(6 de octubre, 2014).- A pesar de asumirse como un izquierdista, por su joven cuatrienio en el sol azteca, sin embargo, más de 30 años en las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) son lo que lo caracterizan como “el cacique de la Costa Chica”, apodo que acepta sin reparo, pero que en el marco de la matanza y desaparición de estudiantes normalistas en Iguala, Guerrero –estado que gobierna desde 2011— abonan para que sea señalado como el autor intelectual de uno de los crímenes más escabrosos de la historia reciente.
Criado políticamente en la cúpula priísta desde 1979, y dado a conocer nacionalmente gracias al extinto José Francisco Ruiz Massieu –mandatario guerrerense de 1987 a 1993—, quien lo colocó como titular estatal de Desarrollo Económico en 1987, la carrera de Ángel Heladio Aguirre Rivero ha sido matizada por la muerte, pues quien fuera su jefe fue mandado a asesinar presuntamente por sus propios correligionarios partidistas en septiembre de 1994.
Muerto Ruiz Massieu, Aguirre Rivero tomó el poder en su estado natal en 1996, luego de que el entonces mandatario Rubén Figueroa Alcocer dejara el cargo, con la investigación por la matanza de Aguas Blancas, el 28 de junio de 1995, detrás de él, caso que hasta la fecha sigue sin culpable.
Aguirre por su parte, nacido en el municipio guerrerense de Ometepec en 1956, concluyó su breve mandato en 1999 y siguió cosechando cargos bajo el manto protector del régimen tricolor, gracias al cual pudo ascender como diputado federal de 2003 a 2006, para luego trasladarse al Senado de la República, donde ya vislumbraba su victoria en los comicios estatales de 2010.
Pero algo salió mal, y los planes de Aguirre se vieron frustrados cuando los mandatarios del PRI eligieron a su primo Manuel Añorve Baños por encima de él, lo cual no fue un impedimento en su búsqueda por el poder. Aguirre quería el poder en Guerrero y lo obtendría a toda costa, aun cuando el precio fuese dejar su estado de confort para buscar la candidatura en otro partido, un común denominador de la clase política en México.
De esta forma, su sueño de poder fue fraguado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), principal antagonista de los tricolores, que de igual forma se encontraba deseoso de gobernar un estado más y poder hacer frente a sus principales rivales. En enero de 2011, Aguirre pudo vencer en las urnas a su primo, actual diputado federal del PRI y quien ya había fungido como alcalde de Acapulco en dos ocasiones.
Para lograr el triunfo, Aguirre recurrió a su cuestionada reputación de cacique y tata, como es conocido en algunas zonas del estado por su supuesta condición de político popular y protector, misma que fue construida gracias a las historias que su equipo de campaña se encargó de propagar entre los campesinos, provenientes de los municipios más pobres del país, y faltos de educación en su mayoría, que tal vez vieron en él la solución a todos sus males.
En ese mismo territorio, lleno de desigualdad, hambre, violencia e inseguridad, Aguirre se encargó de edificar su bunker protector, apreciable cada vez que el gobernador se ve envuelto en el ojo del huracán, como el pasado fin de semana, cuando envuelto en la crisis lo medios salieron a defenderlo a ultranza e incluso calificaron la muerte y desaparición de los normalistas como una jugarreta política para desestabilizar su administración.
Sin embargo hoy, cuando ya se ha confirmado la aparición de al menos 17 cuerpos de estudiantes de Ayotzinapa en una fosa común, la responsabilidad de Ángel Aguirre es ineludible, pues si bien el crimen se cometió en el municipio de Iguala, él es la máxima autoridad y ni tentativa renuncia serán suficientes para apaciguar el dolor causado por crímenes calificados como de Estado.

