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Aplastando a un presbítero y por presiones de “alguien”, se le concedió a Angélica Rivera la libertad de casarse con EPN

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(06 de febrero, 2016).- La boda entre Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera se hizo posible a partir de un procedimiento plagado de irregularidades, falsedades y simulación, asegura una investigación de Aristegui noticias en colaboración con Proceso, dada a conocer esta mañana.

El texto señala que la principal implicada es la Arquidiócesis Primada de México, encabeza el cardenal Norberto Rivera, señala que para la realización de dicho enlace matrimonial “se montó una maquinación que le arrebató las potestades de su ministerio sacerdotal al presbítero José Luis Salinas Aranda, quien desempeñaba actividades pastorales en Televisa, para que fuera declarado nulo e inválido el enlace religioso entre Angélica Rivera y su anterior marido, el productor de televisión José Alberto Castro”.

Así el 27 de noviembre de 2010, en la catedral de Toluca, el matrimonio sellaba la inocultable construcción de una candidatura presidencial impulsada desde la televisión, asegura la investigación. Dicha ceremonia fue antecedida por lo que el Tribunal de la Rota Romana, de El Vaticano, calificó como un “craso simulacro de justicia,” según consta en un expediente en poder de Aristegui Noticias y la revista Proceso obtenido semanas antes de la visita del Papa Francisco a México, que se realizará del 12 al 17 de febrero.

Se asegura que jerarcas de la Iglesia, autoridades de la Santa Sede y Enrique Peña Nieto, siendo aún gobernador del Estado de México, tuvieron conocimiento del proceso irregular para anular el matrimonio religioso de Rivera con Castro y la sanción al sacerdote Salinas Aranda.

El recuento de la historia señala que Angélica Rivera y José Alberto Castro vivieron en unión libre desde inicios de 1990, siendo una relación reconocida en los foros de Televisa, siendo ella, actriz y él, productor de telenovelas, procrearon tres hijas, Sofía (1996), Fernanda (1999) y Regina (2005).

Fue hasta 2004 que se casaron en una ceremonia íntima, sin la prensa de espectáculos, en la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima, en la calle Chiapas número 107, en la Colonia Roma. El acta de matrimonio es fechada el 2 de diciembre, en donde se puede leer: “Yo, P. Ramón García López C.R. asistí el Matrimonio Canónico Religioso de José Alberto Castro Alva y Angélica Rivera Hurtado, quienes recibieron las bendiciones nupciales”.

Acompañada de las firmas de la pareja, del padre y sus testigos: Fausto Sáinz Castro, familiar de José Alberto, y tres de las hermanas de Angélica: Elisa, Adriana y Carolina. Un sello de la parroquia validó el acta y, en la esquina superior derecha, se puede leer un pasaje de Mateo 19:6, de la Biblia: “Ya no son dos sino uno solo; luego lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. Imágenes dadas a conocer en la investigación muestran a Angélica, con un vestido blanco sencillo, y a José Alberto junto a su hija Sofía, de entonces 8 años, con la presencia del sacerdote José Luis Salinas y el sacerdote que ofició el enlace.

Nueve días después, el sábado 11 de diciembre de 2004, viajaron con sus familiares y amigos a la playa de Pichilingue, en Acapulco, donde se llevó a cabo una ceremonia “para dar gracias por el sacramento celebrado en la Ciudad de México”. El acto fue oficiado por el sacerdote José Luis Salinas, a quien conocieron en Televisa, donde era llamado “El sacerdote de las estrellas”.

En 2007, Angélica obtuvo el protagónico en la telenovela “Destilando Amor”, que le valió el sobrenombre de “La Gaviota”. Su popularidad la llevó a convertirse al siguiente año en la imagen oficial del Estado de México, que gobernaba Enrique Peña Nieto. Al año siguiente Rivera y Castro firmaron el divorcio por la vía civil.

