(24 de agosto, 2015).- Ante la ola de violencia que se presenta en México por el crimen organizado y la impunidad con que se maneja, el periodista Javier Valdez Cárdenas documenta en su libro Los Huérfanos del narco las historias de dolor, coraje y destrucción de niños que están a la espera de sus padres desaparecidos o muertos.
En su quinto libro Javier Valdez recorrió 10 historias cuyas heridas siguen abiertas y que permiten conocer al lector el dolor, la amargura y tristeza que viven los niños que han perdido a sus padres y madres en la llamada Guerra contra el Narcotráfico.
En Huérfanos del narcos, el autor narra de las historias de niños que viven en las zonas más violentas del país como Sinaloa, Michoacán, Ciudad Juárez y hasta en el Distrito Federal.
“Me metí a los hogares, yo sentí que estaba junto a los niños cuando lloraban bajo sus cobijas, a oscuras y a solas. Y junto a las madres que lo hacen por separado. Ni uno ni otro se dicen que estuvieron llorando, no se lo cuentan” dijo el autor con referencia a las historias que retrata en su nueva obra la cual calificó como la más íntima de su carrera.
Javier Valdez consideró que esta obra le daría un valor agregado a todo lo que había hecho y por ello entrevistó a los niños en presencia de sus madres, para conocer las angustias que viven los menores que se han cansado de esperar a sus padres.
El periodista refiere que los niños que han perdido a sus padres se han vuelto más valientes que el resto de la sociedad, pues han salido a las calles a conocer a personas que padecen este problema y se han reunido en manifestaciones, marchas, caravanas, aunque por dentro están muertos.
El reportero no sólo quiere narrar las historias de los niños que esperan a sus padres, sino también quiere darles voz a los familiares de las víctimas de los desaparecidos, que el gobierno ha querido minimizar, pues no tiene la disposición para atender un problema social.
El autor recuerda en el libro al “Choco”, periodista asesinado en Ciudad Juárez, cuyo caso no ha sido resuelto y ha sido una burla para los familiares, principalmente para su hija, que presenció el homicidio en el vehículo donde viajaba con su padre, por lo que desde entonces se ha encerrado en su mundo para no revivir ese momento.
Asimismo, reconoce que los niños que son víctimas de esta situación están enojados por su circunstancia, aunque no necesariamente con el gobierno o la sociedad y admite que no tienen deseos de venganza en un futuro.


