Con Peña Nieto, más progreso para Estados Unidos

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(30 de julio, 2014).- Más claro no podía ser Enrique Peña Nieto: las reformas estructurales promovidas por su administración, “tendrán efectos positivos en la competitividad del país y de América del Norte”, como lo afirmó ante el gobernador de California, Edmund G. Brown. Se asume como parte de Estados Unidos, porque sólo de ese modo podría la oligarquía “mexicana” ser competitiva: con las migajas de las grandes empresas trasnacionales estadounidenses. Lo que le ocurra al resto del país lo deja a las reglas del mercado, que ya sabemos las impone la plutocracia global con una finalidad excluyente, que está creando las condiciones para una catástrofe apocalíptica de alcance mundial.

​Es una paradoja histórica, que en este año 2014, cuando se conmemora el centenario del triunfo de las fuerzas revolucionarias que aniquilaron al ejército del dictador Porfirio Díaz, en la Batalla de Zacatecas, se apuntale el triunfo de la oligarquía y la derrota del pueblo mexicano, el cual a partir de ahora sobrevivirá en condiciones cada vez más dramáticas. Peña Nieto y su camarilla en el Congreso sentaron las bases de la entrega plena del país a inversionistas privados extranjeros, situación que nos coloca a los mexicanos en una situación doblemente desventajosa: ante la oligarquía criolla y ante gobiernos foráneos.

​Claro que se habrá de incrementar el bienestar de América del Norte, con la salvedad de que el pueblo mexicano quedará excluido, porque en la Casa Blanca lo que se tiene previsto es utilizarlo como mano de obra esclava, así lo patentiza el afán del grupo en el poder de mantener los salarios en niveles de sobrevivencia, cada vez más acentuados. No es una exageración decir que, de consumarse los planes de la plutocracia internacional para México, en sólo diez años nuestro país será un territorio con muy altos niveles de subdesarrollo generalizado, como los que se observan en la mayor parte de Centroamérica, con la excepción de Costa Rica, por ahora.

​Peña Nieto pasará a la Historia como el consumador de una traición a la Patria peor que las del pasado, lo que favorecerá a Carlos Salinas de Gortari, porque se olvidará que fue el gran promotor del proyecto entreguista que en este sexenio quedará completo. En una década, México se habrá colapsado totalmente, con resultados impagables en los años venideros. Los niveles de bienestar social descenderán a los que se tenían hace más de un siglo, peores incluso porque el campo no será una alternativa de sobrevivencia, y las grandes urbes se convertirán en un infierno, donde sobrevivirán los más fuertes, los más inescrupulosos, los más decididos a sobrellevar una vida sin incentivo alguno.

​El lema porfirista de Orden y Progreso será el que se imponga a la sociedad, pero con la imposición de un Estado fascista, porque sólo así se garantizará que se cumpla. Habrá orden, impuesto por la fuerza, pero el progreso seguirá siendo sólo para unas cuantas familias, como ya sucede en la actualidad. Por eso es ridículo que ahora Jesús Zambrano, presidente del PRD y uno de los más connotados integrantes de Los Chuchos, quiera aparecer como “defensor” del pueblo. Encabezó un mitin afuera de la Cámara de Diputados en San Lázaro, paraimpulsar la consulta popular en 2015 con el fin de rechazar la reforma energética. Dijo: “Nos dimos cita aquí para dejar en claro a nuestros diputados que no están solos, que cuentan con nuestra solidaridad y apoyo irrestrictos, y para pedirles que no bajen la guardia”.

​Mientras la izquierda no entienda que lo primero que debe hacer, antes de dividirse, es tomar el poder, las cosas en el país no podrán cambiar para bien de las clases mayoritarias. También debe aprender a no perder oportunidades históricas, como sucedió en 1988, cuando en vez de defender el triunfo del Frente Democrático Nacional, sus principales líderes se replegaron por temor a una represión que, vistas las cosas en retrospectiva, pronto se hubiera superado: buena parte de las fuerzas armadas apoyaban al hijo del general Lázaro Cárdenas, y el pueblo estaba convencido de que el grupo en el poder se había robado la elección.

​Fue entonces, hace veintiséis años, cuando se decidió el triunfo de la oligarquía, y peor aún, la derrota de un proyecto nacionalista y democrático que era la única tabla de salvación para un pueblo asediado por el imperialismo ultra reaccionario.

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