Proyecto Diez / @ProyectoDiez
(20 de junio, 2014).- Desde que vi un concierto de Molotov donde el público en Rusia coreaba “Puto”, entendí que el argot mexicano ya estaba dando la vuelta al mundo. Ni puta idea tiene un niño (o un extranjero) de su significado polivalente, que es precisamente lo que lo hace sonar divertido, ofensivo, inofensivo, exagerado o denigrante, según el caso.
Hasta en diminutivo cobra distintas connotaciones dependiendo de la intención y el contexto.
Creer que puto se le dice únicamente a un homosexual con la intención de ofenderlo, denigrarlo y discriminarlo, no está del todo equivocado, pues en efecto el mexicano lo puede usar para eso. Pero también puede, por ejemplo, referirse a los cobardes, sean o no homosexuales. Su uso es mucho más basto. Incluso una amiga escribía en su facebook: “Hoy tuve un mal día. Putos todos”. ¿Qué significado le darían? O en medio del tráfico, uno a uno, vas esquivando los carros y con tu voz interna les dices “¡quítense, putos!”.
Por supuesto, hay que saber cuándo conservar los modales porque ciertamente es parte del lenguaje vulgar y soez. No le vas a decir en su cara “pinche puto” a tu jefe que te acaba de amenazar con correrte de tu puesto. Ni vas a decirle en el salón de clases a tu maestro que tu compañero es un puto por delator. Comúnmente lo usamos entre amigos, aunque también lo llegamos a usar para atacar a alguien que no nos cae bien.
Y es curioso, pero lo mismo puede emplearse de una forma ofensiva o inofensiva. Me imagino una pelea de niños donde el más fuerte le grita al otro “eres un puto” y un público viendo la pelea corea repetidamente “puto, puto, puto”. La ofensa es clara. En cambio, me imagino un loco en tribuna gritándole enojado al portero contrario ¡Puto!, y la gente de alrededor riendo por la forma como lo dijo. Después, poco a poco, más y más aficionados lo empiezan a gritar divertidos cada vez que el portero saca desde su portería y el grito inofensivo hace reír a todos. Se hace moda y luego se convierte en un coro permanente, que vulgar o no, se oye en todos los estadios, al grado de que hasta los porteros ya saben que fuera de casa es un modo de presión tan inofensivo que ya ni los desconcentra. Es una ola de eeeeh… puuuto, que sale con emoción del país para internacionalizarse, aunque no todos lo aprobemos, justifiquemos o entendamos.


