Bajan los precios porque baja el consumo general

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I.- Muy frecuentemente los gobernantes recurren a la manipulación de la política fiscal monetaria para, con la baja en el consumo, mantener la ilusión de que los precios se reducen. Es el principio de la oferta y la demanda de la política económica. Se asegura que en los mercados mexicanos no hay inflación y el Inegi echa las campanas a vuelo; pero los consumidores saben que no es así y que cada vez con mayor deterioro de los salarios, su poder adquisitivo disminuye. Esto se llama pobreza laboral. La cruda realidad es que al no poder consumir, los precios retroceden y parece que no hay alza de precios. Lo cual es una falacia. Si los mexicanos al menos han de comer los productos de primera necesidad al esquivar la demanda social, pues los precios tienden a bajar. Comerciantes y mercaderes anuncian rebajas que son ganchos publicitarios, para ver si reaniman la demanda. Pero ésta se mantiene en lo mínimo. Y los patrones se niegan a un aumento de los salarios; y desde ¡2009! –como detalla Ulises Díaz en su nota– México lidera en América Latina la pobreza laboral (Reforma: 8/VI/15). Es decir, que los salarios no alcanzan para un consumo satisfactorio de las familias.

II.- Decir que el peñismo bajó las cuotas de electricidad y esto ha impactado en los precios a la baja, es una mentira. Las economías, ya unificadas por la globalización de los capitalismos de “los mercaderes” que decía Max Weber, se mueven al crecimiento si hay consumo. De lo contrario éste se reprime y aparecen las crisis; como la que padece la nuestra. Vamos de mal en peor. El resultado electoral es un intermezzo. Lo que está en cuestión es la vida económica y ésta no puede continuar con salarios de hambre, mientras los supermercados se atiborran de mercancías que con todo y sus rebajas no atraen compradores; pues estos no tienen capacidad de compra real. Es la dramática pobreza salarial la que impide un consumo ascendente. Con todo y las millonarias remesas que alivian transitoriamente las necesidades de miles de familias, con los dólares que les mandan sus esposos, hermanos, hijos y mujeres esclavizadas en el campo estadounidense.

III.- Los precios pueden ser todo lo bajo que se quiera, pero como dicen los mexicanos: “no alcanza”. Junto con las presiones sociales: desempleo masivo, delincuencia, total inseguridad, el hambrea campea por todas partes. Los hospitales públicos están saturados y su atención es deficiente. Se anuncian recortes en jubilaciones y pensiones. Así, pues, si no hay demanda, los precios de bienes y servicios bajan. Esto deriva de la Ley de los mercados de Jean-Baptiste Say, donde dice que la “oferta crea su propia demanda”. Pero, no obstante la oferta que haya de bienes y servicios, es el menor consumo lo que fija una baja de los precios. Por lo pronto, en nuestra economía con una inmensa mayoría de pobreza laboral o sea que no alcanzan los salarios para comprar, también baja la producción y toda la economía cae en depresiones como las que hemos visto en el capitalismo, con crisis como la de Grecia. Y como la nuestra al borde de un estancamiento.

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