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Clubes de futbol en Centroamérica, pequeñas lavadoras de dinero

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(12 de junio, 2014).- De unos años a la fecha, los equipos de futbol de Centroamérica se han convertido en aparatos cómplice para las organizaciones criminales, que gracias a ellos pueden lavar dinero, evadir impuestos, entre otras actividades ilícitas que por estar ligado al balompié, son difíciles de combatir.

En el llamado Triángulo Norte de Centroamérica, formado por El Salvador, Guatemala y Honduras, grupos delictivos con alcances internacionales operan desde pequeñas localidades, mediante el capital político y social que les brindan las, en teoría, pequeñas instituciones deportivas, que con las enormes inyección de capital se han desarrollado considerablemente.

Por ejemplo, el equipo Isidro Metapán salvadoreño, prácticamente se han robado la liga al ganar nueve campeonatos en los últimos siete años, no obstante, sus logros deportivos son empañados por los vínculos delictivos que sus dueños sostienen, pues el padre del presidente es Juan Umaña Samayoa, alcalde de la localidad de Metapán y socio de Adán “Chepe Diablo”Salazar, conocido líder del cártel de Taxis.

Los Jaguares del Club Deportivo Heredia, club que entre 2010 y 2013 acumuló 69 partidos invicto de local, pertenecen al llamado Clan Mendoza, una familia que ha amasado su riqueza a base de narcotráfico con la complacencia de las autoridades a las que se dice han corrompido para poder operar tranquilamente.

En el caso de Honduras, el equipo en cuestión es el Real Sociedad de Tocoa, considerado una de las mejores escuadras del torneo a pesar de haber ascendido en 2012, es presuntamente propiedad de los Cachiros, una familia que en realidad se llama Rivera Maradiaga y que es acusada por autoridades estadunidenses y locales, como operadores de cárteles mexicanos que envías diversos tipos de sustancias ilícitas.

Entre las bondades que las entidades futbolísticas les brindan al hampa, están además del mencionado blanqueo de capital, las pocas normas regulatorias que les permiten invertir la cantidad de dinero que se les antoje.

Para muestra lo sucedido en el departamento guatemalteco de Petén, donde Julián Tesucún, el alcalde de San Juan destinó cerca de 2 millones de dólares al estadio “Julian Tesucún y Tesucún”, aunque él mismo los bautizó como “Milton Mendoza Oswaldo Mendoza Matta”, a fin de reforzar sus vínculos con el Clan Mendoza, al grado de éstos contribuyeron a la campaña que los llevó al Congreso en 2011, como menciona la prensa local.

El pasado abril, en El Salvador las autoridades acusaron al cártel de Texis por evasión de impuestos, y aunque en primera instancia las investigaciones no relacionaron al Isidro Metapán, el rotativo La Prensa Gráfica refirió que los dueño del club podían realizar “donaciones” deducibles de impuestos mediante el uso de otra compañía, la empresa procesadora de arroz y el granero que pertenecen al equipo, para terminar en una patrocinio en las casacas deportivas.

Aunado a las múltiples operaciones ilícitas que el crimen organizado puede realizar a través de la multipropiedad de empresas, igualmente se pueden falsificar contratos de empleados y futbolistas, pactar juegos amistosos únicamente por dinero,  engañar a Hacienda con la elaboración de documentos que muestren ingresos inexistentes, así como fortificar nexos entre clubes, empresas y políticos.

El caso de la Real Sociedad de Tocoa, ejemplifica claramente esta situación pues son patrocinados por el Banco Continental, y un zoológico a cargo de los Cachiros, mismo que fue intervenido en 2013 por el gobierno hondureño como parte de las pesquisas contra esta organización criminal, aunque ninguna de ellas va encaminada a evidenciar la relación entre los clubes de futbol y el crimen organizado, al igual que en El Salvador y Guatemala.

Con información de InSight Crime

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