Por Guillermo Fabela Quiñones
(11 de julio, 2014).- El gran problema de México en estos momentos está en que la oligarquía tiene absolutamente decidido el rumbo del país, en el cual sólo sus intereses cuentan. Así lo corrobora la aprobación de las reformas en telecomunicaciones y la energética, hechas a modo de los grandes intereses que se han fortalecido explotando en su exclusivo beneficio los medios electrónicos, así como lucrando a la sombra de Pemex. Lo más dramático del caso es que están decididos a crear condiciones que permitan hacer más lucrativos negocios en los años venideros.
Como bien señaló Manuel Bartlett, coordinador de la bancada del Partido del Trabajo (PT) en el Senado, al retirarse de la sesión en la que se “discutieron” las leyes secundarias en materia energética: “No vamos a ser parte de esta farsa”. Eso es en realidad lo que está aconteciendo en el Congreso: una farsa con fines propagandísticos para presumir en el exterior que hay democracia en México. La mayoría de la derecha, representada por el PRI, PAN, Partido Verde y “Los Chuchos”, sólo hace de comparsa en una parodia legislativa que se podrían haber ahorrado. No lo hicieron porque quieren aparentar que hay una real división de poderes.
En materia de telecomunicaciones, los monopolios privados seguirán intocados y hasta recibirán mayores beneficios, tanto el duopolio televisivo como el consorcio de Carlos Slim. Por ejemplo, al cierre del segundo trimestre del año, Televisa realizó ventas por 19 mil 344.4 millones de pesos, que representan un incremento de 7.1 por ciento con respecto al mismo periodo del año pasado, según el reporte que presentó dicha empresa a la Bolsa Mexicana de Valores. Asimismo, reportó un crecimiento de 6 por ciento en sus ingresos de publicidad, que sumaron 6 mil 264.7 millones de pesos.
Los legisladores que votaron en contra de las leyes secundarias sólo demostraron su impotencia ante los hechos consumados. México perdió la oportunidad de ser un país democrático, a partir de los doce años que estuvo el PAN al frente del Estado. El PRI regresó al poder, en 2012, con más ambiciones y afanes renovados de aprovecharse del pueblo, tal como lo está demostrando con la complicidad del partido blanquiazul y sus compinches. Como bien decía una de las mantas desplegadas por legisladores del PRD ajenos a “Los Chuchos” “Los poderes fácticos los doblaron. ¡Vendidos!”, en referencia al grupo de “legisladores” que obedecieron las instrucciones de Los Pinos.
Esta es una realidad incontrastable, lo que urge dilucidar es cómo revertirla en beneficio de las clases mayoritarias, con el fin de crear condiciones para que haya algunos avances democráticos en el país, por ahora cada vez más lejanos. La única posibilidad es mediante una organización firme, incorruptible, de una vanguardia que lidere al pueblo en defensa de sus intereses básicos, como son el derecho al trabajo, a comer tres veces al día, a una educación gratuita hasta nivel superior, derechos que le han sido conculcados por la inagotable voracidad de una minoría mezquina que supone que la nación es de su propiedad. Así se lo ha hecho creer una clase política inescrupulosa e igual de voraz, cuyo cinismo no tiene límites. ¿Qué decir de Heriberto Galindo, aspirante a ser gobernador de Sinaloa, quien no tuvo empacho en afirmar que la ley en materia de telecomunicaciones es “patriótica y visionaria”?
Por eso es fácil pronosticar que los años venideros serán muy difíciles y complejos, no sólo para las clases mayoritarias sino para el país en su conjunto, por el predominio hegemónico de una élite oligárquica que no tiene límites a sus ambiciones. Serán menos duros y problemáticos en la medida que se organice un gran frente amplio opositor, donde no quepan oportunistas ni traidores, porque será la última oportunidad para evitar una violencia incontrolable. Por eso es vital que el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), surja a la vida política con un proyecto muy claro de su responsabilidad como factor fundamental para enderezar el rumbo del país y encauzarlo por caminos democráticos, hasta ahora negados.
Las clases medias, los empresarios no pertenecientes a la oligarquía, deben comprender que Morena será la única opción real para luchar por sus legítimos intereses. No deben dejarse embaucar por la propaganda de la derecha, que pintará a la izquierda verdadera con tintes demoniacos.


