De itamitas, neoliberalismo y otros cuentos chinos

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Paula Santoyo / @pausaroja

(12 de junio, 2014).- Un fantasma recorre la administración pública de México.En los últimos meses, varias notas periodísticas han señalado que una “mafia itamita” controla el país. Lasacusaciones van desde el acaparamiento de secretarias y el nulo esfuerzo que se requiere para pasar por dicha institución, hasta las intenciones de tener un control absoluto sobre el mercado. Las acusaciones vuelan de un lado a otro, juzgando a todos parejo pues al parecer no hay nadie que se salve del adoctrinamiento de sus aulas.

El problema no es que haya crítica, sino que esta crítica se ha hecho francamente mal. La descalificación burda y maniquea, de personas antes que de ideas, no ha servido ni para poner en evidencia las fallas del pensamiento económico neoliberal ni para cambiar el rumbo de la política económica. De hecho, la crítica ha llegado a estartan mal enfocada que ha acabado alineándose con posturas incluso más neoliberales que las reprobadas.

Por ejemplo, ante una propuesta de ley antimonopolio,The Wall Street Journal y Proceso tacharon al gabinete de neoliberal y en la misma nota lo acusaron de sentirse intelectualmente superior al mercado y querer controlarlo.En medio de sus teorías de la conspiración pasaron por alto que es un contrasentido decir que un neoliberal no confía en los mercados. Peor aún, no alcanzaron a discernir que oponerse a la regulación del Estado no sólo respalda el libre mercado sino que también aprueba la concentración monopólica. A excepción de Azcárraga y Slim dudo que alguien pueda negar el daño que le han hecho los esquemas monopólicos y oligopólicos a este país.

Si señalamientos como el anterior no han causado risa entre los tecnócratas, por lo menos han vuelto las objeciones al pensamiento económico clásico fácilmente descartables. A veces pareciera que los opositores al gobierno se ponen voluntariamente en ridículo para fortalecer el razonamiento neoliberal. Nadie está planteando que debiera aplaudírsele al gabinete o al Banco de México pero se deben hacer los cuestionamientos atinados. El problema no es que el gobierno se sienta“intelectualmente superior” y busque regular los mercados. Lo que debería preocuparnos más bien es queestá actuando en sentido contrario, otorgándole cada vez más poder al mercado y por ende, a los poderes económicos.

En lugar de perder el tiempo con castillos de naipes sobre lo que hace y no hace un itamita promedio ¿Por qué no usar números y argumentos para acabar con la hegemonía del pensamiento neoliberal, exhibiendo la relación entre el poder económico y político o mejor aún, proponiendoteorías y modelos económicos distintos?

Las políticas actuales no han generado el crecimiento económico que se esperaba, y mucho menos una reducción de la desigualdad o la pobreza. El Estado ha argumentado que la solución está en las políticasmicroeconómicas, que supuestamente resolverían las trabas de la economía mexicana: rigidez del mercado laboral, informalidad, falta de competencia y fallas institucionales. Se han ocupado fundamentalmente de acabar con la estabilidad laboral, beneficiar al sector privado y atraer inversión extranjera a cualquier costo.

Las reformas estructurales impulsadas por el gobierno de Enrique Peña Nieto son parte de estas “soluciones microeconómicas”. Medidas para beneficiar a unos cuantos a costa de muchos, con la mejor justificación que existe: crecimiento económico. Cuándo y cómo, quién sabe. Sin embargo, aún si tomáramos el lucro de la iniciativa privada como un mal necesario, la teoría confirma que las reformas no generaran a corto o a largo plazo, mayores tasas de crecimiento.

En Algunas tesis equivocadas sobre el estancamiento económico en México, Jaime Ros señala dos razones por las que seguir la vía microeconómica ha sido un error para alcanzar mayor crecimiento. En primer lugar, Ros advierte que se los economistas buscan incrementar únicamente laproductividad total de los factores (PTF), asumiendo que ésta es independiente de los otros componentes delcrecimiento económico, los factores de trabajo y capital. Por lo tanto, no se modifica el ritmo lento de crecimiento del capital físico, la PTF no aumenta y la economía no crece.

En segundo lugar, al optar por la vía microeconómica se han abandonado herramientas que podrían hacer crecer directamente los factores de la producción. Hoy en día los economistas se limitan a usar la política fiscal y monetaria para mantener la estabilidad macroeconómica, cuando un incremento del gasto público o una reducción en las tasas de interés aplicado con sensatez podría derivar en un crecimiento económico a largo plazo. Los miedos a la inflación y la devaluación son válidos y deben tomarse en cuenta, pero también así el hecho de que si no se incrementa el capital físico y con ello la PTF, no habrá mayores tasas de crecimiento en el futuro.

La administración actual no está en el mejor camino para sacar a la economía mexicana del estancamiento y se pueden hacer múltiples críticas al respecto. Sin embargo, el hecho de que el pensamiento neoliberal sea el que dicte el carácter de la política económica no es algo que pueda cambiarse simplemente descalificando su hegemonía. El neoliberalismo en México responde a corrientes de pensamiento de muchos años atrás, pero también a una poderosa tendencia que desde los tiempos de Reagan y Thatcher buscó abarcar el mundo entero. A esto responde la transformación de las élites al mando de la economía de estudiantes de la UNAM a estudiantes del ITAM.

Si hay algo de que quejarse es que como opositores al neoliberalismo hoy en día no hayamos sido capaces de posicionar una alternativa teórica para disputar la hegemonía del pensamiento económico. Un buen comienzo sería fortalecer opciones educativas distintas al modelo neoclásico impartido por el ITAM y dicho sea de paso, también por universidades públicas como el CIDE.

En estos tiempos de descontento con modelos teóricos clásicos que poco tienen que ver con la realidad –así lo constatan protestas en decenas de universidades alrededor del mundo- es tiempo de desarrollar y difundir otras lecturas y teorías generales acordes al contexto y los aprendizajes históricos. Virar el rumbo de la política económica no está en manos de Wall Street ni del gabinete de Peña Nieto. Recae en quienes le apuesten a construir algo nuevo e irrefutablemente mejor para todos
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