Aquel mismo año, el 12 de noviembre, Peña Nieto confirmó en el programa Shalalá, que conducían Katia D’Artigues y Sabina Berman en TV Azteca, que él y Rivera sí eran novios. El miércoles 11 de marzo de 2009, Angélica Rivera acudió a la Arquidiócesis, como lo dio a conocer a la prensa el sacerdote José de Jesús Aguilar, director de radio y TV de ese organismo religioso:

“Ella estuvo el miércoles y pudo haber iniciado el proceso, que puede durar uno o varios años. No sabemos si haya ido a pedir información, si ya haya llevado la primera parte escrita que se pide para este proceso o ya esté en una situación más avanzada… La declaración de nulidad matrimonial no tarda un día o dos: es un proceso que lleva un tiempo largo. Sabemos que estuvo ahí, en el Arzobispado, pero ella no ha dicho todavía si ha solicitado la declaración de nulidad o no para que se inicie el proceso”.

Por su parte la hermana de Angélica, Maritza, también declaró a la revista Quién, el 15 de marzo de ese año: “No se trata de una anulación de matrimonio, sino de invalidez porque se casó en la playa y es un trámite que está haciendo por sus hijos”. El trámite no tardó mucho tiempo. El 19 de mayo de 2009, el Tribunal de la Arquidiócesis publicó un decreto que anuló el matrimonio de Rivera y Castro, alegando un defecto de forma canónica, incluida la ceremonia de la playa.

“… el Pbro. Dr. Alberto Pacheco Escobedo, Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico Interdiocesano de México en los términos y con las facultades que concede el canon 1686, declara NULO E INVÁLIDO POR

DECRETO DE FORMA CANÓNICA

El matrimonio que contrajeron José Alberto Castro Alva y Angélica Rivera Hurtado, el día 2 de diciembre de 2004, en la iglesia de Nuestra Señora de Fática de esta Aquidiócesis de México y el que pretendieron contraer el día 11 de diciembre de 2004 en Acapulco Gro.”

“Después de mi divorcio civil, pedí la anulación de mi matrimonio por la Iglesia y hasta entonces me enteré de que la Iglesia no puede hacer válido el supuesto matrimonio de la iglesia de Fátima porque no se corrieron amonestaciones, en la ceremonia del 2 de diciembre no hubo anillo, no hubo lazo y, por si fuera poco, el padre de la iglesia de Fátima que firmó el acta no tenía permiso para celebrar el sacramento. Por eso la Arquidiócesis Primada de México lo resolvió como una ‘falta de forma canónica’, pero la verdad fue un error nuestro porque no sabíamos que se podía presentar esta situación…” dijo Rivera en una entrevista para la Revista Quien.

Por su parte la actriz Verónica Castro, hermana del productor dio una entrevista a la revista ¡Hola!, donde puso en entredicho las declaraciones de Rivera: “¿Ahora resulta que se casaron de mentira…? ¿Ahora resulta que somos una bola de idiotas los que estuvimos aquel día? ¿En qué, en una función de payasos o de circo…? A lo mejor, todo se arregla con dinero o con una relación buena con el posible futuro presidente de México… José Alberto iba a ser sacerdote… Sabía perfectamente lo que se necesita para casarse por la Iglesia”.

En aquel momento también la Arquidiócesis llevó a cabo un proceso en contra del padre Salinas Aranda por tres razones: haber actuado como sacerdote sin licencia; haber simulado el matrimonio de Rivera y Castro, por lo que debía ser “castigado con una pena justa”, y que había realizado sacramentos en Televisa sin autorización de Norberto Rivera.

Un mes después de la anulación del matrimonio, el Tribunal de la Arquidiócesis emitió una sentencia que castigó a Salinas a no ejercer más el ministerio e incluso le prohibió vivir en la Ciudad de México. El documento fue firmado por Alberto Pacheco Escobedo, entonces Vicario Judicial del Tribunal religioso, quien ingresó al Opus Dei en 1950 y fue fundador de la Universidad Panamericana, donde dio clases de derecho a Enrique Peña Nieto.

