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¡Adiós a la harina, adiós a la panza!

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Por Salud 180

(06 de agosto, 2014).- Fuente de delicias, la harina ha estado presente en la alimentación humana desde siempre. Pero en los últimos tiempos se la ha sentado en el ban­quillo de los acusados, y pareciera que el veredicto acerca de su inocencia o culpabilidad aún no está del todo definido. Y es que según cómo y en qué cantidad consumamos alimentos elaborados con harina, esta última podrá afectarnos y sacar a relucir una prominente “panci­ta”… o no.

Para comenzar a hacer un uso responsable de este ingrediente estrella de tantos manjares, le damos algunos consejos y le proponemos un plan de siete días sin harinas. Así podrá reducir la hincha­zón abdominal, y valerse de otros alimentos que en el futuro lo ayudarán a controlar ese impulso por comer productos deriva­dos de este tradicional grupo alimenticio.

“Adicción” a las harinas: ¿a qué se debe?

Quienes creen que la harina es adictiva no están del todo equivocados. Sepa por qué.

Muchas personas dicen ser “adictas a las harinas” por no poder controlarse frente a este tipo de ali­mentos, o sentirse antojadas por ellos a toda hora y todo lugar. Y no es una declaración completa­mente errónea. De hecho, existen motivos relacio­nados con la química básica cerebral que ayudan a explicar por qué la harina puede encerrarnos en un círculo vicioso.

Las harinas refinadas son fuente de carbohidratos simples, por lo tanto, elevan rápidamente el nivel de glucosa en sangre causando una importante liberación de insulina. Pero pronto se experimenta una caída abrupta de azúcar, y aparece nuevamen­te la sensación de hambre. Además, los productos a base de carbohidratos refinados, como la harina blanca, activan mensajeros cerebrales de bienestar (dopamina, serotonina, canabinoides y opioides), por lo cual se tornan muy tentadores y pueden llevar a la persona a volverse “adicta”, dado que la búsqueda de esa placentera sensación la impulsa a seguir repitiendo el estímulo.

Serotonina: la protagonista oculta

La serotonina es un neurotransmisor que, entre otras cosas, reduce la ansiedad, controla el apetito y la com­pulsión por los hidratos de carbono simples, entre los que se encuentran las harinas refinadas. Su déficit puede ser la antesala a una conducta compulsiva hacia las harinas, y a este cuadro se le llama síndrome de deficiencia de serotonina. Sus factores desencadenante son el estrés, una dieta pobre en nutrientes, falta de ejercicio y la predisposición genética.

Ahora bien, cuando existe una disminución de serotonina, la persona experimenta un estado de ansiedad, irritabilidad, vulnerabilidad y/o tristeza. Asimismo, la bajada de glucosa en sangre debido al estrés prolongado y a una alimentación desordenada provocan que el cuerpo pida urgen­temente energía y algo gratificante. Aquí entran en escena los productos elaborados a partir de la harina refinada, ya que estos tienen la capacidad de provocar una grata sensación de tranquili­dad (pasajera, por supuesto) que termina con el nerviosismo. De este modo, dejan una huella en nuestro cerebro que recurrirá siempre a estos alimentos ante situaciones similares.

La solución

El síndrome de deficiencia de serotonina puede rever­tirse, evitando así caer en un comportamiento adictivo hacia las harinas.

• Su diagnóstico se obtiene a través de un análisis de orina, con el cual se puede detectar la deficiencia de serotonina.

• En cuanto a su tratamiento, ante la presencia de serotonina baja, se le proporciona al pa­ciente esa sustancia en forma de precursores para que las neuronas la incorporen y deje de estar en falta.

Exceso de harina en la dieta: sus consecuencias.

Los extremos nunca son buenos. Aquí le contamos por qué no debe abusar de este alimento.

Celulitis:

para deshacerse de la odiada piel de naranja, hay que limitar la ingesta de productos hechos a base de harina refinada, ya que su alto consumo aumenta la síntesis de tejido adiposo. Esto fomenta la acumulación de células adiposas en la hipo­dermis (la capa más profunda de la piel, que se compone de células grasas), dando como resultado la molesta celulitis.

Diabetes:

las harinas refinadas son carbohidratos refinados, y estos poseen un alto contenido de azúcar y almidón. Es por ello que, una vez en el organismo, incrementan los niveles de glucosa en la sangre provocando un aumento de insulina y un sobreesfuerzo del páncreas. En consecuencia, consumir regularmente alimentos derivados de las harinas refinadas y azúcares aumenta los riesgos de desarrollar diabetes.

Sobrepeso:

los carbohidratos refinados contienen muchas calorías vacías (es decir, sin nutrientes) las cuales no logran brindar sensación de saciedad. Por el contrario, como se dijo antes, genera más antojo por sus alimentos derivados. Si satisface­mos sin miramientos tal deseo por este tipo de carbohidratos refinados, lo más probable es que nuestra figura sufra las consecuencias, especialmente en la zona del abdomen.

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