La calle ha servido. Fue insuficiente que algunos levantaran la consigna de Asamblea Constituyente en 2009, con la campaña presidencial de Jorge Arrate. El horno en ese momento no estaba para bollos. Sin embargo, con las movilizaciones de 2011 creció el hambre por la transformación del país. El centro fue la educación, pero había que financiarla y emergió la necesidad de una reforma tributaria e incluso la recuperación del cobre para la nación chilena. La ciudadanía se dio cuenta de que esos cambios, para que se hiciesen efectivos, requerían de un régimen político sin restricciones, fundado en una nueva Constitución. El duopolio político no podía cambiar el país.
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