Toca el turno a Tenosique, Tabasco, y la ruta mortal de los migrantes.
Fotografía: Ricardo Palma
“Estaban los migrantes caminando, buscando como llegar,
a ese tren enorme que los hace suspirar.
‘Soy la muerte, ¿Cómo están?, sólo vine a decirles que me los pienso llevar’.
‘Detente flaca mexicana, déjanos pasar, sólo somos migrantes, no queremos fastidar’.
La calaca al verlos llenos de esperanza, fingió no verlos, y los dejó pasar.
Adelante soñadores, pueden pasar, pero si se descuidan me los voy a llevar”.
(10 de noviembre de 2013).- Para los migrantes que llegan a México, la muerte es una posibilidad tan cercana como la vida. En lo que va del gobierno de Enrique Peña Nieto se ha registrado una creciente incidencia de violencia en contra de las personas procedentes de Centroamérica con el destino de llegar a la frontera de Estados Unidos, sin embargo, las cifras de cuántos migrantes han perecido en el país se mantiene difusa.
Una estación de la muerte es Tenosique, Tabasco, un municipio en la ruta migrante, donde el grupo criminal “Los Zetas” suele asesinar viajeros que no paguen la cuota por pasar por “su plaza” o secuestrar centroamericanos para reponer las pérdidas por decomisos de droga.
En ese lugar caluroso está el albergue “La 72”, un espacio dirigido por Fray Tomás González y considerado por muchos de los migrantes como un oasis en su camino que transita el tren “La Bestia”.
Ahí se les brinda comida y refugio a los viajeros y por esa tarea, que dificulta el plagio de migrantes, sus administradores han sufrido numerosas amenazas de muerte. La última llevó a cerrar el albergue, lo que enrareció el ambiente.
Jesús Hernández, quién es reportero en la entidad del sureste del país, colaboró con esta investigación y destaca que los casos de muertes de migrantes no son tan importantes tanto para los medios como para la sociedad.
Un caso que fue omitido por la opinión pública tiene que ver con un grupo de migrantes hondureños que viajaba hace un par de meses con rumbo a Estados Unidos y que en Tabasco perdió a una integrante. La chica se llamaba Rosa y tenía aproximadamente 26 años. Según Hernández, ella venía con otros ocho compañeros y al llegar a Tenosique decidieron parar a descansar y salir a beber para distraerse del viaje, pues el camino aún era largo.
De noche, bebieron; de día, el cuerpo de Rosa fue encontrado por la policía. La necropsia arrojó que la causa de muerte fue asfixia y que había sido violada multitudinariamente. Los culpables fueron seis de sus compañeros de viaje.

La policía del estado arrestó a dos de ellos y los otros cuatro huyeron en el primer tren que pasó. Tren que Rosa tomaría para cumplir su sueño americano.
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La vida migrante y su paso por esta ciudad también está marcada por los accidentes. Datos de la Red Todos los Derechos señalan que durante el 2013, el primer año de gobierno de Peña Nieto, la frontera sur del país ha registrado alrededor de 200 muertes de personas provenientes de Centroamérica y la mayoría de ellos tienen indicios de ser víctimas del crimen organizado.
Otro caso: el descarrilamiento del tren “La Bestia”, el cual dejó cinco muertos y 22 heridos por el mal estado de las vías, que no han tenido mantenimiento desde hace años.
En el tren viajaban por lo menos unos 250 ciudadanos de nacionalidad hondureña, declararon en su momento funcionarios de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE) y de la 30 Zona Militar.
Rubén Gómez Aguilar, de 27 años; Félix Ponce Aguizón, de 58; Gerardo Antonio Sandoval Díaz, de 23; José Manuel Guerrero Savillán, de 20; Darling Adriel Valle Banegas, de 19, y Rufino Aguilar Ferrera, de 22 años, son los nombres de los migrantes de origen hondureño que perecieron en este accidente por la falta de atención al tema migratorio en México.
Hernández comenta que, en el estado, otros principales municipios de riesgo para los migrantes son Palancán y Huimanguillo, donde los hombres son secuestrados para trata laboral y las mujeres son violadas por los criminales y son explotadas sexualmente.
Para el reportero, el principal problema de que se permita esta situación deriva de que la policía no está capacitada para tratar a los migrantes y a sus casos no se le da el seguimiento oportuno correspondiente, además de que los tabasqueños son indiferentes a la situación de violencia que registra la entidad.

Así ocurrió con el tema de los asaltos abajo de “La Bestia” en el trayecto por Tabasco; ahí un migrante de origen hondureño resultó muerto y un salvadoreño herido de un grupo de 20 personas que viajaban en el tren y fueron atacados por un grupo criminal.
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El 23 de agosto de 2012, el sacerdote Alejandro Solalinde Guerra, director del albergue Hermanos en el Camino, de Ixtepec, Oaxaca; fray Tomás González, del albergue La 72, de Tenosique, Tabasco; y el clérigo Heyman Vázquez, de El Hogar de la Misericordia, ubicado en Arriaga, Chiapas, dieron una mala noticia: el número de migrantes muertos en México es incuantificable.
Tampoco es posible conocer cuántos han muerto en Tenosique, donde “Los Zetas” han hecho una estación de guerra; los cuerpos se esconden en llanos, montes, fosas, incluso perdidos en montes de basura o devorados por los animales que ahí caminan.

Acaso hay un estimado de los inlocalizables: 70 mil migrantes han desaparecido en suelo mexicano, según organizaciones civiles como el Movimiento Migrante Mesoamericano, y su registro no aparece en la contabilidad de la Secretaría de Gobernación (Segob).
A esta estadística se suma la cifra oficial de desaparecidos en el país, dada conocer el pasado el 27 de febrero por la subsecretaria de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación: 26 mil 121entre diciembre de 2006 y noviembre de 2012.
Y lugares como Tenosique contribuyen todos los días a que esta cifra crezca.

