spot_img

El fut, el deporte y los niños de hoy

- Anuncio -

Proyecto Diez / @ProyectoDiez

(16 de junio, 2014).- Cuando tenía ocho años empecé a jugar fútbol con otros niños más o menos de mi edad que sabían hacerlo mejor que yo, era divertido aunque solo por casualidad me llegara la pelota y me costara mandar un pase a mi equipo o meter un gol; si alguna vez lo hice no logro recordarlo.

Por lo regular, era yo la única niña en el partido y los chicos no parecían molestarse de que jugara, salvo los que se lo tomaban muy en serio y se enojaban de que desperdiciara los pases, pero eso era más bien raro porque no pasaba de risas, de que siguiéramos sin reproches o de que nadie me pasara el balón salvo por accidente. Jugar fut, como sea, era mucho mejor que echar porras. Con los años las cosas no cambiaron tanto, pues nunca destaqué en el deporte.

Probé el volibol, el beisbol, el fútbol americano, el frontón, el basquetbol, hasta el ajedrez, todo me gustaba un tiempo pero uno por uno los fui dejando porque no era para ellos ni ellos para mí. Quizás el básquet fue lo que más me gustó, pero no el juego en sí, sino anotar canastas de tres puntos. Era buena encestando, solo que en lo demás era bastante débil, no podía esquivar, ni robar el balón. A lo mejor por eso se me ha quedado a la fecha tirar basura o pañales desechables desde lejos.

En aquellos tiempos, las modas que se presentaban en la tv llegaban a los condominios donde viví: si estaba el Mundial, jugábamos todas las tardes fútbol; si estaba de moda el yoyo, el yoyo; luego fue el trompo, la bici… Los patines ni la patineta pegaron porque la mayoría de nosotros no tenía.

Cuando eran las Olimpiadas me acuerdo que los vecinos nos inventábamos las nuestras; cada quien escogía un país y lo representaba en salto de longitud, ciclismo, atletismo, lanzamiento (de piedra, claro) y cosas así. Teníamos el detalle de obsequiar monedas de chocolate que representaban las medallas del primero, segundo y tercer lugar.

Mucho significó para mí aprender a andar en bicicleta. Tuve una que me duró toda la infancia y parte de mi adolescencia, era una Bimex gris con tonos plateados y rosas muy bonita. Muchas veces me caí intentando dar saltos, soltando el volante, bajando las banquetas, o compitiendo al rebasar la velocidad que realmente podía controlar. No, no fui ciclista, pero si había algo comparable a columpiarme, era dar vueltas sola en mi bici. Son las mejores sensaciones que recuerdo cuando niña. En el fondo de mi corazón, deseo que cuando mis hijos crezcan haya niños con quién jugar, en lugares seguros, y que no tengan que quedarse en casa viendo tv o jugando videojuegos. Que se diviertan y sean niños saludables, eso quiero para ellos, para la niñez de hoy.

- Anuncio -spot_img

MÁS RECIENTE

NO DEJES DE LEER