Mientras la Arquidiócesis castigó severamente a Salinas Aranda, quien sólo ofició una misa de acción de gracias, nunca procedió en contra del sacerdote Ramón García López, quien sí casó a Rivera y Castro en la iglesia de Fátima, y de hecho continúa ejerciendo el ministerio en un templo de Lázaro Cárdenas, Michoacán.

El 2 de febrero de este año, en entrevista para este medio, García López sostuvo que el matrimonio de Rivera y Castro fue realizado correctamente: “Lo único que le puedo decir es que el matrimonio se realizó bien, todo, con el Güero Castro… Todo se realizó bien”. Y dijo desconocer lo ocurrido con el padre Salinas.

Entre el 14 y el 19 de diciembre de 2009, Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera, junto a su familia, el presidente de la Conferencia del Episcopado, Carlos Aguiar, y un grupo de obispos viajaron a El Vaticano a inaugurar una exposición de artesanos del Estado de México. Pero el viaje sirvió también de pretexto para anunciar al entonces Papa Benedicto XVI que planeaban casarse. El 16 de diciembre, en la Basílica de San Pedro, Peña Nieto entregó el anillo de compromiso a Angélica.

“La escena de Peña Nieto rodeado de obispos anunciando su boda al Papa, indignó dentro de la Iglesia a quienes conocían la injusticia cometida contra el padre Salinas. Apenas dos días después, el padre jesuíta y exrector de la Universidad Iberoamericana, Enrique González Torres, reaccionó con una carta dirigida al Nuncio Apostólico, Giuseppe Bertello, en defensa del padre Salinas, argumentando que la única acusación seria en su contra era que había realizado el matrimonio de Castro y Rivera sin las debidas licencias:

El tribunal aprovechó esta acusación para desplazarlo de la Arquidiócesis de México. Esta acusación es totalmente falsa, puesto que el matrimonio de estos señores se celebró en la Ciudad de México el 2 de diciembre de 2004 y no por el Padre José Luis Salinas, según consta en el acta de matrimonio que le anexo.
(…)
Además considero que lo que están haciendo es injusto y grave. Es muy triste que por condescender a una señora que pretende casarse por la iglesia con el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, se haga toda esta injusticia.
(…)
Me preocupa enormemente el hecho de que el día 16 del presente mes, el gobernador del Estado de México fue recibido en audiencia oficial por el Papa y el Secretario de Estado del Vaticano. Aún más me preocupa que el Presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana acompañó a estos señores avalando así su próximo matrimonio eclesiástico, cuando la anulación del matrimonio de la Sra. Angélica Rivera fue hecha a todo vapor, rápidamente y llena de irregularidades. Esa noticia salió en todos los periódicos de México y no es remoto que se venga un gran escándalo que quizás podamos detener”. Se lee en el texto.

González Torres dijo a monseñor Bertello que él y Salinas informaron del caso al nuncio de México, monseñor Christopher Pierre, quien recomendó al padre José Luis “que se defendiera, pero que tuviera toda la prudencia para no perjudicar a la Iglesia”. González Torres también informó a Bertello que había consultado a dos canonistas de la Universidad Pontificia, los sacerdotes Luis de Jesús Hernández y Mario Medina, quienes le informaron que todo el proceso estaba lleno de irregularidades. Y le reveló que: “Ellos han aceptado iniciar un proceso de revisión en el Tribunal eclesiástico de la Ciudad de México, que según ellos me han informado revertirá tanto el castigo del padre Salinas, como la anulación del matrimonio de la señora Angélica Rivera…”.

