(28 de julio, 2014).- A través de una entrevista que el doctor en sociología y autor de varios textos sobre los medios de comunicación, Javier Esteinou Madrid, concedió al diario La Jornada, señaló con acierto que hoy la Radio y la Televisión conforman “La Cuarta República Mediática”.
La más reciente Reforma en Radiodifusión y Telecomunicación que el Congreso de la Unión aprobó, sólo reafirmó lo evidente: el poder de las televisoras rebasa al del gobierno y los partidos políticos. Su fuerza es tal, sostiene el catedrático, que “ya ni siquiera podemos hablar de poderes fácticos ni de telecracia, porque tales conceptos se quedan cortos. Los medios forman parte ya el corazón del Estado”.
Lo factores que poco a poco hicieron posible el fortalecimiento y crecimiento de las televisoras fueron el desmantelamiento del Estado mexicano con las reformas estructurales que comenzaron a partir de los años ochenta del siglo pasado (cuyos huecos fueron poco a poco llenados con cotos de poder regionales y económicos), la firma del TLCAN, una transición política accidentada y una clase política desinformada de los asuntos públicos y carente de capacidad crítica –no así de los beneficios económicos.
Televisa y TV Azteca, que son los máximos exponentes del poder mediático aunque no los únicos en el país, hoy son capaces de construir y destruir candidaturas en las campañas políticas, modificar la forma de gobernar, fijar el desarrollo económico del país, las políticas públicas y las reformas legales, hasta cambiar la identidad nacional y modificar hábitos alimenticios, los valores familiares y las relaciones sociales.
Asistimos a la consolidación de la versión vernácula del ultraliberalismo como “el imperio de la economía por encima de la política, el poder de los medios de comunicación y el desmantelamiento del estado de bienestar”.
En este contexto, donde el poder mediático es capaz de poner de rodillas al poder político y erigirse como “el poder de los poderes públicos”, lo que se pretende es perpetuar la desinformación, la banalidad, la enajenación de un modelo mediático, y mantener los negocios entre políticos y empresarios. Algo que desde luego es inadmisible.
Para hacer frente a esta situación es necesario organizar a la gente y construir un Estado fuerte que cumpla con sus responsabilidades constitucionales en materia de Derechos Humanos, principalmente el de la información y el desarrollo de su pueblo. De lo contrario, con un pueblo que en el 76% de los casos se entera de política a través de la televisión, lo único novedoso dentro de cuatro años serán las dos nuevas cadenas de televisión que podrían apoyar a un candidato distinto al de Televisa, pero la regresión, la frustración y el desasosiego seguirán siendo norma de vida.

