Por: Juan José Solis Delgado / @juanjosesolis
Ilustración: Pe Aguilar / @elesepe1
Cuando Enrique Peña Nieto declaró al periodista León Krauze que la «corrupción» era un tema de índole cultural, en verdad estaba siendo franco consigo mismo y con la opinión pública. Y es que más allá de su impresentable analfabetismo y poca destreza para exponer una sola idea con claridad, EPN no habría podido responder otra cosa que no fuera describir de forma asertiva la manera en que entiende el mundo.
El mundo para el PRI y para el sistema de gobierno mexicano se reduce simplemente a corrupción. Los escándalos de las casas de Peña, Videgaray y Chong son apenas la punta del iceberg, pues también podriamos enunciar la corrupción que caracterizó a los gobiernos de Andrés Granier, Mario Marín, Roberto Madrazo, etc., etc., etc. En realidad, debemos reconocer la corrupción se encuentra básicamente en los niveles macro y micro.
La corrupción macro es aquella que se da entre el gobierno y los empresarios industriales. La corrupción se ha incorporado a la vida económica como parte de la normalidad, los contratistas saben desde un principio que deben considerar los gastos de “mochadas” para que los procesos o consursos prosperen adecuadamente. La regla es saber que entre más jugoso sea el “moche” mayores oportunidades existen de ganar. En ocasiones, empresarios e industriales ni siquiera les interesa conocer las condiciones o lineamientos de las licitaciones, sino en todo caso prefieren tener claridad sobre los alcances del “moche”.
Otro modelo de corrupción, que en meses pasados se dio a conocer con gran precisión a través de la prensa mexicana, es el “moche” legislativo. Nunca como antes, los diputados encontraron en el “diezmo” un mecanismo de reacudación de recursos económicos tan eficiente como expedito. Regidores, presidentes municipales y gobernadores, se han visto obligados a participar de la corrupción regresando el favor en forma de contratos de obra pública o simplemente en especie.
Si bien la corrupción macro es extremadamente escándalosa en tanto se conocen los montos de recursos económicos que se están poniendo en juego, ésta no se acerca en lo más mínimo a la corrupción micro, es decir, a aquella que bajo una lógica de operación hormiga, ocurre en todo momento en funcionarios y autoridades de nivel secundario. Si el sistema político en lo macro dicta que la práctica común es operar con corrupción, porqué el agente de tránsito, la secretaria de la oficina de gobierno o el operador en el verificentro, no lo podrían hacer en lo micro.
Así, pareciera ser que la corrupción se democratiza, pues lo mismo puede corromper el funcionario de alto nivel (por ejemplo el presidente de la República beneficiándose con una casa en las Lomas de Chapultepec por parte de un contratista) como el burócrata de menor escalafón que cobra un “moche” por agilizar el trámite. La corrupción, insisto, se incorpora de forma natural a la vida social y económica.
Ahora bien, pareciera que no hay marcha atrás, pues toda la tubería del sistema político está infectada de corrupción. El reto que enfrentamos como sociedad es precisamente comenzar a desinfectar esa práctica tan nociva, porque sabemos que para que la corrupción permee en todos los estratos sociales se necesita que haya las condiciones adecuadas, como por ejemplo una ley porosa, medios de comunicación secuestrados, periodistas tímidos y serviles y sobretodo una sociedad con poca o nula capacidad de reacción.
La corrupción entonces no es un problema de cultura, sino de estructuta política. Desafortunadamente así está diseñado nuestra sistema político mexicano que desde la fundación de las instituciones siempre estuvo presente la corrupción como una suerte de cimiento que edificó el México moderno con la llegada del primer PRI, lograndos desde entonces hacer funcionar la maquinaria política en favor de las prácticas corruptas y autoritarias.
El alcance de la corrupción ha llegado a tal grado que inclusive preocupa que comencemos a llamarle “la democratización de la corrupcion” pues nada podría ser tan absurdo como ello. Asi, los ciudadanos tendremos que ser creativos y crear mecanismos desde el interior de la propia estructura política que revierta los embates de la corrupción. Al tiempo…
Ecos…
Dos cosas: 1) agradezco a los editores de Revolución Tres Punto Cero por la apertura del espacio. 2) No hay que perder de vista la propuesta de la doble verificación para los automóviles que circulen en las carreteras federales, ahora la propuesta de los priistas se quedó congelada en el legislativo para que no afecte las próximas elecciones del 7 de junio, pero seguro volverá a ser tema a una vez concluido el proceso electoral.

