Por: Ivonne Acuña Murillo
De aburridas, escasas en propuestas, ridículas incluso han sido calificadas las campañas que precedieron al proceso electoral del domingo 7 de junio. Ni como negarlo, las y los candidatos buscaron la manera de estar presentes en la mente de las y los votantes a través de spots que llamaron la atención por lo colorido del lenguaje, la música pegajosa, los pasitos de baile que, por cierto, no todos dominaban, como en el caso de las “cumbias políticas”, en las que algunos candidatos pretendieron mostrar, con poco éxito, sus dotes dancísticas. Es así que “de pena ajena”, en opinión de muchos, podrían ser juzgadas dichas campañas.
Sin embargo, varias son las lecciones que pueden obtenerse de este proceso, a pesar de que en su conjunto, en efecto, estuvo salpicado de descalificaciones, acusaciones, ofertas pobres y sin explicación del cómo ni cuándo, sobrerregulación por parte del árbitro electoral y paradójicamente violaciones a la legislación electoral, en especial por parte del Partido Verde Ecologista de México, que ante una débil respuesta de las autoridades electorales se encargó una y otra y otra y otra y otra vez de evidenciar esa debilidad.
Primera lección, que aunque en diversas entidades federativas del país se viva en medio de un clima de violencia e inseguridad, las elecciones pueden realizarse a partir de una simple formula: montar un amplio operativo donde los agentes del Estado, entiéndase policías municipales, estatales, federales y el ejército, cuiden de los comicios como si se tratara de una de las tantas batallas que se libran en una guerra.
Segunda lección, ninguna demanda social por legítima que sea entorpecerá un proceso electoral, si antes y después de éste se descalifica a los grupos movilizados tachándolos de ser los “otros rijosos”, los “otros violentos”, los “otros enemigos de la democracia”. Pero, si esto no funciona, cabe el recurso de la promesa incumplida. Se puede “mandar” a un secretario de Estado a ofrecer el aplazamiento “indefinido” de la evaluación docente, o a un gobernador a pactar con los taxistas que ven como competencia desleal a aquellos otros que brindan un servicio más eficiente y ligado a las nuevas tecnologías. Este socorrido procedimiento busca asegurar el llamado voto gremial. Por supuesto, esto debe hacerse unos días antes de las elecciones, para inmediatamente después de realizadas éstas, mandar a los mismos personajes a desdecirse públicamente.
Tercera lección, se deben conseguir autoridades electorales de piel dura e impermeable capaz de resistir todo tipo de críticas al momento de “aplicar” tibiamente la legislación electoral y dejar hacer su voluntad a cada partido, a uno más que a otros, sin importar que violen abiertamente la ley.
Cuarta lección, alentar el nacimiento de nuevos partidos y la participación de candidatos independientes, lo cual permite canalizar el hartazgo ciudadano y el desencanto en torno a la democracia “a la mexicana”, además, y no por ello menor, de contar con la gran virtud de fragmentar el voto opositor. Más aún, permite oxigenar un anquilosado sistema de partidos y una democracia mediocre y restar presión a un sistema y a una clase política que hoy por hoy enfrenta una enorme crisis de legitimidad, credibilidad y confianza.
Quinta lección, aliarse con los principales medios de comunicación para asegurar la cobertura amplia de las propias ideas partidistas, pero sobre todo para contar con múltiples canales que permitan hacer llegar a la ciudadanía, en particular, y a la población, en general: el conjunto de propuestas que de antemano se sabe no se han de cumplir; una visión idílica de país, la cual se aleja cada vez más de la vida cotidiana de millones de personas; las constantes descalificaciones de quien se ha convertido en una fuerte oposición; los “triunfos” de la jornada electoral, etcétera.
Sexta lección, para asegurar la mayoría en las Cámaras, locales y federal, conviene hacer alianzas con partidos pequeños, viejos o de nueva creación, sin importar su orientación política, compromiso social o prestigio público. Esto permite, además, contar con candidatos “verdes y frescos” que presentar a la ciudadanía en caso de que la cara propia no esté muy limpia.
Séptima lección, hacerse de la vista gorda ante la clara injerencia de grupos fácticos en la elección de candidatos y candidatas, como las dos grandes televisoras, el narco, la delincuencia organizada, los empresarios y los que se sumen, vía la violencia, la intimidación, el dinero en las campañas, la compra de votos, los discursos engañosos, las abiertas violaciones a la ley electoral, las prestaciones en especie como la publicidad no pagada, etc.
Octava lección, movilizar a visibles figuras del espectáculo, como el “Piojo” Herrera, Oribe Peralta, Marco Fabián, Gloria Trevi, Andrea Legarreta, Julio César Chávez, Daniel Bisgno, Aleks Syntek, Jorge “El burrro” Van Rankin, Galilea Montijo y otros para que en plena veda electoral, eso sí “a título personal y haciendo uso de su libertad de expresión”, llamen a apoyar al Partido Verde, imponiendo con ello los intereses de las televisoras de que forman parte y del grupo político aliado a éstas.
Novena lección, una vez terminadas las votaciones, se puede comparar el porcentaje de personas que acudieron a votar con el máximo histórico de participación y afirmar, sin ruborizarse, que el hecho de que el 47%, o menos, de los posibles votantes haya acudido a las urnas es todo un triunfo, sin preocuparse por el otro 53% que no lo hizo. Al fin y al cabo en las democracias se gana por un voto. Es decir, el que menos de la mitad de las y los ciudadanos hayan elegido a quienes han de ocupar gubernaturas, delegaciones, presidencias municipales y las cámaras bajas, locales y federal, no llama a reflexionar sobre el nivel y la calidad de la representación.
Décima lección, si todo lo anterior no funciona, bien puede falsearse la verdad y hacer que la realidad se ajuste a las pomposas declaraciones de funcionarios del más alto nivel político, a través de spots, palabras a la nación antes de que termine el proceso electoral, spots glorificando los comicios o discursos minimizando los “incidentes” ocurridos durante la jornada como la quema de casillas, boletas y todo tipo de material electoral. O, y esta lección es de oro, provocando desestabilización y violencia para que las y los votantes no se atrevan a pararse por las casillas y votar, asegurando con ello que el partido con el mayor porcentaje de voto duro gane la elección o, por lo menos, asegure la mayoría en la Cámara de Diputados, a nivel federal.
La receta es sencilla, siga estos simples consejos y con seguridad podrá realizar sus propias elecciones y “felicitarse” públicamente por tan exitoso proceso.

