
Por: Valentina Pérez
Somos mamíferos, tenemos mamas y amamantamos a nuestros descendientes. Parece una afirmación lógica, incluso tiene una cacofonía involucrada que parece emparentar aún más la liga de palabras que entrelaza nuestra clase animal, nuestra biología y finalmente la acción que nos permite perpetuarnos en el tiempo. Pero no, ahora a pesar de que somos mamíferos, tenemos mamas, las mujeres ya no amamantan ¿Por qué? ¿Cuándo desplazó la fórmula a la leche materna? ¿Qué ha cambiado en la sociedad?
Tiene 23, es su primer hijo y según ella, una historia familiar de malas lecheras. Lo tuvo por cesárea en un hospital público del Distrito Federal. Su bebé quedó al resguardo del cunero y ella se fue a casa sin él. Tenía que ir diario a la clínica a extraerse leche para que después las enfermeras lo pudieran alimentar. Cuando finalmente el bebé llegó a casa no quería mamar; los pezones se agrietaron, salió sangre, el bebé lloraba, ella también y la leche no salía. El pediatra le recomendó fórmula y a las tres semanas el bebé ya sólo se alimentaba de biberón.
¿Qué falló? ¿Era realmente ella una mala lechera? ¿Cuál fue la labor del pediatra? ¿Qué pasó en el hospital? Hay un efecto dominó de errores que han llevado al sistemático fracaso de la lactancia. Las mujeres no confían en su capacidad de amamantar y ni el sistema social ni el personal de salud –médicos y enfermeras- las guía.
El tabú de las tetas
Hace pocos días una mujer en San José de Costa Rica fue expulsada de un centro comercial por amantar a su bebé. En México también se han escuchado denuncias de madres que son sacadas de restaurantes por tener el pecho descubierto y el escozor social aumenta a medida que la edad del bebé avanza. La imagen de una mujer con un bebé succionando el seno genera pudor por la asociación sexual que puede llegar a ocasionar y por la normalización de la idea bebé-biberón y no bebé-teta.
Pero el tabú se entrelaza con desconocimiento y mitos sociales que hacen difícil que penetren los beneficios de la leche materna y agudizan los errores. Se dice que amamantar hace caer los senos, por ejemplo, cuando la edad, la genética y el embarazo en sí –que prepara a los senos para la producción de leche materna- ya han dado su cuota para ayudarle a la gravedad al inevitable final que sufrirá el busto en toda mujer, haya o no tenido hijos.
Dicen, inclusive en centros de salud, que la leche baja después del tercer día y que por eso no se incentiva el contacto inmediato madre-bebé, cuando esto desconoce una de las 10 premisas básicas que hace UNICEF para tener una lactancia exitosa. “Ayudar a las mamás a iniciar la lactancia materna en la primera media hora después de haber dado a luz” porque en esos primeros días y primeros minutos sale el calostro, también es leche, que es indispensable para el desarrollo del bebé y el éxito de la lactancia materna.
Otras mujeres se enfrentan con el mito de no producir suficiente leche, pero como afirma Laura Mandoki, consultora de lactancia, “A mayor succión mayor producción”, la mamá genera por naturaleza toda la leche que el bebé necesita; la baja en producción se puede deber a una mala técnica, a dolor, rabia o cansancio.
¿Por qué la fórmula le ganó ventaja a la leche materna?
La fórmula y el biberón se introdujeron en la vida urbana a partir de la revolución industrial y rápidamente ganaron terreno como símbolo de estatus y mejor alimentación para los bebés. Las compañías farmacéuticas lograron posicionar a la leche artificial como un substituto práctico y suficiente de la leche materna.
El cambio en la composición familiar, madres solteras, la liberación femenina y la entrada de la mujer a la vida laboral, hizo que el miedo en torno a la capacidad de producir leche, conlleve a una natural demora en la salida del líquido, que es interpretada como una reducción en la capacidad de producción, por lo que se recurre al biberón y todos los malentendidos terminan por frustrar la lactancia materna.
Inés Botero Uribe, líder de la liga de la leche en Colombia, sostiene la teoría de que las mujeres a lo largo del tiempo no siempre han optado por amantar, que de hecho “Han remplazado a la nodriza por el biberón”. Antes las mujeres de más alcurnia, explica la doctora, optaban por contratar a una mujer para que se encargara de alimentar a sus bebés pues era un símbolo de clases sociales altas y además eso le permitía evitar el espaciamiento entre hijos, por la amenorrea que causa la lactancia y asegurar así el nacimiento de muchos herederos.
