El amor es la fuerza que nos impulsa para hacer el bien, es la combinación de pensamiento y voluntad que nos posiciona en la plenitud, el amor es la virtud más importante que nos hace entender al “yo” dentro del todos y al “todos” dentro del “yo”.
El amor nos hace proteger nuestra dignidad, buscar el bien común, defender los derechos y nos compromete a la búsqueda del sentido común, mismo que viene de una constancia en preguntarnos todo y no dar nada por sentado.
El amor tiene la fuerza de poder existir hasta en las cosas o situaciones más raras, tiene la facultad de existir en diferentes tipos, tiene gradualidades y el humano ha logrado llevarlo hasta a la virtualización.
El ser humano posee emociones universales, miedo, ira, alegría, tristeza, sorpresa y asco; las emociones son un proceso inconsciente e incontrolable, son parte de nuestro instinto.
Los sentimientos, en cambio, son el fruto de la intelectualización de una o varias emociones.
El amor es un sentimiento al igual que el odio, lo que implica que tienen un grado importante de racionalización, disertación y análisis en mayor o menor medida.
La revolución pacífica que culminó en 2018 con un cambio de régimen fue sorteando adversidades creadas a partir del odio y contrarrestada valientemente con el amor de millones de personas que fueron sumándose a esta, gracias a que entendieron la manipulación y el discurso de odio que el conservadurismo ha ejercido desde hace muchos años en la mente de todos.
Es curioso darse cuenta que los sentimientos, hablando sociológica y políticamente, pueden llegar a compartirse entre contrarios pero siempre desde lugares diferentes; la derecha ama el poder y el dinero mientras la izquierda ama la libertad de conciencias y la igualdad.
Compartir sentimientos no implica que sean lo mismo pues su formación intelectual a partir de las emociones tienen desarrollos antagónicos.
La derecha y ultraderecha en México acusa a las izquierdas y aliados de emprender una campaña de odio en su contra a partir de la exposición en redes sociales de todos aquellos diputados que votaron para trabar la reforma eléctrica, lo cual evidencia que la construcción de cómo entienden el sentimiento de odio desde la derecha está fundamentada en el egoísmo y en la ira, por lo que creen que al llamarlos traidores a la patria viene de un resentimiento, aquí es donde aplica la coloquial frase de “me odian porque soy bonito”.
La derecha es racista y clasista, es hipócrita y manipuladora, fundamenta su accionar en el egoísmo y sectarismo, y carece de toda conciencia ética. La derecha está torcida en sus sentimientos pues ha sido concebida desde el merezco y nunca desde él merecemos.
La derecha es la representante de todos los males del país por simple memoria histórica, por simple accionar presente, por lo que la tibieza de aquellos que aún piensan en darles voz y voto solo para compensar la balanza un poco, si tienen un ápice de cordura, va a tener que tomar un sentido más radical para realmente extirparlos de este país.
La derecha está sobre representada en la cámara de diputados gracias a estos tibios que aún navegan entre su aspiración y las dudas que dejan entrar por parte de los medios hegemónicos, pero que en realidad no están definidos o bien buscaron un voto de castigo.
México no está en un momento como para tibiezas, tiene que radicalizarse hacia el bien común, bien que no se encuentra en la derecha y ultraderecha representada por el PAN, PRI, PRD y el engañoso MC, al igual que en la veleta Verde; México tiene que radicalizar su voto para luego con el paso del tiempo ir nivelando su democracia.
Amar y odiar no es malo, lo que es malo es desde donde se construyen estos sentimientos.


