hay doradas, moradas, rojas y del color del arcoíris. Todas están dentro de una especie de capilla muy pequeña, pero en esta última, la muerte tiene en brazos un muñeco que representa a Cristo muerto. Cada una tiene a su lado veladoras, fotografías, cigarros, botellas de alcohol y otras pertenencias que las personas dejan al pedirle algún favor, o bien, hacerle un agradecimiento.

El templo siempre tiene pinta de estar abierto, los habitantes de los alrededores no parecen incómodos, pero se refieren a ella con respeto o temor. Es tan cotidiano que llega a ser  punto de referencia para dar indicaciones de alguna dirección cercana, incluso algunos choferes de tráiler al pasar tocan el claxon y se persignan esperando que los cuide en su camino.

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