Proyecto Diez / @ProyectoDiez
(21 de mayo, 2014).- Este domingo 18 de mayo se llevó a cabo la elección del presidente nacional del Partido Acción Nacional, en esta contienda salió victorioso Gustavo Madero en contra de Ernesto Cordero. Una misión, que parece imposible de Madero es recoger los pedazos de partido que dejó esta elección; durante la campaña, la guerra de declaraciones entre los dos candidatos fue tan intensa que escaló hasta la guerra sucia el domingo pasado cuando los militantes recibieron mensajes en sus celulares de que la elección se había cancelado; obviamente ambos candidatos se acusaron mutuamente de ser los autores de esa mentira.
Este proceso electoral en el PAN lo deja muy dividido, durante la noche del domingo, mientras Gustavo Madero proclamaba su triunfo, Ernesto Cordero aceptaba su derrota en un lugar muy lejano donde se presentaba la fiesta de los triunfadores. A pesar de los llamados de Madero y de la presidenta del Partido, Cecilia Romero, Cordero no aceptó la invitación para ir a estrechar la mano de Madero y empezar a curar las heridas de la contienda.
El triunfo de Madero le queda bien al PRI y a Enrique Peña Nieto; Gustavo Madero ha sido un aliado indiscutible para Peña Nieto, gracias al Pacto por México, el gobierno de la república impulsó las reformas estructurales, sin el apoyo del PAN, el PRI en el Congreso de la Unión, nunca hubiera impuesto estas reformas que van a causar mucho daño a la población trabajadora en el futuro inmediato. Todavía falta procesar a nivel legislativo las importantes reformas secundarias, en este escenario el PAN, con Madero a la cabeza, seguirá co-gobernando con el PRI. En pocos años, una vez las reformas se asienten y empecemos a ver sus efectos, el PAN tendrá que pagar, junto con el PRI los costos políticos de sus decisiones.
Hasta los propios panistas reconocen que su partido está en una profunda crisis. Esta crisis no es nueva y sus orígenes son bien conocidos. El PAN, una vez que se hizo gobierno empezó su proceso de descomposición; toleraron corrupción, ineficiencia, abuso del poder de muchos de sus militantes que arribaron a un cargo de elección popular. Esta crisis se profundizó, paradójicamente, una vez que ganaron la presidencia de la república en el año 2000 con Vicente Fox. Este presidente pasará a la historia porque traicionó a millones de mexicanos al no haber impulsado un verdadero cambio en el vetusto sistema político mexicano.
A nivel local, hay ejemplos abundantes de panistas que abusaron del encargo público; por ejemplo, la crisis financiera que sufre el Congreso de Jalisco es responsabilidad de panistas como José María Martínez, Jorge Salinas Osornio y por supuesto Alfredo Arguelles Basave. No podemos olvidar a Emilio González Márquez y su cauda de funcionarios que fueron tan corruptos e ineficientes en el uso del dinero público que hasta le regresaron la gubernatura al PRI en la elección pasada de 2012.
Gustavo Madero no tuvo, ni parece que tendrá, el valor o la voluntad política de iniciar una verdadera reestructuración del partido, que incluya una posición clara en contra de sus militantes que abusen del servicio público. Ese sin duda, será el principal reto de Gustavo Madero y al mismo tiempo, la principal arma en contra de sus detractores.