El 1 de junio de 2010, el obispo José Andrés Corral respaldó a Salinas y envió por fax una carta a la Signatura Apostólica, en la que denunció que el Tribunal de la Arquidiócesis cerró el caso impidiendo al sacerdote su defensa. Y sin más le dijo: “creo, excelencia, se lo digo a título personal, que con tal de sacar a como diera lugar la nulidad solicitada, no dudaron en pisotear la dignidad de un buen sacerdote”

La sentencia del Tribunal en contra de Salinas afirma que ni Angélica Rivera ni tres de los cuatro testigos “entendían” que en la Iglesia de Fátima se realizó un matrimonio, y se asegura que el verdadero enlace fue la ceremonia de acción de gracias en la playa de Acapulco. Tres de los testigos eran hermanas de Angélica y el cuarto era familiar de José Alberto.

En octubre de 2010, fue el propio José Alberto Castro, exesposo de Rivera, quien escribió y firmó una carta petición de Salinas. El productor dejó en claro que siempre supo que la ceremonia de Acapulco sólo fue una bendición y que la boda religiosa se llevó a cabo en la Iglesia de Fátima, contradiciendo la versión de Angélica y del Tribunal de la Arquidiócesis.

El matrimonio de Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera fue programado para el sábado 27 de noviembre de 2010, en la catedral de Toluca. Pero tres semanas antes, el 5 de noviembre, Salinas envió una carta personal al entonces Gobernador del Estado de México considerando que le sería entregada en su propia mano. En la misiva, le dijo a Peña Nieto:

“En Acapulco se celebró una misa, que yo mismo presidí por invitación de los esposos, en la que se renovó el compromiso matrimonial realizado canónica y previamente a la mencionada celebración. Del consentimiento matrimonial no fui yo el testigo canónico sino un sacerdote debidamente delegado para ello, lo que hace que el matrimonio fuera absolutamente válido y no tan fácil de ser anulado. Si en este tema, no lo sé, alguien le ha asesorado, quiero decirle que lo ha hecho no sólo mal sino MUY mal.

Las implicaciones que todo esto tiene son en verdad muy graves y por lo mismo muy importante de tomarse en cuenta”. Al final de la misiva, Salinas agradeció al Gobernador que estuviera pendiente de su estado de salud. El sacerdote padecía cáncer de hígado desde años atrás.

Pero 22 días después, se ofició la ceremonia por el arzobispo de Chihuahua, Constancio Miranda, quien fue obispo de Atlacomulco, municipio del cual es oriundo Peña Nieto. La misa se realizó a puerta cerrada y con numerosas bancas vacías en la catedral. A pesar que algunos videos muestran a la pareja comulgando y entregando sus anillos de matrimonio, no fue localizado por el medio algún registro público en el que Angélica y Enrique pronunciaran de viva voz la liturgia del sacramento matrimonial.

Durante 2011, continuaron las comunicaciones de Salinas al Vaticano. El 22 de febrero de ese año, el arzobispo Celso Morga Iruzubieta, de la Santa Sedeo, le comunicó que su caso fue turnado al Tribunal de la Rota Romana y ahí debía comunicarse para futuras notificaciones. Para llevar su apelación, Salinas contrató a Martha Wegan, una canonista austriaca, quien presentó formalmente su caso ante la Rota Romana hasta el 9 de julio de 2012.

El 20 de noviembre de ese año, el Tribunal de la Rota Romana emitió una sentencia inapelable sobre el caso de Salinas. Ésta explica que la condena emitida con anterioridad para Salinas Aranda, debía ser anulada, puesto que le fue negado todo derecho de autodefensa.

Entre los argumentos vertidos por la Rota estaban que la Arquidiócesis, que encabeza el cardenal Norberto Rivera, no siguió el debido proceso y nunca dio a Salinas la oportunidad de defenderse ni se le nombró un abogado, pues además se encontraba hospitalizado debido a su enfermedad. Para entonces, Peña Nieto ya había tomado protesta como presidente.

