El candidato de izquierda, al frente de la coalición Juntos Haremos Historia, está cerca de llegar a la presidencia de México. Es un líder con vocación social, pero también un político pragmático, contradictorio y tenaz. Si resulta victorioso, Andrés Manuel revelará si es el presidente del cambio o el caudillo que muchos mexicanos temen, afirma contundente el analista Guillermo Osorno.
“En una cantina de moda en Ciudad de México, la coordinadora de campaña del candidato del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Tatiana Clouthier, encantaba a la audiencia joven y de clase media con su estilo franco y desenfadado. Clouthier le ha dado una cara fresca al modo más bien tosco y jactancioso de su jefe, Andrés Manuel López Obrador, el aspirante con mayores posibilidades de ganar las elecciones presidenciales en México. Hija de un excandidato a la presidencia, es parte de una familia de empresarios, también es integrante de la élite de la ciudad de Monterrey, uno de los centros industriales más ricos del país. Esa noche, hace unas semanas, contaba que después de acercarse a López Obrador, mejor conocido como AMLO, y romper con el Partido Acción Nacional (PAN), se había dado a la tarea de hacer proselitismo a su favor entre la élite del norte del país y más tarde se convirtió en la coordinadora de la campaña”, señala en su artículo de el New York Times, Guillermo Osorno.
Señala que, días después de la reunión, el periódico El Financiero publicó una encuesta que le daba una ventaja de veinte puntos a López Obrador en las preferencias electorales. No era la primera vez que AMLO aparecía de puntero. “Lo revelador de la encuesta era que el candidato había conseguido crecer la intención de voto precisamente entre los electores del norte, que normalmente optan por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), de centro, o el PAN, a la derecha”.
Añade que, “a un mes de las elecciones, la llegada de López Obrador a la presidencia parece inevitable. Las circunstancias lo favorecen de tal manera que parece que su gran problema será el tamaño de su éxito. La encuesta del despacho de opinión pública Parametría lo coloca con el 54 por ciento de la preferencia efectiva y otras mediciones recientes, como la de Consulta Mitofsky, sugieren que su coalición, Juntos Haremos Historia, se llevará también el Congreso. México podría estar a las puertas de un replanteamiento de su mapa político comparable con el ascenso de Margaret Thatcher o Ronald Reagan en sus respectivos países, o con la llegada de Carlos Salinas de Gortari; personalidades que realinearon las alianzas políticas y las prioridades nacionales, con un entorno internacional también cambiante”.
Osorno escribe que: AMLO es una ave rara en la política mexicana, tiene un largo recorrido como líder social. El estilo político de López Obrador contrasta con el perfil tecnocrático de José Antonio Meade y Ricardo Anaya, los candidatos del PRI y el PAN: conecta bien con su electorado, que no solo está en las clases populares, sino también entre los jóvenes y los sectores más educados de la sociedad, y tiene una gran capacidad de dominar la conversación pública.
AMLO defiende algunos valores de la izquierda, como la preocupación por la desigualdad y la pobreza y la convicción de que es necesaria una mayor presencia del Estado en la economía para fortalecer el mercado interno. También cree en la austeridad de la burocracia y la probidad de los políticos; él mismo se presenta como una encarnación de ambas virtudes.
“Es un cristiano al que no le preocupa especialmente la política de género, como los derechos reproductivos o de las minorías sexuales. Es un nacionalista, descree de las fórmulas políticas y económicas impuestas desde fuera y piensa que las soluciones están en la historia de México, lo que también lo convierte en un mitógrafo audaz. Como muchos otros populistas, dice tener una conexión directa con el pueblo y en varias ocasiones ha usado su capacidad de movilización como su mejor argumento”.
Osorno señala que, el PAN y el PRI tampoco se aliarán esta vez para enfrentarlo. Así que, después de dieciocho años de prepararse para este momento, Andrés Manuel López Obrador se encuentra frente a una oportunidad histórica. Ha dicho que su llegada a la presidencia prepara una cuarta revolución en la historia de México; desde su punto de vista las tres revoluciones anteriores fueron la Independencia, las reformas liberales del siglo XIX y la Revolución mexicana.
Esta cuarta revolución promete un gobierno nacionalista, austero y que combata la corrupción y la desigualdad. También busca impulsar una serie de enmiendas constitucionales para modificar la reforma energética, eliminar el fuero de los funcionarios públicos e introducir mecanismos de democracia directa, como el referéndum para revocar el mandato del presidente cada tres años. López Obrador es el único mexicano que se compara con héroes de la historia política mexicana como Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas, que es como decir que encarna a Washington, Lincoln y Eisenhower, señala el periodista.
“Muchos mexicanos deseamos sinceramente un cambio, creemos que el país no puede soportar más desigualdad, corrupción y violencia. Pero también tenemos dudas legítimas sobre la soberbia de AMLO, su elevada concepción de sí mismo como autoridad moral, su entendimiento de los problemas complejos y las alianzas que ha trabado para asegurarse la presidencia.
En estas elecciones López Obrador ha intentado presentar una cara más moderada para ganarse al sector empresarial. Nombró como coordinador del programa de gobierno a Alfonso Romo, un conocido empresario de Monterrey, y presentó hace unos meses a quienes serán los miembros de su gabinete, un grupo plural, con una estricta igualdad de género (ocho hombres y ocho mujeres) donde se encuentran representantes de sectores empresariales, líderes sociales y un equipo económico con posgrados en el extranjero”.
Si gana la presidencia, y también la mayoría en el Congreso, acelerará las enmiendas constitucionales. Su éxito revive el dilema que asusta a tantos mexicanos: si López Obrador será el presidente del cambio o el caudillo de la cuarta revolución mexicana, puntualiza Osorno.


