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Bullying, responsabilidad de la sociedad y del Estado

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Por Ivonne Acuña Murillo

(26 de mayo, 2014).- Hace ya más de un siglo que uno de los sociólogos más eminentes de la historia de la sociología, Emile Durkheim, sostuvo y demostró a partir de un extenso trabajo de investigación, que el suicidio era un “hecho social”. Esto es, que el suicidio no puede adjudicarse simplemente a cuestiones de tipo individual, psicológico o en función de la naturaleza del medio físico, sino que sus causas deben buscarse en la misma sociedad.

Así considerado, la decisión de quitarse la vida no debe observarse sólo desde la persona que la toma, sino a partir del contexto en que lo hace. Éste último está marcado por una serie de factores relacionados con el tipo de sociedad (libre o esclavista, democrática o autocrática, consolidada o en transición, con límites sociales y naturales más flexibles o más fuertes) y con hechos históricos concretos (una guerra, una crisis económica, política o de seguridad).

De tal suerte que una persona puede atentar contra sí misma por una baja importancia del ‘yo’ frente a un mayor peso de sus grupos de pertenencia como la familia, la comunidad, el partido político, la nación, etcétera (suicidio altruista). Puede igualmente aumentar la tendencia al suicidio cuando los vínculos sociales, en términos de presión y coerción, son demasiado débiles para comprometer al suicida con su propia vida (suicidio egoísta), cuando las instituciones y lazos de convivencia se hallan en situación de desintegración o de anomia (suicidio anómico) o, finalmente cuando, por el contrario, las reglas a las que están sometidos los individuos son demasiado férreas para que éstos conciban la posibilidad de abandonar la situación en la que se hallan (suicidio fatalista).

Al igual que el suicidio, el bullying debe ser considerado un fenómeno social enraizado en cierto tipo de sociedad. El bullying es definido como “la conducta negativa, intencional, metódica y sistemática de agresión, intimidación, humillación, ridiculización, difamación, coacción, aislamiento deliberado, amenaza o incitación a la violencia o cualquier forma de maltrato psicológico, verbal, físico o por medios electrónicos contra un niño, niña o adolescente, por parte de un estudiante o varios de sus pares con quienes mantiene una relación de poder desigual”.

De acuerdo con el estudio El bullying o acoso escolar, realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en agosto de 2011,  el 25.3 por ciento de los alumnos de educación básica fue insultado o amenazado por sus compañeros, el 16.7 por ciento fue golpeado, mientras que  el 44.7 por ciento vivió algún episodio de violencia. Esta investigación reveló también que entre los siete y los 14 años se presentan las actitudes más violentas en los niños y las niñas.

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En los últimos años se ha observado un incremento preocupante del bullying en México, país considerado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) como el número uno en el mundo, en materia de casos de bullying a nivel secundaria. Se calcula que en tan sólo dos años, de 2011 a 2013, el acoso escolar pasó de 30 a 40 por ciento.

En un estudio realizado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) y reportado en octubre de 2013, se calcula que un 40 por ciento de estudiantes de primaria y secundaria, siete millones 512 mil 750, de un total de 18 millones 781 mil 875 alumnos, sufren o han sufrido agresiones y amenazas por parte de sus compañeros.

Otras cifras reportan que el 11 por ciento de los estudiantes mexicanos de primaria ha robado o amenazado a algún compañero, y en la secundaria el siete por ciento lo ha hecho.

Contrario a lo que se pudiera pensar, no son los niños (varones) los únicos involucrados en este fenómeno, las niñas son también protagonistas activas de agresiones en contra de sus compañeras.

En otros casos, se puede observar a niños agrediendo a niñas como ocurrió en una primaria en Hermosillo, Sonora, donde se observa no sólo la agresión de un niño en contra de una niña y la defensa de ésta, sino el que los otros niños incitan al varón a seguir la pelea, lo abuchean como en un espectáculo, lo siguen al patio donde se moja la cara y donde uno de ellos le aconseja regresarse y darle un “cachetadón” a la niña. Finalmente, el niño agresor toma por el cuello a la niña, quien se desmaya por unos segundos. Todo esto ocurre en un salón de clases sin que ninguna autoridad escolar hiciera presencia en el aula.

Los casos se multiplican y el horror aumenta, éste pasa por un niño de siete años obligado por uno de 13 a meter la cabeza en un escusado para quitarle su dinero, el niño murió más tarde por una supuesta infección pulmonar. Aunque más tarde el diagnóstico médico determinó que la causa de la muerte fue una encefalitis viral adquirida tiempo atrás, la investigación sobre el caso de bullying continúa.

Pasa también por un jovencito de 15 violado en varias ocasiones por sus compañeros de equipo, todos integrantes de la Selección de ciclismo de Jalisco. Después de que su padre, Luis Gerardo Vela, hiciera la denuncia, el menor ha recibido amenazas para obligarlo a retractarse. Lo ocurrido a este joven parece ser una práctica recurrente en el Consejo Estatal para la promoción del Deporte del estado de Jalisco, donde ciclistas de mayor edad abusan de los recién llegados, con el conocimiento y nula acción de las autoridades deportivas.