Hoy la fórmula también se posiciona como primera opción para alimentar al bebé a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Academia Americana de Pediatría (APP) recomiendan la lactancia materna exclusiva en los primeros seis meses de vida y de forma complementaria hasta los dos años.
¿Qué pasa con el personal médico?
La Academia Americana de Pediatría (AAP) al tener en cuenta las evidencias probadas de los beneficios para la salud a corto plazo y el impacto a largo plazo que la leche materna le otorga al bebé, considera que la lactancia debe ser abordada como un asunto de salud pública y no como una opción de vida para algunas mamás.
La figura consultora de lactancia, que existe en toda Latinoamérica e incluso en países europeos como España, surge ante el vació de conocimiento del personal médico que orilla a las madres a buscar asesoría externa. Laura Mondoki, quien es consultora en el tema, dice que la mayoría de las madres que asesora llegan “con desinformación; muchos bebés llegan con confusión de succión, el niño se acostumbró al biberón y ya no quiere o no puede tomar del pecho de la mamá, por ejemplo”.
Los problemas parten muchas veces de que en la mayoría de los hospitales, tanto públicos como privados, no promueven la figura del alojamiento compartido –la mamá y el bebé duerman juntos–, pues se ha perdido la fuerza del programa “Hospital amigo de la madre y del niño” y la conciencia médica sobre la importancia de la lactancia materna aún no se ha cosechado lo suficiente.
Ante una mirada rápida de programas de estudio tanto en universidades públicas como privadas se encuentra, por ejemplo, que en la UNAM lactancia materna es una materia optativa dentro de la licenciatura de medicina y en la UAM aparece como parte de la licenciatura de nutrición en un apartado de la materia curricular de “Nutrición, género y salud reproductiva”. La visión soslayada de la enseñanza de la producción de le leche humana, contrasta con la prioridad que tiene esta materia en carreras como medicina veterinaria en la que tanto la UVM, UAM, UNAM y La Salle tienen una materia obligatoria que trata sobre la producción de leche en animales.
¿Por qué las mujeres dejan de amantar?
Una de las principales causas se debe a la falta de apoyo para hacerlo. Amamantar lleva tiempo, consume energía y necesita de disposición; y si a esto se suma la lista de mitos y contraindicaciones tanto de familiares como de médicos, da como resultado la baja tasa de lactancia que padece el país.
A esto se suma que después del mes y medio de licencia de maternidad, muchas mujeres se reincorporan a la vida laboral y el trabajo, a pesar de que por ley las mamás tienen una hora de lactancia asignada, perjudica el propósito. Incluso Monserrat Tostado comparte que “La carencia de un lugar digno para extraer la leche es el problema más frecuente”.
Otro obstáculo común que involucra la relación de la madre con el hecho de amamantar, es el placer que puede llegar a generar. Muchas mujeres, de acuerdo con la doctora Inés Botero “Se excitan al amantar y eso es normal, porque la hormona que permite que la leche baje, la oxitocina –mejor conocida como la hormona del amor- es la misma que se activa cuando tenemos un orgasmo.”
Del pezón al chupón
México es el primer lugar en obesidad infantil a nivel mundial y a pesar del estrés económico que el exceso de sobrepeso y las enfermedades relacionadas generan en el sistema de salud nacional, la lactancia materna, que llega a reducirlo las probabilidades de padecerla hasta en un 27%, de acuerdo a cifras de Wellstart International, no ha recibido mayor atención gubernamental.
La lactancia además de los amplios beneficios que genera en el bebé también beneficia a la mamá, quien reduce sus riesgos de padecer cáncer de ovario y de seno.
No es que la fórmula sea mala en sí, cuadros clínicos específicos necesitan que sus bebés se alimenten de leche artificial para sobrevivir. Tal es el caso de madres cero positivo que no pueden amamantar a sus bebes porque el VIH se trasmite a través de leche materna. El problema es que mamás sanas, con hijos sanos se van del hospital a la casa con ideas erradas sobre su capacidad de producción de leche y todo lo que amamantar implica.
Al tener la información queda la pregunta ¿Pezón o chupón?
Ir a la nota del Mamatón en Costa Rica


