(1 de enero, 2014).- Dilma Rousseff, presidente de Brasil, cierra el 2013 con altos índices de popularidad debido a su gestión política, pero su tarea mayor se encuentra en el sector económico.
Uno de los retos de su administración es combatir los elevados intereses, en 2011 se ubicaron en 11.25 por ciento, en 2012 se redujeron al 7.25 por ciento, pero al final del 2013 concluyeron en 10 por ciento.
El año pasado, la presidente del país suramericano destituyó a siete ministros relacionados con actos y denuncias de corrupción, pero también en junio del mismo año enfrentó 15 días de protestas multitudinarias en varias ciudades de Brasil, en contra del aumento a la tarifa del transporte y por demandar mayor calidad en los servicios públicos, cediendo ante las demandas de su pueblo.
A diferencia del Ejecutivo Federal mexicano, Rousseff exigió respuestas al gobierno de Estados Unidos, luego de darse a conocer que ella y su gobierno habían sido víctimas de espionaje por este país, tras hacerse públicos los documentos filtrados por el exanalista de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés).
La mandataria canceló su visita de Estado al vecino país del Norte exigiendo explicaciones a la Casa Blanca, además de proponer una resolución contra el espionaje ante la Organización de las Naciones Unidas.
Este 2014 es año de elecciones en Brasil, y Rousseff se perfila como favorita para renovar su mandato, según una encuesta dada a conocer el pasado 30 de noviembre, ella ganaría con un 41 por ciento frente al 24 de Marina Silva y 19 por ciento de José Serra.