Ejemplos como estos se multiplican en las escuelas primarias y secundarias de México, hasta el punto en que algunos niños toman la decisión de suicidarse al no poder detener solos o solas las agresiones de que son objeto. En 2011 se informó que 1 de cada 6 niños agredidos optó por suicidarse, otros en cambio, mueren a causa de los ataques de sus compañeros.

El caso más reciente es el del menor, Héctor Alejandro Méndez Ramírez, de 12 años de edad, quien murió el pasado martes 20 de mayo, días después de que cuatro de sus compañeros lo tomaron de piernas y brazos para hacerle “el columpio” y lanzarlo contra la pared en dos ocasiones, causándole muerte cerebral.

Lo alarmante de este caso no fue sólo el nivel de agresión de unos adolescentes hacia otro, sino el hecho de que haya sido en el salón de clases y en presencia de la profesora a cargo del grupo, Denisse Serna Muñoz. El evento tuvo lugar en la Secundaria Número 7 “Eleazar Gómez” en Ciudad Victoria, Tamaulipas.

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Como puede observarse, el bullying es un problema social que involucra no sólo a quienes lo sufren, lo ejercen, lo observan o promueven; sino a quienes lo permiten, lo ocultan o minimizan, como la profesora Serna que no hizo caso de las súplicas del menor, quien le pedía: “maestra apláquelos, maestra dígales que ya no me molesten, que ya no me lastimen”, de acuerdo con el testimonio de la madre del mismo Héctor.

Ahora, no sólo las autoridades escolares tienen responsabilidad en los eventos de bullying, la tienen también los gobiernos municipales, estatales y el federal, los funcionarios de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y de las secretarías estatales y la familia de las y los menores. El bullying no es un problema aislado que involucre sólo a unos cuantos, incumbe lo mismo al Estado que a la sociedad.

Todo lo anterior obliga a preguntarse ¿hasta qué punto se han perdido en México los valores que permiten a una comunidad convivir con respeto a los derechos, la dignidad y la vida de los otros? Esta pregunta da origen a otras como: ¿está el bullying relacionado con problemas de desintegración social? ¿Es el bullying un indicador objetivo de un Estado y una sociedad fallidos? ¿Cuál es el papel del Estado y la sociedad en la solución de este problema social? ¿Cuál es el papel de las familias y las autoridades escolares en la solución de un problema que va en aumento, tanto en número como en intensidad?

La incapacidad manifiesta de los padres y madres, de las autoridades escolares, del gobierno en sus diversos niveles, de la sociedad representada en la familia, el grupo de amigos, la comunidad cercana, etcétera, para frenar este fenómeno, es sólo un indicador de una sociedad y un Estado que “fallan” al dejar desprotegidos a amplios sectores formados por niñas, niños y jóvenes.

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En México millones de ellos están siendo dejados a su suerte, sin acompañamiento ni protección, sin futuro. No sólo las víctimas de bullying sino los que tienen que vivir en las calles, las y los que no pueden acceder a educación o un empleo bien remunerado, las y los menores explotados, violentados o abandonados por quienes los procrearon, las y los huérfanos cuyas madres o padres han desaparecido o han sido reclutados o asesinados por el narco y la delincuencia organizada, o han muerto en fuegos cruzados entre el ejército o las policías y los primeros, etcétera.

Pero, como quien comete suicidio, una niña o niño bulleado o bulleador se encuentran en el contexto de una sociedad que propicia tales conductas, por lo que cabe cuestionarse: ¿En qué tipo de sociedad nos hemos convertido? Una sociedad donde el abandono y los ejemplos de violencia se replican y replican y replican.

Una sociedad o un Estado que no protege a sus niñas,  niños y jóvenes está gestando las condiciones idóneas para una vida llena de precariedad, violencia e incertidumbre. Ya en el año 2010 más de la mitad de los delitos fueron cometidos por jóvenes y en la década pasada el 38 por ciento del total de homicidios registrados en el país se cometieron en contra de jóvenes.

Después no nos preguntemos por qué las y los jóvenes roban, secuestran, violan, matan. ¿Cómo pedirles lo que no se les ha dado? ¿Cómo esperar de ellas y ellos lo que no se les enseñó? ¡Ah claro!, no hay de qué preocuparse, podemos llenar las cárceles con ellas y ellos, al fin y al cabo ahora sólo ocupan la mitad de los penales. Y en última instancia, si ya no caben, se pueden construir más penales, o mejor aún, “guetos para jóvenes delincuentes, bulleadores, violadores, secuestradores, ladrones, asesinos” y asunto arreglado, nuestra conciencia social podrá dormir en paz.

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