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El debate sobre el uso de “puto” en los estadios

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Proyecto Diez / @ProyectoDiez

(23 de junio, 2014).- La FIFA se está metiendo en camisa de once varas al pretender sancionar a la Selección Femexfut por lo que gritan sus aficionados en la gradería. Desde el principio, homosexuales son unos y putos son otros. En el afán de ofender y hasta de criminalizar es que a los homosexuales se les tildó de putos, pero ambas palabras nunca fueron sinónimos e incluso, en los diccionarios modernos, la acepción que liga a puto con homosexual ha comenzado a desaparecer al ritmo que la diversidad sexual ha ido recuperando sus derechos. Cuando la FIFA afirma que el aficionado comete un acto racista al gritar “¡Puto!” en el despeje del portero rival, en el fondo lo que hace es afirmar que para la federación tal sinonimia sí existe. Y eso es incluso más grave que el grito mismo. No aclares que oscurece, compadre. Dicen los muy enterados que “el grito de guerra” nació hace unos 15 años en las graderías del estadio Jalisco; y que estaba dedicado al portero Oswaldo Sánchez, aparentemente vistó por la afición tapatía como un prostituto de la cancha al venderse de la cantera atlista al Club América y luego a las Chivas. Y que de ahí, cual grito de “¡Cácaro!”, surgió la “tradición” de gritarle puto a cualquier portero al hacer el despeje. El lenguaje es el depósito de la cultura. En aquel entonces es muy probable que la explicación que ahora le da la Conapred a la FIFA, sobre los significados del grito, tuviera plena vigencia… “El grito de ‘puto’ es expresión de desprecio, de rechazo. No es descripción ni expresión neutra; es calificación negativa, es estigma, es minusvaloración. Homologa la condición homosexual con cobardía, con equívoco, es una forma de equiparar a los rivales con las mujeres, una forma de ridiculizarlas en un espacio deportivo que siempre se ha concebido como casi exclusivamente masculino.” …porque ahora el grito de “¡Puto!” ya ni siquiera va dirigido a la persona del portero, sino al tiro que hace. Más que para insultar, es un grito para “salar”. Y porque ahora, transcurridas tantas batallas de la comunidad homosexual, el viejo estereotipo del “loca”, promiscuo, pasional, cobarde, ha quedado bastante maltrecho y es sostenido solo por necios; y entonces los usos y abusos de la palabra puto, utilizada como insulto hacia ellos ha comenzado a cambiar. Lentamente quizá, pero siempre al ritmo en que la misma cultura cambia. Todavía se hacen las cosas en putiza, con la urgencia de la prostituta que quiere terminar un acto que no le significa nada más allá de cumplir un compromiso profesional. Y, como negarlo, se dan y reciben putazos, que tenían el sentido de los golpes que podrían aparecer en medio de una riña pasional; pero en el uso los putazos ya no se distinguen de los madrazos, que se recibían como correctivo a una mala conducta. Se habla del “puto dinero”, tan promiscuo que es; y todavía se puede no tener “ni un puto peso”, tal vez dicho con la intención minusvaloradora a la que alude la Conapred. Por el contrario, se tienen “un putero de cosas”, aludiendo a una cantidad inusitadamente grande de elementos reunidos, cual putas en un lupanar que se respete como tal. Y también se habla del “puto calor” y los “putos problemas” como aquello que es molesto, pero tan irremediable como el oficio más antiguo del mundo. Pero, más recientemente, se incluye como expresión de asombro ante un logro inusitado: “¡Aaah, puuto!”. Y como saludo entre amigos muy cercanos: “¿Quihubo, puto?” Y por supuesto, como broma pesada: Puto, el que lo lea.

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