(29 de abril, 2014).- Como si de un partido de fútbol o un certamen de belleza se tratara, la canonización de los fallecidos Papas Juan XXIII y Juan Pablo II que se llevó a cabo el domingo 27 en la Plaza de San Pedro en el Vaticano contó con patrocinadores privados, quienes corrieron con los gastos que supuso el evento en el que se reunieron cientos de miles de personas y que fue retransmitido a todo el mundo.
De acuerdo con el portal de noticias RT, las empresas patrocinadoras de la doble canonización incluyen a Nestlé –el mayor conglomerado agroalimentario del mundo–, Enel –la mayor compañía italiana del sector energético–, Ferrovie dello Stato Italiane y varios grupos bancarios, entre ellos Intesa Sanpaolo. La misma nota sugiere que la búsqueda de patrocinadores podría deberse a los apuros financieros que pasa la Santa Sede, que en los últimos años ha tenido pérdidas millonarias.
Thomas Reese, sacerdote y analista del periódico independiente católico National Catholic Reporter, habría dicho que es “mejor conseguir algunos patrocinadores que sacar dinero de la caja de las limosnas”, sobre todo considerando que el evento dejó importantes ganancias a empresas como hoteles y restaurantes.
Sin embargo, ha llamado la atención que la Iglesia Católica buscara financiamiento externo considerando las fuentes de ingresos con que cuenta el propio Vaticano. Además, los patrocinadores no cubrieron el gasto que debió realizar la alcaldía de Roma con recursos públicos: casi 10 millones de dólares, según el alcalde Ignazio Marino. Ese dinero fue empleado por la capital italiana en estaciones de primeros auxilios y mil baños químicos, entre otros gastos indispensables cuando una ciudad recibe de pronto a 800 mil visitantes.
No es ningún secreto que el Estado Vaticano posee propiedades y empresas a lo largo de todo el mundo, las cuales justifica aduciendo que el dinero obtenido de ellas es destinad a las obras de caridad e instituciones como escuelas y hospitales que la Iglesia administra en todo el mundo. El origen de la riqueza vaticana es milenario, pues se remonta al siglo VIII, a partir del cual todo el centro de lo que hoy es Italia fue gobernado por el Papa.
Esta situación concluyó en 1929, cuando el Vaticano firmó los pactos de Letrán con el líder fascista Benito Mussolini. En dicho tratado se estableció que la Iglesia cedería definitivamente a Italia los territorios que antaño gobernó, a cambio de lo cual recibió una cuantiosa indemnización en efectivo y en bonos de deuda italianos, además de una exención impositiva sobre sus bienes y sus ciudadanos, así como la soberanía absoluta sobre las 44 hectáreas que hoy ocupa el Estado Vaticano.
http://www.theguardian.com/world/2013/jan/21/vatican-secret-property-empire-mussolini
A partir de la riqueza recibida de Mussolini, la Iglesia construyó un imperio inmobiliario en Reino Unido, Francia y Suiza, adquiriendo propiedades que tendrían un valor de 800 millones de dólares. Además, según el investigador Avro Manhattan, el Vaticano es un inversionista importante en el emporio bancario de los Rothschild, así como en el Banco Ambrosiano –desaparecido en 1982 en medio de un escándalo mundial–, Credit Suisse, JP Morgan Chase, First National Bank de Nueva York, Bankers Trust Company y otros.
Sus inversiones incluyen también a las mayores trasnacionales, como Gulf Oil, Royal Dutch Shell, General Motors, Betlehem Steel, General Electric, Internacional Business Machines y la extinta aerolínea Trans World Airlines, que llegó a ser la mayor de Estados Unidos.
Existe también una muy extendida versión según la cual el Vaticano es el accionista mayoritario de Beretta, una fabricante de armas italiana considerada la empresa armamentística más antigua que todavía está en activo, pues fue fundada en el siglo XVI. Pero esta versión carece de credibilidad, no sólo porque no existan pruebas documentales –lo que bien podría esconderse mediante prestanombres y maniobras financieras–, sino porque sostiene que Beretta es “la mayor industria de armamentos en el mundo”, cuando el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés) ni siquiera la incluye en su Top 100 de las empresas armamentísticas. SIPRI lleva a cabo un monitoreo constante de la venta y producción de armas en todo el mundo.
Esto no significa que el Vaticano esté exento de relaciones con la industria del armamento. Sólo unos días después de que el Papa Benedicto XVI anunciara su dimisión al pontificado el 11 de abril de 2013, la Comisión Cardenalicia nombró al empresario alemán Ernest von Freyberg presidente del Instituto para las Obras de Religión (OIR, por sus siglas en italiano), conocido como Banco Vaticano. Al momento de su designación, von Freyberg era presidente de la naviera alemana Blohm+Voss, la cual fabrica buques de guerra. Esto no fue negado por el Vaticano, cuyo portavoz, Federico Lombardi, declaró que von Freyberg “es presidente de una naviera que construye barcos en todo el mundo, después lo que introduzcan en los mismos no depende de él”.
La riqueza del Vaticano es completada con sus ingresos fiscales. Pese a que el Estado de la Ciudad del Vaticano sólo tiene alrededor de mil habitantes, cobra impuestos sobre millones de ciudadanos. Esto se debe a que en países como Alemania y Suiza se establecieron convenios entre la Iglesia y el Estado mediante los cuales el Estado cobra un impuesto especial a todos los creyentes católicos y los confiere a la Iglesia.
En Alemania este impuesto “representa entre el 8 y el 10 por ciento del total impositivo que recauda el gobierno alemán”. Para dejar de pagar este impuesto, los ciudadanos deben emprender un trámite legal en el que declaran que han dejado de profesar la fe católica y por lo tanto ya no usan los servicios religiosos ofrecidos por la Iglesia. Además, en países como España cada vez que los contribuyentes hacen su declaración de impuestos pueden marcar una casilla indicando que desean destinar un porcentaje de sus impuestos a la Iglesia –hasta 2006, ésta recibía una asignación directamente del presupuesto español.
Pese a todas estas fuentes de ingresos, la Iglesia Católica recibió la ayuda de patrocinadores para financiar la ceremonia en que se añadieron dos nuevos nombres al santoral.


