(12 de junio, 2014).- Según se hace creer en las monarquías, la designación de los reyes tiene su dosis de divinidad, de selección y bendiciones provenientes de la punta, de la cumbre del creador. Y, al parecer en México esta condición ha descendido hasta los gobernantes, y el gran cambio es que también sus cortes han alcanzado las bondades divinas. No hay registros de un solo miembro de la gran casta de gobierno, ya sea municipal, estatal o federal que viva en las condiciones que lo hace la clase media, la de los profesionistas y de quienes tienen bajo su responsabilidad diversas áreas en la conducción de empresas. Los ejemplos sobran y, al observarse con detenimiento, nos obligan a creer que es muy difícil sacar adelante a un país que lleva años contaminado por corrupción y abusos, en el cual mentir, jurar cumplimiento, falsear, es cotidiano y forma parte del panorama en la pérdida de valores que se presenta.
Los problemas tanto económicos como sociales tienden a crecer aceleradamente, vamos apresurados para recoger el campeonato en inseguridad llevando como prueba un registro de muertos que supera a los contabilizados en distintas guerras durante el siglo pasado. La crisis educativa ya no solo apunta hacia la enseñanza y esos cambios que, de haber resultado buenos habrían arrojado al mercado laboral a titulados en condiciones competitivas en cualquier parte del mundo, sino que enfrentamos el acoso, la violencia, lo que los gringos llaman bullying, sin tener ni la más remota idea de cómo combatirlo, prevenirlo, erradicarlo que no sea con discursos, penalizaciones, acuerdos entre partidos, más leyes y, por supuesto, un fracaso garantizado.
Si tomamos solamente un renglón, el de salud, tenemos información que resulta apabullante, que rebela que los presupuestos se usan para la satisfacción y buena vida de unos cuantos en tanto que para lo medular las carencias se multiplican. Hace un par de días el periódico Excélsior, de circulación en la capital de la República, rebeló que durante el primer año de mandato de Enrique Peña Nieto, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) pagó en salarios y prestaciones seis veces más que lo que tienen presupuestado para el 2014. La cifra alcanzó los 142 mil 516 millones y de ella se conocerán algunos rubros el último día de este mes cuando ese Instituto rinda su informe ante los legisladores.
Tienen en total 441 mil empleados de los cuales 364 mil 476 están sindicalizados y por lo tanto tienen “planta”. Y veamos cómo les llegan las bendiciones: en tanto que estos trabajadores deben atender a casi 59 millones 512 mil 963 derechohabientes, es decir que contando hasta al personal de limpieza les tocarían 135 a cada uno –de ahí la carga que tienen los médicos y las enfermeras la cual no es simulada ni falsa y mucho menos puede pretenderse que tenga la calidad que se reclama, además de que la atención se convierte en hostil después de tan intensas jornadas de trabajo- los directivos instalados cómodamente en oficinas con aire, café, teléfonos, secretarias, mandaderos, choferes, tienen sueldos que rebasan los 100 mil pesos, aunque esta cifra palidece cuando se conoce el monto de las compensaciones que llaman “de ley”.
Están otros ejemplos en los cuales el directivo gana 41 mil 268 pesos, pero al final y con lo que marca su compensación garantizada, la percepción alcanza los 194 mil 148 pesos con 30 centavos, es decir dos veces más que el salario que su tabulador exige debe pagarse por las funciones que se realizan. Son decenas de renglones que se afectan con estos pagos que sin duda alguna repercuten en la escases de medicamentos, en esa quiebra que una y otra vez expone el IMSS producto de estos abusos que se hacen con tal de favorecer a los del círculo más cercano del primer responsable de las dependencias y del país. A esto se deben agregas los sobreprecios en la compra de equipo, las contrataciones directas por mantenimiento y limpieza en hospitales; el área de seguridad que ya también amerita otro tipo de asignación, etcétera.
Como se encuentran las cosas en esta dependencia se registran en muchas otras, en todas. Salud y Educación han sido hasta hoy las más señaladas, pero si nos vamos al otro extremo, las fuerzas armadas tienen también sus movimientos irregulares, los que hablan del enriquecimiento de las altas esferas castrenses. No es fácil sacar adelante a un país infiltrado por tantos grupos con intereses muy propios que, estando lejos de los grandes, logran en conjunto superar cualquier cifra de las que puedan adjudicárseles a los que operaron la compra venta de Banamex, o de la cervecera, o de todas las importantes que han estado en la Bolsa Mexicana sin pagar un céntimo de impuestos. El saqueo es pues gigante y en todos los órdenes.

