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Camas separadas, ¿la nueva forma de dormir en pareja?

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Redacción / @Revolucion3_0

(1 de julio, 2013).- La cama es un elemento icónico cuando se habla de relaciones de pareja: involucra sexo, pláticas, comida, diversión y, por supuesto, horas de sueño. Ahora, un estudio podría cambiar las reglas en lo que concierne a la hora de dormir.

A pesar de que las formas de dormir han cambiado conforme pasan los años, en los últimos dos siglos se extendió la idea de cama y de dormitorio como espacios privados. En esa privacidad construida, se hizo tradición la idea de que una pareja debería de dormir en la misma cama cada noche. Según el investigador Neil Stanley, esto no necesariamente genera una mejor relación.

Una encuesta concluyó que las parejas pelean alrededor de 167 veces al año por nimiedades como el robo de sábanas o cobijas, ronquidos, golpes accidentales y hasta las diferencias de temperatura. El tema, plenamente estudiado por Stanley, apunta a que los humanos duermen mejor por separado.

Stanley asegura: “Compartir cama con alguien que hace ruido y con quien tienes que luchar para mantener tu trozo de colcha no tiene sentido”. Según el investigador, la costumbre de dormir en pareja se puede rastrear a la Revolución Industrial, con las movilizaciones masivas de personas hacia las ciudades y la ocupación de un espacio mucho menor al que estaban acostumbrados.

¿Será que la historia reclama ese espacio individual que la vida moderna transformó en compartido? En Estados Unidos, el 25 por ciento de las parejas duerme en camas separadas. En el Reino Unido, 10 por ciento tienen la misma práctica.

El primer muro en contra de la separación de camas es el espacio: en las ciudades, la sobrepoblación orilla a los habitantes a vivir en espacios cada vez más reducidos.

No obstane, el problema real radica en el posible distanciamiento afectivo que generaría la separación de cuerpos. Los símbolos, como en muchos otros aspectos de la vida, juegan un rol importante dentro de las relaciones. Compartir el lecho es un símbolo de intimidad y cercanía, además de un paso menos en el camino a las relaciones sexuales y las pláticas e interacción que involucran la vida en pareja.

Quizá la solución sea menos drástica: cada individuo de la pareja debe reconocer que tiene esa posibilidad de dormir, de vez en cuando, en una cama separada. Sin embargo, sin compromisos, ni la cama o la habitación extra pueden rescatar una relación que se perfila hacia su fin.

 

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