Gerardo Herrera Mendoza / @RHashtag
(07 de marzo, 2014).- Los Lumière presentaron su fábrica, la llegada de un tren, un regador “regado”, entre otra selección de vistas que cautivaron a los presentes. ¿Qué habría sucedido de elegir otros planos? ¿De cambiar la cámara de posición? La historia se cuenta, la pregunta es: ¿desde quién?
Los Lumière presentaron su fábrica, la llegada de un tren, un regador “regado”, entre otra selección de vistas que cautivaron a los presentes. ¿Qué habría sucedido de elegir otros planos? ¿De cambiar la cámara de posición? La historia se cuenta, la pregunta es: ¿desde quién?
En algún salón de París, los hermanos Lumière exhibían por primera vez una serie de vistas que se consiguieron a través de un dispositivo innovador, el perfeccionado cinematógrafo. Apasionados de la fotografía, buscaron los mejores encuadres; presentaron a un centenar de personas un documento de la realidad filtrada a través de sí mismos. El cine, comenzaba como documento de lo real o al menos eso parecía.
Una de las aspiraciones del séptimo arte a través de los años ha sido presentar los hechos tal y como son. Sucede, sin embargo, que al elegir una composición, un tema, ua imagen, hay ya un sesgo, una mirada única que limita.
Los Lumière presentaron su fábrica, la llegada de un tren, un regador “regado”, entre otra selección de vistas que cautivaron a los presentes. ¿Qué habría sucedido de elegir otros planos? ¿De cambiar la cámara de posición? La historia se cuenta, la pregunta es: ¿desde quién?
El documental es un género utilizado ampliamente en la historia no sólo en el ámbito cinematográfico, sus repercusiones de carácter político son vastas y han servido como herramienta principal para ideologizar a sus principales consumidores, los obreros.
Ya sucedía algunos años después de aquella función parisina en la Rusia de Lenin, quien vio en el cinematógrafo el potencial para llegar a la gente, para mostrar los alcances de sus ideas. Eisenstein creó “El acorazado Potemkin”, joya del montaje, tenía una fuerte carga política, obras de ese calibre ideológico bombardearon al público ruso durante años. Se plantó la semilla.
Es, sin embargo, una cineasta alemana la que ocupa un lugar privilegiado en la historia del documental: Leni Riefenstahl. Riefenstahl dirigió durante la ocupación nazi una serie de documentales sobre el führer y las ideas de supremacía Aria. En 1936 recibió la misión de grabar los primeros juegos olímpicos. Leni dispuso de los mejores técnicos para una filmación épica. Nunca antes se habían logrado imágenes tan bellas de la locomoción humana. Algunos planos se consiguieron en cámara lenta, la potencia de algunos deportistas sobrepasaba las maravillosas tomas, músculo, composición: arte.
Riefenstahl exaltaba las capacidades de los atletas alemanes. El documental marchaba a la perfección. Entonces, durante las pruebas de atletismo, apareció él. Estadounidense, negro. Discriminado en su país, James Owens arrancaba como nadie, su zancada era perfecta, pantera rompe récords, no sólo despedazó las marcas que imponían los blancos, rompió con el documento que preparaba la cineasta. Obtuvo cuatro medallas de oro; al correr huía, escapando de las humillaciones en su país natal para levantarles el puño en tierras ajenas. Para estrechar la mano del líder nazi que creía que su raza era superior. Hitler lo saludó. Roosevelt ni siquiera le recibió en la casa blanca.
Owens, fue factor y demostró que el documental dista de ser un reflejo de lo real desde un punto de vista objetivo. Llegó para romper un modelo. El paradigma nazi de la superioridad aria, empero, fue en Estados Unidos, en casa propia, donde su velocidad hizo la diferencia. Olympia se estrenó en dos partes en 1938, innovando técnicamente y mostrando a su vez lo viejas que eran las ideas de superioridad.
Otras olimpiadas fueron el punto de inflexión para la independencia cinematográfica. En 1968 se celebraron en México. Año de suma importancia en la historia reciente de nuestro país, pues fue el germen de un movimiento estudiantil apagado por un partido dictatorial, asesino y sin escrúpulos que se encargó de censurar todo el material capturado durante el dos de octubre. O al menos eso pensaron; sin embargo las imágenes sobrevivieron el paso del tiempo y sirvieron para evidenciar el punto de vista acallado de ese fatídico día.
Sobre la justa deportiva se filmó Olimpiada. Dirigida por Alberto Isaac quien no escatimó en recursos económicos y técnicos. El gobierno deseaba borrar la imagen generada por la masacre y por un instante lo lograron.
Universitarios egresados del recién creado Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), se enfrentaron a un sistema político viejo, se lanzaron a las calles a capturar y mostrar una visión negada: encarcelada. Con equipo ligero retrataron los acontecimientos hasta su punto máximo para dar origen a El grito, documento que funge como relato audiovisual de aquella tarde, narrado desde quienes aparentemente carecían de voz.
La verdadera relevancia del documental está en la idea del montaje. Si la noción de objetividad en el cine es refutada desde el momento de la filmación, resulta claramente desterrada en el proceso de elección y superposición del material.
Todavía más, a la filmación antecede un trabajo de investigación, la captura de las imágenes a veces es precedida por la realización de un guion y, posteriormente, sufre un proceso de eliminación, selección y depuración que delimita su temporalidad. Cada plano tiene una vida, cada plano cuenta, informa, significa. Nosotros como espectadores podemos apreciar lo que eligieron los creadores. Pero ¿qué descartaron?, ¿cuáles son los acontecimientos archivados o, en el caso del filme, enlatados? Imposible saberlo.
Políticamente podemos vivir un momento de decadencia, sin embargo en cuestiones cinematográficas los medios son cada vez más accesibles, los dispositivos técnicos que permiten la captura de imágenes se abaratan poco a poco. ¿Cómo no registrar los eventos? ¿Cómo hacer para no voltear habiendo cámaras por doquier? ¿Qué clase de documental veremos en unos años?, y, más interesante aún: ¿Qué se enlatará? ¿Cuáles serán las omisiones?
A Dulcinea


