(8 de junio, 2014).- Normalmente sin tipificarse como parte del crimen organizado, y aun con el pesar de los afectados y diversas organizaciones defensoras del medio ambiente, el ecotráfico deja millones de dólares anualmente a sus operadores, que lejos están de ser únicamente madereros, traficantes y cazadores, pues forman parte de una red bien articulada a nivel mundial, tal como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), lo había advertido tiempo atrás, .
En medio de este escenario, Latinoamérica, por la valía de sus maderas en los bosques tropicales y la fauna exótica que posee, es una mina de oro –literal- para los criminales del ambiente, que además lo contaminan con destrucción, violencia y corrupción.
Aunque el cálculo exacto de dichos ilícitos es difícil, un informe de reciente publicación a cargo de la Global Initiative Against Transnational Organized Crime, estima que del contrabando de maneras se obtienen cerca de 100 mil millones de dólares, la venta de animales 19 mil millones, producto de 350 millones de especies contrabandeadas en el mercado negro.
Entrevistado al respecto por el sitio InSight Crime, Jorge Ríos, jefe del Programa Global (GP, por sus siglas en inglés), dependiente de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), indica que los crímenes ambientales dejaron de ser emergentes y debido a sus características se colocan en la misma categoría que el narcotráfico, venta de armas y trata de personas.
En ese sentido, y para ejercer un mejor combate, el GP divide el ecotráfico en tres fases con sus respectivos operadores: Origen (taladores y cazadores), tránsito (contrabandistas o manufactureros que convierten las materias primas en productos legales), y destino (vendedores, coleccionistas, consumidores y criminales que supervisan la cadena).
Para Bernardo Ortiz, responsable de la oficina Traffic en Sudamérica (grupo que monitoreo el comercio de vida silvestre), es en la etapa de tránsito donde los conocidos grupos criminales se insertan normalmente. “Estos son los mismos tipos que saben cómo llevar cualquier cosa ilegal a través de esos corredores”, explica.
Asimismo, comenta que por ejemplo en Colombia, es significativa la forma en que el ecotráfico se cruza con los otros delitos del crimen organizado. Aunque hay otros países con redes criminales menos complejas donde ambos crímenes convergen, sin descontar los vínculos que existen con grupos armados.
El país cafetero, al igual que Perú, son casos donde narcoparamilitares y guerrilleros, así como grupos terroristas (Sendero Luminoso), cobran cuotas por envíos ilegales u obtienen ganancias por la tala clandestina, respectivamente. A su vez, en Nicaragua hay incluso una mafia de la madera, toda vez que en Honduras grupos armados lucran con la tala en zonas remotas de su territorio.
Sin embargo, Brasil es tal vez el más afectado, ya que han notables asesinatos alrededor de este ilícito. De acuerdo a una investigación de Global Witness, detalla que entre 2002 y 2013, mataron a por lo menos 448 protectores del medio ambiente, la mayoría de los casos estaban vinculados con la tala clandestina y sólo el 1 por ciento recibió una condena. Se cree que los crímenes fueron perpetrados por terratenientes y madereros…


