Un grupo de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha logrado un avance significativo para entender cómo surgió el maíz en Mesoamérica. A través del análisis de huesos de animales que vivieron hace miles de años, se ha revelado que el Valle de Tehuacán no siempre fue el entorno árido que conocemos hoy, sino que presentó condiciones climáticas mucho más favorables para los primeros agricultores.

El hallazgo: La clave está en los huesos
Tradicionalmente, se pensaba que el cultivo del maíz en esta región había ocurrido en un ambiente seco y difícil. Sin embargo, nuevos estudios realizados sobre restos de conejos y venados cola blanca, hallados en sitios arqueológicos de la zona, han cambiado esta perspectiva.

Los científicos analizaron la composición química de estos huesos, específicamente mediante una técnica que mide las variantes de elementos como el carbono y el nitrógeno. Los resultados indican que estos animales se alimentaron en un entorno con mayor disponibilidad de agua. Esto sugiere que, hace aproximadamente entre 7,000 y 5,000 años, Tehuacán gozaba de un clima húmedo y estable, lo cual fue fundamental para que las comunidades humanas pudieran experimentar con la domesticación del teocintle (el antepasado silvestre del maíz).
El Valle de Tehuacán ha sido considerado históricamente como la “cuna del maíz” gracias a los trabajos realizados en la década de 1960 por el arqueólogo Richard MacNeish en cuevas como Coxcatlán. Durante décadas, la teoría principal sostenía que el maíz se adaptó a condiciones de escasez de agua.

Con el paso de los años y la llegada de nuevas tecnologías, la trayectoria de esta investigación ha evolucionado:
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Años 60: Descubrimiento de los restos de maíz más antiguos del mundo en cuevas secas.
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Años 90 y 2000: Pruebas de ADN y carbono 14 ajustaron las fechas de domesticación.
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2026: El estudio actual del INAH desplaza el enfoque de las plantas a los animales. Al estudiar la fauna que convivió con los humanos, se obtiene un termómetro exacto del clima de la época, confirmando que la abundancia de agua, y no la sequía, fue el motor de la agricultura temprana.
De acuerdo con la información proporcionada por los investigadores, este hallazgo replantea la historia agrícola de Mesoamérica. Los especialistas del INAH destacan que el éxito de los primeros cultivos no fue un acto de supervivencia extrema en el desierto, sino una respuesta al aprovechamiento de un ecosistema rico y diverso.
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Especies analizadas: Principalmente el conejo silvestre y el venado cola blanca, especies que formaban parte de la dieta básica de los antiguos pobladores.
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Impacto histórico: Este descubrimiento ayuda a entender por qué los grupos nómadas decidieron establecerse en Tehuacán; el valle ofrecía recursos constantes que facilitaron la transición hacia la vida sedentaria.
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Institución responsable: El estudio es liderado por expertos del INAH, quienes continúan analizando muestras de otras cuevas de la región para fortalecer esta teoría climática.
Este avance no solo aclara el pasado de la alimentación en México, sino que también subraya la importancia de la arqueozoología para reconstruir los paisajes que dieron origen a nuestra cultura actual.



