(29 de noviembre, 2014).-El caso de Michael Brown, un afroamericano de 18 años que murió a causa de disparos por parte de la policía en Ferguson, San Luis (Misuri), ha causado gran indignación que desembocó en disturbios, los cuales se han intensificado tras la decisión de un gran jurado de no imputar al policía que disparó contra Brown, Darren Wilson, de 28 años.
El jurado no halló pruebas suficientes para presentar cargos contra el agente, sin embargo, según una encuesta, el 62% de los afroamericanos cree que Wilson es culpable. Familiares de Brown critican que el proceso fuera dirigido por un fiscal blanco de San Luis, hijo de un policía asesinado por un negro.
Como resultado de esto, la desconfianza en el sistema se ha disparado, ha afianzado el sentir de buena parte de la comunidad negra de Ferguson de que es discriminada por la policía y la justicia y ha provocado que las protestas se hayan extendido a otras ciudades de EE UU “La decisión judicial me reafirma en que no me pienso fiar jamás de un policía”, dice Steven, un hombre negro de 60 años.
En esta región, la policía es más percibida como enemiga que aliada y las estadísticas no hacen más que evidenciar un problema nacional donde el 67% de la población de Ferguson es afroamericana pero solo supone el 5,7% de la fuerza policial: un hombre negro tiene seis veces más posibilidades de ser encarcelado que uno blanco, muchos creen que la relación con la policía mejoraría si hubiese más agentes negros y que conocieran la comunidad.
Tras el anuncio del jurado, el presidente de Barack Obama le encargó a, Eric Holder fiscal general, que encuentre medidas para que las prácticas policiales “sean justas y se apliquen con igualdad”.


