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Compartirlo todo… aunque sea casi nada (Bolivia)

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(30 de diciembre, 2013).- Eran las 6 y media de la tarde y fueron los primeros en ingresar. En cuanto se abrió la puerta negra de metal, un niño y dos niñas entraron corriendo, llegaron a su lugar, en una de las esquinas del galpón,  y se tiraron en las payasas que había en el piso.

Sandra, orgullosa, luce su nuevo juguete

Sandra, orgullosa, luce su nuevo juguete

Sandra, de 14 años y con una sonrisa, sacó de una de sus bolsas una caja de cartón rosado que contenía una muñeca. La caja se veía magullada, pero la muñeca aún se encontraba intacta adentro de su paquete que la niña no se atrevía a abrir: así se preserva mejor.

Lucy, de 12 años y Richard de 18 observaron a su hermana y al juguete, intercambiaron miradas con un toque de picardía y se incorporaron al juego, después de una larga jornada de trabajo de más de 12 horas, mientras esperan a su mamá y a sus otros dos hermanos menores.

A la par de los niños, una señora de la tercera edad también ingresa al galpón. Arrastra los pies lentamente y utiliza un bastón improvisado de madera para apoyar todo el peso de los años. Camina al centro de aquel espacio y se acuesta en una de las payasas a descansar, mientras se mezcla con los colores de todos los “bultos” y colchones de paja del lugar.

Puedes leer el reportaje completo con nuestros compañeros de Bolivia 3.0

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