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Todo va a estar bien, chavos

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Por Camila Ibarra

(22 de abril, 2014).- Hace no mucho terminé con una relación que, por primera vez, me dejó viviendo sola, con dos gatos y con mucho espacio en el clóset.

Aprendí un montón de cosas y sí, me equivoqué en otras tantas. Es que hoy que me encuentro en lunes en mi cama, a las dos de la tarde, contemplando el desastre que el fin de semana dejó en mi departamento, y la flojera que me da limpiarlo, me quedo pensando inevitablemente en lo que para mí es estar soltera y en las ideas que me he forjado sobre el amor.

Además, da la casualidad de que todos mis amigos terminaron también relaciones al mismo tiempo. Ya no queda ninguna de esas parejas que iba a durar para siempre. Me pongo a pensar en las relaciones de todos y cómo me parecían las más estables y cómo todo el mundo les decía que cortaran porque estaban muy jóvenes. Nos vi a todos extrañando al mismo tiempo, malacopeando, decir que ya nunca nos íbamos a enamorar; diciendo que queríamos cambiar de preferencia sexual porque sería más fácil.

Nos he escuchado a todos dar consejos que no seguimos y repetir consejos que nos dieron. Sí, en estos últimos tres meses he escuchado más de un millón de veces: “estás tan joven”, “el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”, y el clásico de clásicos: “todo va estar bien”.

La cuestión es que me doy cuenta de que a todos nos pasó un poco lo mismo y la única explicación que le puedo encontrar al fenómeno, es que todos nos dimos cuenta de lo que es el compromiso y de lo que implica la convivencia. Nadie nos dijo que iba a ser fácil, pero por un momento no hubo nada más sencillo como estar enamorados y hoy nos topamos con pared. Es que no hay serie, libro, chick flick, anécdota, consejo o humano que pueda explicar todo lo que implica amar a alguien y que te amen de vuelta. Es mucho más fácil –en mi experiencia– hablar y aprender sobre el amor no correspondido.

Fue increíble el proceso de verlos y verme enamorándonos y desenamorándonos, pero no hay nada como el proceso de aprender a estar soltero. Verlos llorar, consolarlos, llorarles, ver todas las películas y tratar todos los remedios, hasta que como consecuencia de mucho trabajo nos levantamos de la cama y dejamos ir. No es fácil, nadie dijo que iba a ser fácil. La serie de golpes que uno tiene que recibir para poder seguir adelante, que se pueden ir casi tachando de una lista y que pasara como si esas cosas respetaran un orden:

1. Cortar.

2. Darle o que te den sus cosas.

3. Borrar fotos y borrarlos de redes sociales.

4. Enfrentarse a lugares o personas que tenían en común.

5. La inevitable llamada o mensajes que alguno de los dos enviara.

6. Verle con alguien más.

Todo eso pasa y eventualmente uno puede cerrar el ciclo y superar el odio, el orgullo, el coraje, los celos y el dolor.

Nada me gustaría más que tener la receta y alivianarles el dolor, poder borrar todo tan fácil como se borran las fotos, poder dar unfollow como en Twitter o poder regresar o adelantar el tiempo. Pero con todo y todo, mi único amigo que estaba soltero cuando todos estábamos “casados” y que nos vio cortar y cantar Juan Gabriel o Shakira, acaba de empezar una relación. Eso sólo me reafirma que estamos muy jóvenes, que el dolor es inevitable y el sufrimiento es opcional, y que todo va estar bien.

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