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Mercado de Jamaica: albergue de flores, luchas y recuerdos (Fotos)

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Freddy G. Camacho Basaldúa

(04 de julio, 2014).- En la Ciudad de México se alberga uno de los mercados más icónicos de la cultura popular que se muestra fuerte, presume sus colores y sus olores en toda la mancha urbana. Bajo el lema “Jamaica VIVE”, sus comerciantes se postran orgullosos de su lugar de origen y respetan a lo que muchos llaman su segunda familia.

Para Salvadora Romero hablar de Jamaica es conversar con la historia, sus ojos cansados y  su sonrisa contagiosa nos cuenta su gran peregrinaje por los mercados de la Ciudad de México: “Desde muy chiquita vendía flores en la Merced, después en La Soledad y los últimos 56 años de mi vida los ha dedicado a trabajar en Jamaica” sin fines de semana, ni vacaciones. Los años han pasado, la vida ha transcurrido entre flores de todo tipo y tamaño, mismos que le han brindado la dicha de sacar adelante a su familia como madre soltera.

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Con la voz rasposa nos remonta al terremoto de 1985, cuando los comerciantes sufrieron la pérdida de su lugar de trabajo y peor aún, afrontaron lo que parecía un desalojo inminente, las autoridades habían tomado la decisión de reubicar a los mercaderes en la flamante Central de Abasto, ubicada en la delegación Iztapalapa, a lo cual, los locatarios pusieron un alto. Para ellos no era una opción, por lo cual lucharon por su lugar de trabajo, por su origen y su sentimiento de arraigo y pertenencia.

Las manifestaciones no se hicieron esperar, José Manuel Espinosa, productor de flor de campo, comentó a Revista Hashtag que él y siete compañeros se trasladaron a vender a la Central, pero una llamada de auxilio de sus compañeros provocaron que se organizaran y regresaran a luchar por su mercado: Plantones en el Zócalo y marchas a la Cámara de Diputados se vivieron a flor de piel, “la perseverancia, las ganas, el coraje, es lo que ha mantenido el amor al mercado”.

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Jamaica Vive y pisa fuerte, en sus venas transcurren aproximadamente 5 mil tipos de flores y plantas, las cuales se distribuyen en diferentes formas y presentaciones. Los vendedores, los productores de flor de invernadero, los productores de flor de campo conviven en un mismo lugar, que los arropa y los exhibe para el deleite de las pupilas de los marchantes.

Evelia Hernández presume su local, sus rosas de campo amontonadas, con sus colores rojos, rosas y naranjas se postran ante el público expectante, orgullosa por su trabajo y su dedicación nos instruye en el mundo de la flor: “La rosa de campo, tiene sus ventajas y desventajas con una flor de invernadero, pero uno de sus pros es que tienen aroma, desde un olor endulzante a durazno hasta una fragancia tenue pero que deleita a cualquiera”.–La rosa no se desperdicia, Evelia les da vida artificial, los pétalos retirados para mejorar la presentación de su producto son utilizados para la creación de jabones, shampoos y aceite de rosas.

José Manuel, productor de rosa de campo del estado de Morelos, nos explica que las condiciones climatológicas de la entidad les permiten sembrar sin preocupaciones a la intemperie, a campo abierto, ya que tienen una constante de 25 grados centígrados, “las variedades de rosas van cambiando, ahora sólo persiste una rosa aromática  que es  la Mr. Lincoln”.

En 36 años de productor y comerciante Manuel comparte su amistad con sus clientes y compañeros de trabajo: “Jamaica es mi vida, convivo con mis compañeros todo el día, prácticamente es mi segunda familia y de los clientes es tan constante la convivencia que ya no es tanto lo que les vendes, sino realmente la amistad que llegas a cultivar a través del tiempo. Prácticamente te haces de mucha familia”.

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La flor nace de distintas maneras, una de ellas ya acapara el mercado que es la producción en invernadero y Alejandro Pedroza cultiva de esta manera desde hace 20 años en Villa Guerrero, Estado de México, “la rosa es un producto muy noble, y al ser un producto perene (que se cultiva una sola vez) lo puedo tener por 20 años pero se tiene que ir cambiando porque tenemos que ir a la moda”.

“El mercado Jamaica es un parteaguas y te puedo asegurar que es el que más tradición tiene en todo el país, tanto es así que los productores que están en la Central de Abasto iniciaron aquí, todos iniciamos aquí, nos heredaron el trabajo y gracias a nuestro oficio hemos podido salir adelante nosotros y nuestras familias”, asegura con una sonrisa cálida Alejandro Pedroza.

Pedroza nos comenta las ventajas de su producto y la gran distribución que puede tener en diferentes plazas de la república como Guadalajara, Monterrey, Sinaloa, Quintana Roo por mencionar algunos lugares, pero a raíz del problema de la inseguridad, se incrementa el factor de riesgo, por lo cual espera que se normalice la situación en el país para ir a ofertar sus productos a otros lugares.

Pero como todo producto, se puede mejorar su presentación y Francisco Oseguera es un artista en su trabajo, con sus manos ágiles y su creatividad le da otra presentación a un puñado de flores de diferentes tamaños, colores y formas, originario de Oaxaca llegó desde temprana edad para quedarse.

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“Llegué recomendado, e inicie tirando basura, haciendo limpieza, después pase a ser diablero (cargar las flores) y por último y lo que más me costó trabajo fue a hacer arreglos de flores, aprendí viendo como los hacían y me tardé tres años en aprender a dominar lo que ahora orgullosamente es mi trabajo”, comenta mientras se dedica a su faena.

Los arreglos florales tienen sus precios dependiendo las flores con las que son creados, entre más flores exóticas tienen el costo aumenta, desde los 100 pesos a los 600 son los costos más comunes dentro del mercado.

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Nos explica Francisco: “he tenido la oportunidad de vender arreglos en florerías en residenciales y los precios llegan a ser ridículamente caros”.

Y agrega: “Jamaica me ha dado todo, construí mi casa en Oaxaca por mi trabajo, he conocido partes del país, he trabajado en florerías para gente rica y siempre he regresado a mi mercado, porque es donde estoy cómodo, donde está mi familia”.

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La gente que trabaja entre flores parece vivir en un paraíso, pero como todo trabajo la rutina y el cansancio se hacen presentes, pero se sienten “bendecidos” por estar en un mercado que les ha dado todo, como las antiguas trajineras que llegaban de Xochimilco a vender sus productos a las camionetas que llegan de todos los puntos de la república a vender “felicidad” en diferentes tonos y colores, eso es Jamaica Vive, de acuerdo con los entrevistados.

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