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Desayuno, almuerzo y comida

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El Toque / @eltoquecom

(9 de junio, 2014).- Dicen los cubanos que en Cuba solo se enfrentan 3 dificultades: el desayuno, el almuerzo y la comida. El precio de la comida es uno de los problemas que más golpea a la población porque sus salarios están muy por debajo del valor estimado de la canasta básica, incluso de los que han recibido aumentos, como en Salud Pública.

La gente no sabe a quién culpar y muchas veces se apunta hacia el campesino sin conocer que él es quien se lleva la menor parte del valor final del producto que consumimos, a pesar de que es quien realiza el trabajo más duro y arriesgado. El periodista de A Fondo René García siguió la ruta de un saco de ají desde el campo hasta la mesa y se encontró con la sorpresa de que el valor creció 20 veces mientras pasaba de mano en mano.

Esa gran cantidad de intermediarios entre los productores y los consumidores son los que verdaderamente se embolsan las mayores ganancias en el negocio de los alimentos.

Son los dueños de tarimas, los tarimeros, los carretilleros y los administradores de agromercados. Descubrimos un submundo que no sospechábamos, en el que una tarima de agromercado se vende a más de U$D 1000 y hay quienes son dueños de varias de ellas. También ocurre algo similar con algunas de las carretillas que circulan vendiendo por la ciudad. En varios de los mercados que visitamos nos explicaron que “para cualquier movida hay que cuadrar con el administrador”. Dicho en otras palabras, si quieres hacer algo ilegal o irregular hay que darle dinero al jefe para que haga la vista gorda.

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Nosotros preguntamos a los consumidores, a un campesino-camionero, a trabajadores del mercado mayorista del Trigal, a vendedores callejeros, de los agromercados y llegamos a conversar hasta con algunos de los especuladores del mercado negro.

Sin lugar a dudas, se trata de un tema complejo en el que no hay soluciones sencillas. Un paso en falso puede regresar a Cuba a una escasez que disparará aún más los precios, una situación similar a la que se vivía antes de la apertura de los mercados agropecuarios en 1994.

Algunos economistas creen que la única salida es aumentar dramáticamente la producción agrícola para que la abundancia de alimentos actúe sobre la ley de oferta y demanda, obligando a los intermediarios a bajar los precios.
Sin embargo, el desarrollo de la agricultura puede tardar aun varios años y la población tiene que alimentarse a diario. La apertura de espacios al mercado es imprescindible pero también se necesitan reglas que impidan la especulación y la usura en torno a la canasta básica.

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