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Blanqueamiento de ciudades

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El Toque / @eltoquecom

(5 de mayo, 2014).- En Alemania, Estados Unidos, España, Grecia, Argentina y muchos países más, se da el fenómeno llamado gentrificación que consiste en comprar baratos edificios viejos, remodelarlos o tumbarlos para construir nuevos y convertir barrios populares en zonas exclusivas, de lujo, expulsando a los que no son ricos. Todo lo popular desaparece.

Esto ya sucedió en la Ciudad de México en su Centro Histórico, en la Colonia Condesa y sigue la llamada gentrificación en barrios colindantes como la Colonia Roma y Juárez. Los primeros en ser expulsados son los indígenas, los vendedores ambulantes luego siguen los proletarios y la clase media.

En los últimos años se acentúo la presión de las inmobiliarias y constructoras para expulsar a las familias que viven en la colonia Juárez. Hay dos formas; comprar los edificios y no  renovar el contrato a los inquilinos o subirles la renta un 500%. Hay amenazas, insultos presiones y una guerra de nervios hasta que la gente termina por irse. También hay quien se organiza para defenderse con la ley en la mano.

Radio Nederland conversó con José Alba, un ingeniero que se convirtió en editor que vive en la colonia Juárez y ha dado la batalla por su barrio. “Con las obras de remodelación en Paseo de la Reforma y la construcción de nuevos edificios, subió el valor del terreno en la Juárez así como el impuesto predial, pero no se ha invertido un centavo en la zona”.

El señor Alba nos relata que tras el terremoto de 1985 en la Ciudad de México muchos edificios se vinieron abajo. No se sabe cuántos miles de muertos hubo, pues esa información de interés público dejaría al descubierto la corrupción en la construcción de edificios en los sexenios de José López Portillo y de Miguel de la Madrid. Los edificios viejos quedaron en pie y los nuevos se cayeron.

Por ley, en los lugares donde hubo muertos por el temblor, no se construirían edificios sino parques. Las colonias Roma, Condesa y Juárez, por mencionar las más céntricas y con mayor densidad de población, fueron las más afectadas por el sismo de 1985. Las dos primeras fueron declaradas zonas de desastre.

Las inmobiliarias no respetaron la ley y en lugar de parques aparecieron nuevos edificios, cada vez más altos y más grandes a pesar del peligro que eso representa por el tipo de suelo y  estar en una zona sísmica.

La primera casa de dos pisos en México que dejaron que se cayera para vender el terreno

Marta Durán de Huerta. Fotos de la casona de la República de España

Las ruinas que se convirtieron en hogar

Alba rememora que muchos indígenas que vinieron a trabajar a la Ciudad de México no tenían donde pasar la noche hasta que encontraron una casona que México le prestó al gobierno de la entonces República española cuando sus parlamentarios llegaron a pasar aquí su exilio en los años 30. Al restablecer México relaciones diplomáticas con el Reino de España en 1982, los republicanos devolvieron el edificio y quedó solo y abandonado hasta que se convirtió en hogar de 40 familias otomíes. Ahora tratan de expulsarlos, señala el vecino y defensor de los indígenas.

Sobre los edificios históricos registrados por Instituto Nacional de Bellas Artes, José Alba denuncia que los dueños dejan que se deterioren o a escondidas dañan la estructura para “que solitos se caigan, entonces pueden disponer del terreno que tiene mucho valor”.

Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, compró todo lo que pudo en el centro histórico y a precios ridículos. El problema es que ahí no puede expandirse porque es una zona donde los rascacielos están prohibidos. Slim tiene ahora en la mira la Zona Rosa, afirma terminante José Alba al tiempo que calcula que son 20 mil los habitantes en la colonia Juárez.

Poco tiempo después del secuestro y asesinato de 12 parroquianos del bar Heaven en mayo del 2013, los vecinos de la zona formaron un Consejo Consultivo para el Rescate de la Zona Rosa del que José Alba fue consejero y nos narra: “Yo recorrí la colonia e hice una lista de 65 obras nuevas construidas en los últimos ocho años y calculé lo que habrían pagado por impuesto de resarcimiento (hacer uso de agua, alcantarillado, impacto ambiental). Según mis cuentas, la Delegación Cuauhtémoc recaudó 800 millones de pesos pero no vi una obra de infraestructura en la zona que haya costado más de diez millones de pesos¨.

“Estamos en una región que fue lacustre con un suelo muy inestable; los drenajes tienen más de cien años y tienen la pendiente inversa por el hundimiento diferencial de los edificios. Las aguas negras no salen, entran. Urge reparar el drenaje roto, ya que algunas calles como Amberes o Varsovia apestan. No le han invertido ni un centavo; esas obras no se han hecho. Se necesitan programas anuales de por lo menos 120 millones de pesos al año”, sentencia severo José Alba.

El blanqueamiento del barrio

Un inquilino de la calle de Liverpool a quien quieren desalojar de su edificio explica: “A los abogados les encanta construir edificios. Muchos de los procesos de gentrificación están financiados por ellos” ¿Por qué?, pregunta esta reportera. “Porque tienen el dinero y pueden agilizar procesos de cambio de uso de suelo, permisos de construcción, que ellos pueden tramitar con mucha facilidad; en cambio a un ciudadano común y corriente le costaría mucho dinero en corrupción o mucho tiempo, muchos trámites, mucha papelería si lo quieres hacer legalmente. Es una inversión segura. Compran una casa donde antes vivían tres, construyen un edificio donde vivirán 60 y cada departamentito cuesta entre dos y cuatro millones de pesos. Las casas bonitas las arreglan y las convierten en restaurantes de lujo. En las panaderías normales el pan más barato cuesta siete pesos, en las nuevas cuesta cuarenta pesos y el sueldo mínimo al día es de sesenta”.
“¡Todos los morenos, todos los oscuros van a salir del barrio!” afirma un vecino que pide el anonimato y argumenta que eso ya sucedió en la vecina colonia Condesa donde hubo una homogenización. Señala que allá toda la gente se parece en la manera de vestir, en los patrones de consumo, pero sobre todo en el color de la piel: todos son blancos. Aquí en la Juárez, continúa nuestro entrevistado, todavía es un barrio popular con negocios familiares a pesar de ser una zona tan céntrica y con todos los servicios.“Los de la Condesa se sienten superiores”, concluyó.

Un obrero que junto con sus vecinos se ha organizado para evitar el desalojo y comprar el departamento que habita desde hace más de 40 años, se quejó de que las autoridades no los toman en serio o aún peor, que ya tomaron partido por las constructoras. El trabajador de origen humilde tiene miedo y también pide el anonimato.

“No sabemos quién está comprando el barrio entero. No sabemos si es Carlos Slim que manda a sus prestanombres, si es el delegado de la Cuauhtémoc o es el crimen organizado. ¿Quién tiene tanto dinero para comprar edificios enteros de un día para otro? Tal vez sea el crimen organizado que está lavando dinero”, señala el trabajador y sostiene que el nuevo dueño contrató a un vigilante que está todo el día tomando nota de quién entra y quién sale del edificio, la hora y quién habla con quién. “Nos están hostigando, nos quieren asustar y ya lo lograron. Ya nos mandaron decir que nos van a sacar del edificio a punta de patadas. Esta situación ya nos enfermó. Yo ya no puedo dormir” concluyó el entrevistado.

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