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Crónica de un adiós a “Gabo”

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(22 de abril, 2014).-Después de las 16:12 horas, las cenizas del mayor colombiano en la historia, Gabriel García Márquez, arribaron al palacio de las Bellas Artes, lugar en donde miles de personas ya lo esperaban para dar el último adiós al escritor de “100 años de soledad”, quien muriera el pasado 17 de abril en la Ciudad de México.

El escritor y también periodista fue ovacionado, y ahí, por más de tres horas y media, las personas que se dieron cita entregaban flores amarillas en su pasear por el acceso al vestíbulo del recinto, en la que una urna de color vino veía como con libros de su autoría, transitaban entre lágrimas y admiración.

Las guardias de honor, que tuvieron el privilegio de despedirse de García Márquez en primera fila, estuvieron compuestas en primer término por la familia del escritor colombiano. Mercedes Barcha, su viuda, María Cristina García Cepeda, directora del Instituto Nacional de las Bellas Artes (INBA); Rafael Tovar y de Teresa, titular del Comisión Nacional de Cultura (Conaculta); y Gabriel y Rodrigo, hijos de “Gabo”, fueron los primeros de crear un vínculo de respeto al ya fallecido creador de “Macondo”.

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Después del pasar de amigos, personajes públicos, políticos y gente que estuvo cerca de García Márquez, las guardias de honor se detuvieron en punto de las 19:50 horas, mismas que marcaban el arribo del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos y el titular del ejecutivo federal, Enrique Peña Nieto, quienes fueron acompañados por sus esposas y la lluvia que se hacía presente en la ciudad para despedir al escritor del “Coronel no tiene que le escriba”.

Al llegar a la zona donde “Gabo” ya los esperaba, ambos mandatarios saludaron y dieron las condolencias a la viuda de García Márquez, momentos después, en un par de discursos, expresaron el sentir de la partida de un gran escritor, la persona que lo que mejor sabía hacer no era libros, sino amigos, destacaba el presidente Santos.

“Vengo con el corazón adolorido y el alma agradecida, a despedir desde la Ciudad de México en nombre de los más de 47 millones de colombianos, al más grande colombiano de la historia”, decía Juan Manuel Santos en medio de las miradas internacionales que plasmaban el momento, “Gloria eterna a quien más gloria nos ha dado”, finalizaba un presidente colombiano emocionado y orgulloso de su compatriota, de su García Márquez.

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En medio del temor y la expectativa de que pudiera ocurrir con Peña Nieto, el tan criticado y tan gastado de sus errores, -recordar el caso de la confusión de los tres libros que leyó y marcó su vida-, el titular del ejecutivo rindió su discurso, una semblanza de lo que fue García Márquez en la historia de la literatura, misma que recordó que México acogió al periodista como un ciudadano más, lugar que permitió la crianza de su familia y de las historias más importantes de su vida.

Peña no cometió algún error, sin embargo, de todo lo que habló del escritor, resaltó que “para orgullo de México, nuestro país fue el segundo hogar de García Márquez, donde encontró el espacio y la libertad para vivir su vocación y consagrarse en la literatura. Los mexicanos vimos crecer a ese árbol eterno que es García Márquez”.

Al finalizar los discursos, ambos mandatarios realizaron la última guardia de honor, Juan Manuel Santos y Enrique Peña Nieto estuvieron acompañados por los presidentes del Cámaras de Diputados y Senadores, José González Morfín y Raúl Cervantes, del Secretario de Educación, Emilio Chuayffet, del Secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade y el encargado de la oficina de la presidencia, Aurelio Nuño.

Dos minutos y medio después, los mandatarios se despidieron de la urna de las cenizas, mismas que rodeadas de rosas amarillas miraban la entrada de la puerta principal del palacio y que al mismo tiempo, volaban mariposas de papel color amarillo que hacían el momento más especial para los asistentes.

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Al salir Peña y Santos, una promesa más no fue cumplida en el país de los compromisos firmados.

Previamente se informó a los asistentes que esperaran a que concluyera el evento de la presidencia de la Republica y así pudieran pasar quienes en una fila enorme que llegaba al Hemiciclo a Juárez, monumento que está casi a lado del Palacio de Bellas Artes pero separado por la Alameda Central, lograran llegar a García Márquez, pero no fue así, la puertas no abrieron más, y en medio de consignas “Gabo, Gabo” y “México sí, pero sin PRI” el público exigió entrar al recinto, entre mexicanos, colombianos, argentinos y peruanos que se dieron cita a decir adiós a un hombre que escribió: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda para contarla”.

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