El sacerdote, enfermo y sin poder ejercer su ministerio, jugó su último recurso: envío una carta de 12 páginas al Papa Francisco, en la que le solicitó que intercediera por él. En ella le dijo: “Esta misiva tiene varias intenciones. La fundamental es hacer aclaraciones necesarias para resarcir mi persona en el ejercicio del ministerio sacerdotal, frente a infundios y calumnias por las que me he visto sometido a la sanción canónica y en las que se encuentran involucradas personas que pertenecen a la jerarquía de la Iglesia, así como otras pertenecientes en activo a instancias políticas”.

Salinas le narró también al Papa Francisco su encuentro con el nuncio Christopher Pierre, en el que le invitó a ejercer su derecho de recurrir a la Santa Sede en caso de que tuviera pruebas documentadas, y le dijo al Pontífice:

“Repito textualmente palabras que me impactaron muchísimo y en las que decía: ‘Si esto es así, se trata entonces de una verdadera infamia en su contra, y lo que no van a perdonar es el que usted no se haya muerto…’. Con esto fui siendo cada vez más consciente y entendiendo más claramente la realidad en la que ya me estaba viendo envuelto y de ver en todo ello una situación realmente delicada por todas sus implicaciones…”

Sin citarlo por su nombre, Salinas identificó al cardenal Norberto Rivera como el artífice del “calvario” al que fue injustamente sometido: “De entre las dificultades por las que atravieso ahora existe una que especialmente me lastima y ésta tiene que ver con la definición del cardenal, Arzobispo Primado de México, quien a pesar de la resolución de la Sagrada Rota, ha mantenido su posición de negarme licencias para el ejercicio del ministerio. Creo que es consecuencia del disgusto que le ha provocado la resolución con la que han definido mi causa”.

Citando al juez Gerardus McKay, quien fue el ponente de su caso en la Rota Romana, le dijo que sólo el Papa “por la autoridad que le compete, y habiendo tenido conocimiento del caso, es quien podría dar una resolución justa y legítima”. Según sus cartas, Salinas estaba convencido que por presiones de “alguien” se le dio a Angélica Rivera la anulación de su matrimonio con José Alberto Castro para que fuera libre de casarse con Enrique Peña Nieto, el hoy presidente de México. Sin embargo, hasta ahora, ni Norberto Rivera ni nadie han sido llamado a cuentas por conductas graves e irregulares que la Rota Romana calificó como parte de “un craso simulacro de justicia”.

En respuesta al reportaje, la Arquidiócesis confirmó la existencia de la sentencia de la Rota Romana, pero negó que el proceso en contra de Salinas hubiese sido un simulacro de justicia. Sin embargo, este concepto sí fue usado por la Rota en su sentencia, de acuerdo con dos traducciones del latín al español en poder de Aristegui Noticias y una tercera en poder de la revista Proceso.

Además, en las respuestas a un cuestionario enviadas al medio, la Arquidiócesis  primada de México eludió referirse a la boda en la iglesia de Fátima, oficiada por el padre Ramón García López, a quien tampoco alude en ningún momento. Lo que si afirmó es que a Salinas se le sancionó “por la simulación del matrimonio de la señora Angélica Rivera realizado ilícitamente en una playa”. Y mencionó que al padre también se le castigó “porque durante más de 15 años ejerció sin licencias en la Arquidiócesis de México cometiendo muchas irregularidades”.

Por su parte, la Presidencia de la República consultada, declinó hacer comentarios para el reportaje. El sacerdote Salinas murió la mañana del 7 de octubre de 2015. El Papa Francisco nunca lo recibió ni tampoco le dio respuesta a su súplica. El presbítero no ha sido reivindicado públicamente.

En su carta al Pontífice rogó por su auxilio:

“Lo hago con el corazón en la mano y movido por la enorme confianza en la misericordia que le distingue. Pongo confiadamente en su corazón de padre y pastor esta situación que me agobia. Usted nos ha pedido que recemos por usted, lo hago diariamente y me acojo a su bendición…”.

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