Roberto González Treviño / Colaborador
(22 de julio, 2014).- Los trastornos bipolares no tienen predilección por la raza, el sexo o el origen étnico.
Si bien pueden ocurrir a cualquier edad, son más comunes en personas menores de 25 años.
Anteriormente conocida como enfermedad maniaco-depresiva, se trata de un trastorno del estado de ánimo caracterizado por la presencia de cuadros depresivos y episodios de manía en el tipo 1 o hipomanía en el tipo 2.
La fase depresiva, en ambos tipos de trastorno bipolar, se caracteriza por presentar los síntomas:
- Tristeza o estado de ánimo bajo diariamente
- Dificultad para concentrarse, recordar o tomar decisiones
- Problemas en la alimentación
- Fatiga o desgano
- Sentimiento de minusvalía, desesperanza o culpa
- Pérdida de interés en actividades que alguna vez disfrutaba
- Pérdida de la autoestima
- Pensamientos de muerte y suicidio
- Trastornos del sueño
- Alejarse de los amigos o las actividades que disfrutaba
La fase maníaca del trastorno bipolar tipo 1 puede durar de días a meses y tiene como síntomas:
- Distraerse fácilmente
- Poca necesidad de sueño
- Control deficiente del temperamento
- Agitación o irritabilidad
- Comportamientos imprudentes y falta de autocontrol, como:
- Deficiente capacidad de discernimiento
- Promiscuidad
- Gastos exagerados
- Estado de ánimo muy elevado
- Hiperactividad
- Incremento de la energía
- Pensamientos apresurados
- Hablar mucho
- Autoestima muy elevada
En las personas con trastorno bipolar tipo 2, los síntomas de manía son similares, pero menos intensos.
El trastorno bipolar es un padecimiento heredable. El inicio y el curso del padecimiento puede verse afectado por un evento traumático en los primeros años de vida, diversos acontecimientos, el alcohol y el abuso de drogas. En el tratamiento para el manejo de la depresiónbipolar se emplean diversos fármacos, así como psicoterapia, para ayudar a cambiar conductas destructivas y mejorar sus vidas. La duración de los distintos tratamientos no ha sido consensuada.
Las complicaciones de suspender el medicamento o tomarlo de manera equivocada puede provocar que los síntomas se presenten de nuevo y llevar a diferentes complicaciones, como alcoholismo y/o drogadicción, problemas con las relaciones interpersonales, el trabajo y las finanzas, pensamientos y comportamientos suicidas y deterioro cognitivo debido a episodios recurrentes.


